Portada » Lengua y literatura » Goya: La maja desnuda, Los fusilamientos del 3 de mayo y La familia de Carlos IV
Fecha: Entre 1795 y 1800
Técnica: Óleo sobre lienzo. 97 x 190 cm.
Ubicación: Museo del Prado
Ver apuntes y comentario de Los fusilamientos del 3 de mayo.
La maja desnuda es la primera figura femenina de la historia de la pintura que muestra el vello púbico, poniendo de manifiesto su originalidad. Sobre ella se ha escrito una ingente cantidad de líneas que no han hecho sino aumentar la incógnita de su realización.
En 1800 aparece citada en el gabinete de Godoy, por lo que sería anterior a esa fecha. Los tonos verdosos y blancos empleados por Goya corresponden a los utilizados en las obras de los últimos años del siglo XVIII, como el retrato de Jovellanos.
Pero ahí no acaban las incógnitas, ya que también desconocemos quién las encargó. Todo hace apuntar a que ambas majas fueron encargadas por Godoy para decorar su despacho junto a la Venus del espejo de Velázquez y otra Venus de la escuela veneciana del siglo XVI, manifestando el gusto del valido de Carlos IV por las pinturas de desnudos femeninos, así como su poder, debido a la persecución que conllevaban estas obras; pero Godoy no tenía nada que temer, pues era el hombre más poderoso del país.
También se apunta la posibilidad legendaria de que la maja sea la duquesa de Alba, a quien Goya estaba estrechamente unido desde que enviudó ésta y se trasladaron juntos a Sanlúcar de Barrameda. Bien es cierto que su rostro no corresponde al de las majas, pero es evidente que los rostros son estereotipados, como ya hacía en los cartones para tapiz, precisamente para que no fuera reconocida.
La postura provocativa de la maja podría incluso sugerir que se trata de una prostituta de alto postín, que se ofrece al mejor postor. La mirada pícara y atrayente puede reforzar esta idea.
Como aspectos técnicos, podemos destacar los siguientes:
La Inquisición mandó comparecer a Goya ante sus tribunales por haber pintado las majas y los Caprichos, pero curiosamente el asunto fue sobreseído gracias a la intervención de un personaje poderoso, quizá el cardenal don Luis de Borbón o, en último término, el propio Fernando VII, con quien el pintor no mantenía muy buenas relaciones, todo sea dicho.
La maja desnuda es la fuente de inspiración de la pose de la Olympia de Manet.
Fecha: 1814
Técnica: Óleo sobre lienzo
Dimensiones: 266 x 345 cm
Ubicación: Museo del Prado, Madrid
Resulta imposible situar a Francisco de Goya en un estilo o movimiento artístico concreto. Vivió la época del Neoclasicismo, pero solo una parte de su obra responde a sus características. Practicó todos los géneros (desde pinturas históricas a retratos de gran penetración psicológica) y dominó todas las técnicas (grabados, cartones para tapices, pintura al fresco…).
Nació en Zaragoza y, tras una breve estancia en Italia y casarse con Josefa Bayeu —de una familia de importantes pintores—, se instala en Madrid. Fue testigo de una etapa convulsa de la historia de España, lo que, junto a su sordera, le hacen vivir en un creciente aislamiento.
La obra fue pintada seis años después de que ocurrieran los acontecimientos que narra. En 1807, España había sido invadida por las tropas de Napoleón. Tras la ocupación del territorio, nombró a su hermano José como rey. Goya vivió la situación de forma contradictoria: él, un hombre partidario del progreso y de la modernidad que llegaban de Francia, no podía estar de acuerdo con la crueldad y las arbitrariedades que acarrea la invasión.
El 2 de mayo de 1808, con las tropas francesas instaladas en Madrid, se produce un incidente en la puerta del Palacio Real que acabó con enfrentamientos entre los soldados de Napoleón y los ciudadanos de Madrid. La venganza del emperador llegó de forma inmediata: el general Murat ordena detener y ejecutar a todos los hombres armados. Al día siguiente, en la colina del Príncipe Pío, se producen más de cuatrocientos fusilamientos. Es el comienzo de la Guerra de la Independencia, que durará cinco años y que terminará con la marcha del ejército francés.
Terminada la guerra, Goya toma este tema para un cuadro destinado, según él, a ilustrar el triunfo contra el tirano. El momento que elige es cuando unos hombres indefensos están siendo aniquilados sin piedad.
Los soldados que disparan sus fusiles son figuras sin rostro que se reconocen por las armas y el uniforme. Frente a ellos, vemos a las víctimas, unas muertas y otras a punto de morir. Destaca la figura del hombre de la camisa blanca, que recibe casi toda la luz del farol cuadrado que hay en el centro. Este hombre, con los brazos extendidos mientras espera la muerte, ha sido visto como una crucifixión moderna.
Entre los soldados y el grupo a punto de ser fusilado, hay condenados que se llevan las manos a la cara por miedo a lo que les espera.
Como recursos técnicos, podemos señalar los siguientes:
Conviene comparar este cuadro con la serie de grabados Los desastres de la guerra. Sin embargo, estos últimos hay que interpretarlos más como un alegato contra la crueldad humana, sin distinguir entre los bandos. La época en que pinta Los desastres es distinta: ha vuelto Fernando VII, ha implantado la monarquía absoluta y se dedica a perseguir a los afrancesados. Goya también está entre los sospechosos; incluso es llamado por la Inquisición para que responda por haber pintado La maja desnuda, considerada una blasfemia.
Para congraciarse con el rey, le hace varios retratos y se ofrece para pintar dos grandes lienzos que simbolicen la tiranía de los invasores: este que comentamos y La carga de los mamelucos, en la que se representa la lucha desigual ocurrida el 2 de mayo entre los poderosos soldados del ejército francés, a caballo y armados con sables, y gente a pie luchando con pequeños cuchillos. Ninguno de los dos fue expuesto en su momento.
Fecha: 1800–1801
Técnica: Óleo sobre lienzo. 228 x 336 cm.
Ubicación: Museo del Prado
Ver apuntes y comentario de Los fusilamientos del 3 de mayo.
El cuadro fue un encargo del propio rey Carlos IV, y lo realizó a partir de esbozos que hizo de cada uno de sus miembros. La gran incógnita que plantea el lienzo es la intencionalidad del artista: ¿quiso retratar a los miembros de la familia real tal y como eran o pretendía caricaturizarlos? ¿O le salió una caricatura cuando pretendía ser fiel a la realidad?
La interpretación crítica de las intenciones de Goya se apoya en el hecho de que, a pesar de ser pintor de cámara, sintonizaba más con los ilustrados que con lo que representaba la monarquía absoluta. Sin embargo, la familia real aceptó el cuadro sin la más mínima objeción.
Tanto el rey, presentado con la energía propia de un rey absoluto, como su hijo y heredero, el futuro Fernando VII, aparecen en primer plano. Tampoco es casual que la reina, conocida por su vanidad y capacidad para la intriga, ocupe el centro de la escena con una actitud casi desafiante.
En un rincón de la escena aparece el propio autor, como un mero espectador.
Podemos observar en el conjunto rasgos típicos del retrato neoclásico: la posición vertical de las figuras y la ausencia de movimiento. Sin embargo, aparecen rasgos novedosos: las formas están centradas en el color y se profundiza en la psicología de los personajes.
Los personajes reales se organizan en tres grupos:
Como elementos técnicos, podemos destacar los siguientes:
Goya siempre admitió que había tenido tres maestros: Velázquez, Rembrandt y la naturaleza. Del pintor sevillano podemos señalar la influencia que pudo recibir para este cuadro de Las Meninas, tanto por la naturalidad de la escena como por el hecho de autorretratarse.
De Rembrandt pudo tomar la técnica del claroscuro. Aunque es más clara en los grabados, aquí está presente en la mitad izquierda del lienzo. La influencia de la naturaleza está presente en la intención realista de Goya, alejada de cualquier artificiosidad o maquillaje.
