Portada » Español » La Metamorfosis de Cándido: Impacto de El Dorado en la Filosofía de Voltaire
Para comenzar, es oportuno mencionar que este texto detallará la evolución del personaje de Cándido: cómo era antes de su encuentro con El Dorado y cómo se transformó después. Profundizaremos en detalles literarios e históricos que nos permitirán, como audiencia, ver más allá de una simple novela de Voltaire y comprender las reflexiones íntimas que busca transmitir esta obra.
Inicialmente, Cándido es descrito y presentado como un personaje caricaturesco: un joven ingenuo y crédulo, de alma apacible y sensible, aunque comprometido. Antes de su encuentro con el reino de El Dorado, Cándido es profundamente ingenuo, incapaz de comprender la limitación de su propio mundo.
Voltaire le asocia diversas experiencias al comienzo de la novela que, posteriormente, le ayudarán a darse cuenta de que no existe una realidad única, sino mundos utópicos que él desconoce. Sus características iniciales incluyen:
En esta primera etapa, el autor lo muestra en constante contraste con las ideas de Pangloss, lo que subraya su debilidad psicológica interna.
Al arribar a El Dorado, Cándido y Cacambo se sorprenden ante la abundancia de riquezas, donde el oro y las piedras preciosas son tratadas como basura. Voltaire ilustra esta diferencia de valor con la siguiente cita:
“El maestro del pueblo, con una gran sonrisa, los arrojó al suelo, miró un momento el rostro de Cándido con aire de sorpresa y siguió su marcha.”
El hecho de que el maestro arrojara al suelo lo que para los viajeros eran reliquias demuestra el escaso valor material que estos objetos tenían para los habitantes de El Dorado.
Paradójicamente, Cándido, al encontrarse en El Dorado, se muestra distinto al comienzo de la novela. Ahora, toda oportunidad que sentía oportuna para recoger oro y joyas, la tomaba. Esto se justifica cuando se menciona:
“Los viajeros no dejaron de recoger el oro, los rubíes y las esmeraldas…”
Este comportamiento justifica cómo Cándido comienza a cambiar sus actitudes y formas de ser. Cuando intentan pagar con el oro recogido:
“Cacambo y Cándido pensaron que debían pagar su parte y echaron sobre la mesa del dueño dos de aquellas piezas de oro que habían recogido del suelo…”
Esto nos permite observar cómo Cándido, al aplicar sus viejos valores a la nueva realidad, se muestra incapaz de ver con claridad la realidad utópica en la que está viviendo.
El contacto con el reino utópico genera cambios significativos en Cándido. Ahora, el personaje piensa más, pregunta más y se muestra mucho más escéptico respecto a la perfección de Vestfalia que pregonaba Pangloss. Cándido sostiene que es necesario viajar para aprender, como se evidencia en la reflexión:
“…si nuestro amigo Pangloss hubiera conocido El Dorado, no habría podido afirmar que el castillo de Thunder-ten-tronckh era lo más perfecto de la tierra.”
Voltaire presenta a Cándido desde dos perspectivas antitéticas: antes y después de conocer El Dorado. Una vez que se retira de la ciudad utópica, Cándido utiliza las joyas para enviar a Cacambo a buscar a Cunegunda y comprar su libertad. Este acto representa una gradación ascendente en la resolución de sus dilemas económicos y amorosos.
La euforia del personaje es totalitaria, como se observa cuando:
“…Cándido, eufórico, grababa el nombre de Cunegunda en los árboles.”
Este comportamiento es antitético al del comienzo de la obra. El Dorado, como ciudad utópica, actúa como el catalizador que genera esta división de características en el personaje.
En síntesis, la utilización de recursos literarios como las hipérboles, gradaciones ascendentes, alegorías, metáforas, antítesis e incluso anáforas, ayuda a proporcionar una comprensión efectiva de ambos momentos de Cándido a lo largo de la obra, y cómo El Dorado lo transforma.
Para finalizar, cabe mencionar que Voltaire, a lo largo de la obra, hace referencia a la descripción de Cándido como una prosopografía, ya que tiende a mostrar más las características psicológicas que las morales o físicas.
