Portada » Historia » Transformaciones Económicas: De la Primera a la Segunda Revolución Industrial y la Edad de Oro
Durante el siglo XIX se produjeron profundos cambios tecnológicos, destacando la transformación de la base energética. La economía industrial abandonó las fuentes orgánicas del mundo preindustrial y pasó a basarse en el carbón, una energía más potente, regular y flexible, lo que permitió superar las limitaciones energéticas y sostener un crecimiento económico continuo.
El uso del carbón exigió innovaciones técnicas, especialmente la máquina de vapor, perfeccionada por James Watt desde la década de 1780, que se convirtió en el símbolo de la Revolución Industrial inglesa. Esta impulsó la producción textil y favoreció el desarrollo de la industria siderúrgica.
En torno a 1890 comenzó la Segunda Revolución Tecnológica, basada en innovaciones ligadas al progreso científico. Destacaron:
Esto profundizó la industrialización y reforzó el crecimiento de las economías occidentales.
Durante el siglo XIX, la industrialización generó un fuerte crecimiento económico, especialmente en países como el Reino Unido, pero este crecimiento no se tradujo inmediatamente en una mejora del nivel de vida de la población. En las primeras décadas, los indicadores macroeconómicos evolucionaron positivamente, mientras que el bienestar social lo hizo de forma mucho más lenta.
En la primera mitad del siglo, los beneficios del crecimiento se repartieron de manera muy desigual. El capitalismo industrial, basado en un liberalismo económico extremo y en la escasa intervención del Estado, concentró el capital en pocas manos y otorgó un gran poder de negociación a los empresarios, debido a la abundancia de mano de obra y a los bajos salarios.
Las condiciones de trabajo eran duras y la movilidad social limitada, lo que generó una fuerte tensión social y el surgimiento de movimientos obreros como:
El nivel de vida de la clase trabajadora fue bajo durante gran parte del periodo. Los salarios reducidos, el elevado precio de los alimentos y una agricultura aún poco productiva dieron lugar a una alimentación deficiente. A ello se sumaron:
Entre 1945 y 1973 las economías capitalistas avanzadas vivieron una auténtica “edad de oro” del crecimiento, caracterizada por tasas de expansión más altas y estables que en cualquier otro periodo.
La base principal de este crecimiento fue el fuerte aumento de la productividad, ligado al pleno desarrollo de la segunda revolución tecnológica. La generalización del petróleo y la electricidad y el impulso de sectores líderes como la automoción y la química transformaron los procesos productivos, mientras la mano de obra se desplazó hacia sectores más productivos.
Un segundo elemento clave fue el capitalismo coordinado. La mayor intervención del Estado, mediante políticas keynesianas, regulación del mercado laboral y expansión del Estado del bienestar, estabilizó la economía y sostuvo la demanda, evitando crisis profundas y facilitando un crecimiento continuado.
Por último, el nuevo orden económico internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial favoreció la reintegración de las economías capitalistas y creó un entorno propicio para el crecimiento. La combinación de estos factores explica que el periodo 1945-1973 sea considerado una etapa excepcional de crecimiento económico.
Durante el siglo XX corto se produjeron profundos cambios en el patrón de consumo que permitieron a la mayoría de la población superar la escasez y la pobreza. Aunque ya hubo avances en el siglo XIX, es sobre todo tras 1945 cuando las necesidades básicas quedan ampliamente cubiertas y el consumo adicional pasa a considerarse casi una necesidad. John Kenneth Galbraith definió este contexto como el de las “sociedades opulentas”, caracterizadas por la abundancia material en las economías capitalistas avanzadas.
Se consolida la transición nutricional, con mejoras cuantitativas y cualitativas en la alimentación (mayor ingesta calórica, dietas más diversificadas y ricas en proteínas). También mejora la vivienda, cada vez de mayor calidad y más frecuentemente en propiedad, junto con importantes avances en los servicios urbanos (agua potable, alcantarillado, planificación urbana).
La electrificación del hogar impulsa el uso masivo de electrodomésticos y transforma el ocio, mientras que el automóvil se generaliza y modifica profundamente la movilidad y el estilo de vida.
El consumo se masifica tanto técnica como socialmente, gracias a la producción estandarizada de bienes duraderos y a su difusión de arriba abajo en la pirámide social, especialmente durante la edad de oro (1945-1973), etapa de aumento de la renta y reducción de la desigualdad. Este proceso se ve reforzado por la caída de los precios relativos, el ciclo de vida del producto y la publicidad. Paralelamente, mejora la calidad de vida con avances en salud y educación, impulsados por el desarrollo científico y la expansión del Estado del bienestar.
