Portada » Psicología y Sociología » Competencias Emocionales del Técnico en Integración Social: Fortalezas y Desarrollo Profesional
Mi formación como Técnico/a en Integración Social (TIS) es una gran oportunidad para fortalecer mis competencias emocionales y sociales. A través del aprendizaje teórico y de las prácticas profesionales, puedo aplicar técnicas como la relajación, la gestión emocional y la comunicación no violenta, una estrategia propuesta por Marshall Rosenberg que promueve la expresión de sentimientos y necesidades sin juicios ni agresividad.
Por otra parte, la comunicación, tanto verbal como no verbal, constituye una herramienta básica en el trabajo social. Saber transmitir mensajes con claridad, cuidar el tono de voz, la postura, los gestos y la distancia interpersonal facilita la creación de un clima de confianza.
Finalmente, entre las amenazas identifico el desgaste emocional, el estrés laboral y la ansiedad, comunes en profesiones de ayuda. La exposición continua a problemáticas sociales complejas puede afectar al equilibrio emocional si no se gestionan adecuadamente. La educación emocional se presenta como un proceso permanente que permite adquirir competencias para la vida. Ser consciente de estas amenazas me motiva a fortalecer mis recursos internos. En mi caso, aplicar la educación emocional en mi vida cotidiana me permite mejorar mi bienestar, comprender mejor mis reacciones y acompañar a los demás de forma equilibrada.
El rol de Técnico/a en Integración Social exige un conjunto de competencias personales y profesionales para intervenir con personas y colectivos en riesgo de exclusión. Entre ellas, destacan las siguientes:
La inteligencia emocional es clave para mí, ya que me permite gestionar mis propias emociones mientras acompaño las de los demás, manteniendo la calma ante los conflictos y tomando decisiones éticas sin caer en la sobreimplicación.
Reconozco la importancia de comprender la ansiedad. Conocer sus causas y manifestaciones me ayuda tanto a identificarla en mí como en las personas usuarias, y a aplicar técnicas de respiración, relajación o escucha empática que contribuyan a aliviarla.
La empatía, combinada con la asertividad, constituye otra pieza esencial en mi intervención. La empatía me facilita conectar desde el respeto y la comprensión, fomentando la autoestima y la autonomía de las personas con las que trabajo. A la vez, la asertividad me permite establecer límites sanos y protegerme del desgaste emocional.
Valoro la comunicación como una herramienta imprescindible. Cuidar mi lenguaje verbal y no verbal me ayuda a transmitir seguridad, y aplicar la comunicación no violenta me permite prevenir conflictos, fortalecer vínculos y garantizar un trato digno y respetuoso.
Por último, considero que la educación emocional tiene un papel transformador en mi labor. A través de talleres, dinámicas e intervenciones personalizadas, puedo acompañar a las personas usuarias a reconocer, expresar y regular sus emociones, contribuyendo a su bienestar integral.
En definitiva, mi autoevaluación DAFO me ha permitido entender que el autoconocimiento y la gestión emocional no solo son competencias personales, sino también profesionales, y que ser consciente de mis fortalezas y limitaciones me permitirá ofrecer una intervención más empática, equilibrada y efectiva.
