Portada » Filosofía » David Hume: Empirismo, Escepticismo y Emotivismo Ético
Hume considera que todos los contenidos de la mente humana son percepciones, las cuales pueden ser de dos tipos:
Hume sostiene que la causa de un hecho no puede descubrirse por la razón, sino únicamente por la experiencia. Nos dejamos llevar por la costumbre al establecer una relación de causa-efecto. Si el fenómeno A ocurre antes que el B, solemos decir que A es causa de B; sin embargo, no existe una conexión necesaria demostrable en las cuestiones de hecho.
Hume afirma que no hay ninguna impresión que corresponda a la idea de sustancia, ya que esta no contiene nada sensible; por lo tanto, habría que admitirla como falsa. Esta idea es producida por la imaginación, no siendo más que una colección de ideas simples unificadas por esta facultad. A lo que llamamos conceptos o ideas abstractas son el resultado de una generalización inductiva por la experiencia, por la cual terminamos dando el mismo nombre a todos los objetos en los que encontramos alguna semejanza o similitud.
Una vez rechazada la idea de sustancia, Hume critica los conceptos tradicionales de la metafísica: Dios, alma y mundo.
Esta es la postura que reduce la realidad a un conjunto de fenómenos; lo único real son los fenómenos que percibimos por los sentidos. Esto conduce a un escepticismo moderado, pues Hume defiende que debemos ser escépticos sobre cualquier cuestión que rebase el umbral de la experiencia, como la existencia del mundo, de Dios o del alma.
La existencia de Dios no es demostrable porque no existe una impresión sensible de Él. Hume piensa que el problema de Dios no constituye un verdadero problema filosófico, porque se sitúa más allá de la experiencia y de los límites del conocimiento humano. La actitud más aconsejable es el escepticismo: mantenernos en la duda, entendiendo que las creencias religiosas son precisamente eso, creencias.
Hume considera que el Estado de naturaleza es una ficción filosófica. La familia constituye el núcleo básico de la sociedad, la cual no puede desligarse del ser humano. Existe un deseo natural que obliga a los seres de ambos sexos a unirse y mantenerse vinculados para criar a sus descendientes. No hay un contrato original que fundamente la legitimidad del gobierno, sino únicamente la utilidad que aporta la existencia de tal gobierno en relación con el bien común de todos los ciudadanos.
Hume propone el emotivismo ético como su teoría principal, criticando la orientación racionalista-intelectual tradicional que basaba la moral en la razón. Él afirma que el fundamento de la moral son las pasiones y que la razón es la «esclava» de estas.
El emotivismo no es un relativismo extremo, porque la naturaleza humana es idéntica en todos los seres gracias a dos rasgos comunes:
