Portada » Geografía » Geografía Física de España: Relieve, Clima, Hidrografía y Biodiversidad
La mayor parte del relieve peninsular se configura en torno a un gran bloque central plano de unos 600 m de altura media que ocupa el 45% del solar ibérico y está basculado en su mayor parte hacia el Atlántico: la Meseta Central. Por ello, la Península Ibérica es un espacio de altiplanicies elevadas rodeado de altas cordilleras.
Dichas cordilleras periféricas se relacionan al mismo tiempo con la Meseta y con el contorno peninsular trapezoidal, pues se hallan paralelas a la línea costera (que supone alrededor del 85% de la península, siendo estrecha y recortada sin grandes entrantes, salvo en Galicia), formando barreras naturales que aíslan el centro peninsular tanto para la comunicación como para la influencia climática del mar y las masas de aire.
Además de los relieves circundantes a la Meseta, se diferencian en España otras unidades de relieve relacionadas con ella:
La Meseta es el núcleo primitivo central, un gran macizo elevado en cuyo interior se halla el Sistema Central que la divide en dos partes:
Se trata de relieves paleozoicos resultado de la orogenia herciniana que, durante el Mesozoico, fueron reducidos a penillanuras por la erosión. Posteriormente, la orogenia alpina del Terciario formó las citadas cordilleras individuales más elevadas entre las depresiones mencionadas.
El Sistema Central forma una cadena de 600 km de longitud y de entre 35 y 40 km de anchura, con sierras entre las que destacan Guadarrama, Gredos, Somosierra o Robledal, entre otras. Dichas sierras se formaron en un sistema de horst y graben alternos (bloques elevados y hundidos, respectivamente) por el plegamiento alpino, entre los que se disponen puertos o collados que conectan las submesetas. Se debe destacar la acción y modelado del glaciarismo en las sierras de más de 1500 m, que ha dado forma a los materiales paleozoicos occidentales y mesozoicos orientales.
Los Montes de Toledo presentan 350 km de longitud y una altitud máxima de 1600 m, con cumbres como Guadalupe, San Pedro o Calderina, entre otras. Su formación geológica es similar al Sistema Central, pero con mayor complejidad por presentar relieve apalachense: crestas o plegamientos de cuarcita o materiales duros alternando con depresiones por efecto de la erosión, sedimentación y nuevos plegamientos orogénicos. Destacan los piedemontes por la gran acumulación de rañas o cantos de cuarcitas.
Para terminar con los relieves interiores a la Meseta, se destacan las depresiones y llanuras del interior ya mencionadas, formadas por el hundimiento del zócalo paleozoico y la colmatación posterior de dichas depresiones a finales del Terciario, tras la orogenia alpina. Por ello, apenas han sido modificadas, siendo extensas planicies o llanuras entre las que se alternan cuestas, cerros testigo u oteros de arcillas y margas bajo materiales calizos.
En torno a la Meseta se disponen varios relieves de diferentes altitudes y extensiones que la aíslan de la influencia oceánica, dándole un marcado carácter continentalizado:
El Macizo Galaico forma parte del primitivo zócalo de la Meseta, compuesto por rocas graníticas y metamórficas. Tanto este relieve como los Montes de León son atravesados por redes de fallas de norte a sur, de la costa al interior, ganando altura; y otras fallas transversales que forman las Rías Altas y Bajas que ayudan a la penetración de la influencia marítima en Galicia. Los Montes de León destacan por cumbres por encima de los 2000 m, de materiales paleozoicos hercinianos. Al igual que en el Sistema Central, el glaciarismo ha creado formas únicas como el mayor lago español: Sanabria.
La Cordillera Cantábrica se extiende desde Galicia hasta el País Vasco, a lo largo de 480 km, con altitudes máximas de 1500 m al este y 2600 m al oeste. Es paralela al mar homónimo y presenta gran disimetría: la ladera meridional es más suave que la septentrional, configurando un clima continental en la primera y ríos más rápidos y erosivos en la segunda, así como aislamiento comunicativo.
Dentro de ella se destacan tres zonas:
En el este peninsular se sitúa el Sistema Ibérico que une la anterior cordillera con el Mediterráneo y presenta altitudes máximas en torno a 2300 m, por lo que se ve afectado por el glaciarismo, formando circos y lagos como la Laguna Negra. Su origen se halla en la primitiva inclinación de la Meseta hacia el este y la fuerza del plegamiento alpino que provocó que sus sedimentos erosionados se acumularan sobre el zócalo meseteño paleozoico. El río Jalón, afluente del Ebro, lo divide en dos partes:
El último reborde montañoso es Sierra Morena, de origen paleozoico. Se configura como una flexión alpina del zócalo con una longitud mayor a 400 km y altitud máxima de 1320 m en Sierra Madrona (Ciudad Real), por lo que se podría decir que es una falsa cordillera. En ella destaca el único paso natural: Despeñaperros. Al igual que la Cordillera Cantábrica, destaca por su disimetría entre las laderas norte y sur, pues la septentrional es un escalón más suave que la pronunciada meridional que se ha de salvar para acceder a la Meseta.
Tras los rebordes descritos se disponen varios relieves exteriores a la Meseta Central separados por grandes cuencas o depresiones: la del Guadalquivir al sur y la del Ebro al noreste. Todos ellos se formaron al inicio del Terciario por el plegamiento alpino que provocó la emersión de sedimentos mesozoicos y la colmatación de las fosas alpinas por la erosión.
Al noreste, circundando la Depresión del Ebro, se hallan los Pirineos y la Cordillera Costero-Catalana. El primero ocupa el istmo de unos 435 km entre el Golfo de Vizcaya y el cabo de Creus que une la Península Ibérica al resto del continente europeo. Se trata de una barrera montañosa robusta y compacta dividida en dos zonas: una axial y el llamado Prepirineo.
La Cordillera Costero-Catalana, paralela al mar a lo largo de 250 km y con una altitud máxima de 1700 m, es compleja por su fragmentación transversal y longitudinal: la zona norte es de origen paleozoico, mientras que la sur está formada por sedimentos mesozoicos, ambas plegadas y fracturadas por la orogenia alpina del Terciario.
La Depresión del Ebro es limitada por los Pirineos, la Cordillera Costero-Catalana y el Sistema Ibérico. Su origen se encuentra en un antiguo brazo de mar cerrado al este por el plegamiento alpino, evolucionando a lago y, posteriormente, a río Ebro por la erosión, transporte y sedimentación de materiales de los relieves circundantes. Destacan por su fertilidad en los bordes, con rocas conglomeradas; en cambio, el roquedo está formado por margas o yesos, conocidos como malas tierras o bad lands por ser menos fértiles. Destaca el Delta en la desembocadura del río por su fertilidad debido a la acumulación de los sedimentos transportados desde los relieves citados.
Al sur, la Depresión del Guadalquivir se sitúa entre Sierra Morena y los Sistemas Béticos, siendo una amplia extensión triangular abierta al Océano Atlántico, del que recibe influencia marítima. El río homónimo la recorre adosado a Sierra Morena y desde la Antigüedad es objeto de explotación agraria por su fertilidad; en su desembocadura destacan las marismas que forman el Parque Nacional de Doñana.
Los Sistemas Béticos se yerguen junto a la costa meridional mediterránea, sobrepasando los 3000 m de altura en Sierra Nevada, donde el Mulhacén se erige como el pico más alto de la península con 3479 m. Se extienden desde el Estrecho de Gibraltar hasta el Cabo de la Nao, siendo el sistema montañoso mayor, más largo, complejo geológicamente y joven de la península. Surgió durante la orogenia alpina del Terciario por el choque de la placa africana contra el zócalo meseteño, por lo que se comprimieron los sedimentos mesozoicos del anterior Mar de Thetis (origen del Mediterráneo) y se hundió la región del Guadalquivir convirtiéndola en fosa. El conjunto se prolonga por el mar hacia las Islas Baleares y por el norte de África por el Rif.
Se divide en dos zonas:
Entre la Subbética y la Penibética se sitúa la Depresión o Surco Intrabético, compuesto por una serie de depresiones interiores muy fértiles desde Antequera (Málaga) hasta Baza (Granada) de materiales blandos y muy fértiles.
Alejados de la Península Ibérica, España cuenta con varios relieves insulares de gran relevancia:
En conclusión, tras lo expuesto, es posible percibir la diversidad y correlación del relieve español, a excepción del archipiélago canario por su idiosincrasia magmática, con su núcleo primitivo paleozoico: la Meseta Central. Dicha relación, junto a la descrita disposición y a la generalizada altitud elevada de los relieves peninsulares, provoca un aislamiento del centro peninsular respecto a la influencia climática oceánica, así como a la comunicación litoral-interior. Además, la evolución geológica de la península ha configurado diversos cursos fluviales divididos en tres vertientes diferentes que, junto al relieve y las características litológicas, conforman regiones biogeográficas y aprovechamiento económico humano singulares.
El tiempo atmosférico y el clima son definidos como el estado de la atmósfera en un lugar concreto. El primero se refiere a un tiempo determinado (unos días) y es estudiado por la meteorología; el segundo se refiere a un amplio periodo de tiempo (al menos 30 años) y es estudiado por la climatología.
Para identificar el clima que se da en un lugar, debemos estudiar una serie de factores astronómicos, meteorológicos y geográficos, junto a una serie de elementos, de los que principalmente destacan las temperaturas y las precipitaciones.
En cuanto a los factores del clima, encontramos tres:
Derivados de la latitud, que afecta a los balances o variación de radiación solar; y los movimientos de la Tierra, que producen la sucesión de las estaciones. España se localiza en la zona templada norte, entre 36º y 43ºN.
Son los responsables de los cambios de los movimientos de la atmósfera. El aire se desplaza de las zonas de altas presiones a las zonas de bajas presiones, generando así vientos. En España intervienen de forma independiente:
Son los que se sitúan a nivel de la superficie terrestre, como la configuración del relieve, la distribución de tierras-mares y las corrientes marinas. En cuanto a las temperaturas, son más suaves en las zonas costeras por la acción reguladora del agua; y acerca de las precipitaciones, se producen con mayor asiduidad en las costas que en el interior, pues son poco recortadas y dificultan la entrada de masas de aire húmedas. A ello, también colabora el relieve por la disposición periférica y paralela a la costa.
Los elementos geográficos son principalmente las precipitaciones y las temperaturas.
Son agua procedente de la atmósfera, que se deposita en la Tierra en forma líquida o sólida (lluvia, nieve, granizo o rocío). En España las precipitaciones se caracterizan por un volumen anual modesto, con una gran variabilidad interanual, estacional y espacial que se debe a las distintas latitudes, la cercanía al mar y al relieve, los vientos húmedos y la posición respecto a la circulación general atmosférica. En el mapa pluviométrico se distingue:
Son el grado de calentamiento del aire por la acción de los rayos solares, y varían en función de la latitud, influencia marina y altitud. Es estudiada a través de la temperatura media anual, en la que la latitud es la responsable de que las temperaturas medias aumenten de norte a sur; la influencia marina es la causante de las elevadas temperaturas alcanzadas en la costa; y la altitud y disposición del relieve hacen que los puntos fríos coincidan con las áreas más elevadas de la península. Algo que debemos tener en cuenta son las temperaturas extremas, que pueden causar hasta heladas, y la amplitud térmica, que es la diferencia en grados centígrados del mes más frío y el mes más cálido.
Otros elementos son:
España presenta una gran variedad de tipos climáticos:
El clima del archipiélago canario, en el que las precipitaciones anuales no son muy abundantes y el relieve insular genera considerables contrastes.
En general es un tipo de clima frío, con meses por debajo de los 0º, con precipitaciones abundantes acompañadas de temperaturas medias muy negativas en invierno y muy frescas en verano.
La Hidrografía es la rama de la Geografía Física que estudia las aguas de la superficie terrestre: marinas y continentales. En cambio, la Hidrología estudia las anteriores y las aguas de la atmósfera, por tanto, toda la Hidrosfera.
Por vertiente hidrográfica se entiende al conjunto de cuencas o cursos fluviales que vierten sus aguas al mismo mar u océano. España cuenta con tres vertientes: atlántica, cantábrica y mediterránea, y presenta una serie de características generales:
En España se aprecian tres vertientes diferentes, siendo la atlántica la mayor en extensión:
En relación a la citada adecuación al relieve, está formada por ríos cortos por nacer en cumbres altas cercanas a su desembocadura: el Mar Cantábrico. Por ello, salvan grandes desniveles que les proporcionan fuerza erosiva y velocidad; y son caudalosos por la abundancia y regularidad de las precipitaciones condicionadas por la propia influencia del mar, la exposición a las masas de aire atlánticas y las precipitaciones orográficas.
Presenta ríos desiguales pues, a excepción del Ebro, son cortos con escaso e irregular caudal por las crecidas estacionales y el fortísimo estiaje (épocas de escaso volumen de agua por el estío o verano seco), existiendo cursos: uadis, wadis o ramblas, que solo llevan agua cuando se producen precipitaciones. El Ebro, en cambio, es uno de los ríos más largos y caudalosos de la península, el más caudaloso de España, debido a la gran cantidad de agua que recoge de sus numerosos, y regulares en caudal, afluentes.
En ella desembocan los extensos y largos ríos peninsulares que salvan pendientes suaves, a excepción del Miño que es similar a los cantábricos, por la gran distancia que recorren a través de la Meseta Central desde sus nacimientos en altura al este peninsular y su desembocadura. Son caudalosos por la recogida de agua de sus numerosos afluentes a lo largo de su recorrido, pero su caudal o volumen de agua (medida en m³/s los mayores o L/s los menores) disminuye más cuanto más al sur se dispongan los cursos por las condiciones climáticas: diferencia entre la España septentrional oceánica húmeda y la meridional mediterránea seca. Los ríos que reciben agua de los deshielos de los glaciares en altura o zonas de alta montaña ven atenuados los contrastes estacionales de caudal.
Una cuenca hidrográfica se define como el espacio geográfico o área en la que las aguas de la escorrentía convergen en un curso principal, ya sea un río, lago o mar. El régimen fluvial se entiende como el comportamiento del caudal medio de un río a lo largo del año, comparando el caudal mensual medio con el caudal anual medio. Dicho régimen viene determinado por la procedencia del agua del río:
En la cantábrica destacan ríos de escasa relevancia en comparación a los de las vertientes restantes, como el Besaya, Nalón, Navia, Eo o Bidasoa, ríos cortos y de caudales cercanos o inferiores a 60 m³/s por sus dimensiones. En la atlántica destaca el Miño, y su afluente el Sil, como río gallego por excelencia, con unos 340 km es de los más cortos de esta vertiente, aunque de caudal considerable (340 m³/s aproximadamente).
Estos ríos cantábricos y gallegos se caracterizan por un régimen pluvial oceánico con precipitaciones frecuentes que no causan estiajes ni crecidas, sino caudales regulares.
Siguiendo con las cuencas atlánticas, de norte a sur, atravesando la península:
Son cuencas de régimen pluvial mediterráneo en las que existen dos máximos: uno en otoño principal y otro secundario a finales de invierno-primavera, de forma que solo en el Guadalquivir y Guadiana se podría apreciar cierto estiaje durante los meses de verano. Otros ríos menores y afluentes de estas cuencas pueden presentar un régimen mediterráneo continentalizado en el que la sequía estival es muy pronunciada si no se compensa con la crecida procedente del deshielo de las cumbres altas.
Entre las cuencas mediterráneas destaca el Ebro, principalmente, cuyo caudal es el más elevado del país (600 m³/s) debido a su régimen pluvial en el nacimiento, nivo-pluvial y pluvio-nival de sus afluentes montañosos, pues las precipitaciones son abundantes y el deshielo estacional mantienen su volumen; y es el río español más largo, nace en la Cordillera Cantábrica y en su desembocadura forma el fértil delta homónimo.
Otras cuencas y ríos mediterráneos son el Turia, Júcar y Segura de norte a sur, ejemplos originales de la vertiente por su corta longitud y su reducido caudal debido a un régimen pluvial subtropical, más cuanto más al sur nos situemos, pues la precipitación anual es reducida, mal distribuida en el tiempo y presenta una sequía estival muy pronunciada que se acrecienta por las elevadas temperaturas. Ello causa diferencias de caudal notables entre períodos de máxima y mínima, apareciendo dos estaciones contrapuestas; en la costa almeriense la época de precipitaciones es prácticamente inexistente.
Además, estos ríos presentan un roquedo calizo permeable que forma relieves cársticos y recursos hidrológicos subterráneos extensamente aprovechados para la explotación agrícola en la zona. Otras cuencas a reseñar serían las del Pirineo Oriental, de régimen pluvio-nival, y las del sur peninsular que, como ya se avanzó, suelen formar ramblas o wadis, es decir, cursos que solo llevan agua en los escasos momentos en los que llueve, siendo su régimen pluvial mediterráneo subtropical.
Los regímenes fluviales no solo varían por la cantidad de precipitaciones, sino también por factores geográficos externos a los ríos: físicos y humanos.
Se destaca la regulación de las cuencas con la creación de embalses o trasvases. El ser humano se sirve del agua para numerosas actividades esenciales para la vida, pero también la destina a otros propósitos no tan vitales. En la evolución histórica de nuestro país se aprecia el aprovechamiento del agua desde las construcciones romanas (acueductos y regadíos, por ejemplo) o la cultura árabe del agua para la agricultura.
Pese a ello, el volumen hidrológico no se había visto gravemente amenazado hasta los últimos cuarenta años por el aumento del nivel de vida, el desarrollo industrial y urbano, el aumento de hectáreas dedicadas al regadío, el desarrollo de áreas turísticas y la expansión de segundas residencias que aumentan drásticamente el uso doméstico del agua, la producción de energía eléctrica, la refrigeración de instalaciones energéticas o su utilización recreativa.
España hoy, aproximadamente, consume más de 30 billones de litros, siendo necesario unos 200 litros por persona y día grosso modo. En torno al 67% del total se destina al sector agrícola, el 19% al industrial y energético y el 14% restante al consumo urbano y de hogares.
La necesidad de mantener un volumen de agua disponible para el consumo ha provocado la construcción de embalses en el curso de afluentes que, por lo general, desaguan las altas montañas, permitiendo amortiguar las crecidas de los ríos, crear saltos más altos que produzcan energía eléctrica y favorecer el deslizamiento del agua por canales de riego o abastecimiento urbano.
Los embalses del norte son pequeños por la abundancia y regularidad de los recursos hidrológicos; en las cuencas interiores y centrales sobrepasan las demandas, mientras que las presas mediterráneas sufren cambios irregulares en función de las estaciones de máxima y mínima pluviosidad o incluso las variaciones anuales. Cuanto más al sur, más probabilidad de restricción de agua en años secos, como en el Guadalquivir o en Baleares; por su parte, en Canarias el equilibrio es muy precario.
Para paliar este fenómeno, además de los embalses o presas, se han construido trasvases que permiten conectar cursos fluviales de mayor regularidad con otros de mayor estío, como el Tajo-Segura o el Ebro-Tarragona. Además, se han construido otras infraestructuras para mejorar la calidad del agua: depuradoras de las aguas residuales para disminuir la contaminación procedente de las ciudades o las zonas industrializadas; y las potabilizadoras para tratar el agua con procesos químicos y físicos para mejorar el pH del agua.
En conclusión, pese a la gran cantidad y variedad de cuencas hidrográficas, regímenes fluviales y las características de las vertientes, España presenta un gran problema por el consumo excesivo o sobreexplotación del agua, así como su contaminación por los desechos y vertidos de diferente origen e índole. Por ello, tanto el gobierno nacional como europeo han propulsado diferentes instrumentos e iniciativas de gestión, protección y mantenimiento de las aguas españolas como la Ley de Aguas de 1985, el Plan Hidrológico de 2001 (modificado en 2005) o la Directiva Marco del Agua del año 2000. Con ello no solo se pretende cuidar las cuencas y vertientes hidrográficas, sino todas las zonas costeras, las regiones biogeográficas y ecosistemas acuáticos, así como intentar paliar sequías e inundaciones supervisando la propia acción del ser humano en cuanto al consumo y aprovechamiento directo e indirecto que hace de este bien.
La distribución y diversidad de seres vivos es estudiada por la Biogeografía a partir de datos climáticos, edáficos, hidrológicos y de vegetación principalmente, de forma que profundiza en las relaciones de los seres vivos con el medioambiente.
La vegetación, entendida como la disposición de la flora o conjunto de especies vegetales de un territorio, varía y depende de varios factores físicos y humanos, por lo que se debe distinguir entre cubierta vegetal, la que existe realmente, y la vegetación potencial, la que podría existir en un territorio si no hubiera intervenido el ser humano.
Los diferentes factores mencionados generan un contraste espacial manifestado en diferentes divisiones zonales o reinos biogeográficos, dentro de las cuales se producen modificaciones locales que forman regiones biogeográficas.
España se encuentra dentro del reino Holártico que se divide en once regiones biogeográficas, de las cuales podemos encontrar cuatro en nuestro país: eurosiberiana, mediterránea, macaronésica y la borealpina que afecta a las zonas de elevada altitud. Ello implica una abundante y diversa fauna y flora, pero escasa vegetación potencial por la acción humana.
España es un lugar de convergencia y encrucijada de influencias atlántica, mediterránea, sahariana y europea al que afectan diversos factores físicos, desarrollados a continuación, así como humanos:
De este modo, los ecosistemas mediterráneos presentarían una mayor biodiversidad, sin olvidar las características y factores de diversidad en la región atlántica y la propia idiosincrasia del archipiélago canario: privilegiada situación geográfica que permite la existencia de un elevado número de endemismos (especies que viven en una zona determinada exclusivamente). Además, la influencia africana contribuye a que en el sur peninsular y en el archipiélago canario se desarrollen algunas, escasas, especies propias del continente vecino.
El ser humano también constituye un factor a tener en cuenta en la biodiversidad ya que introduce especies foráneas por su valor económico, causando alteraciones del estado y disposición natural de la vegetación: la natural o potencial se convierte en vegetación secundaria.
La combinación de factores físicos y humanos configuran en España cuatro regiones biogeográficas en las que se distinguen diferentes formaciones vegetales: agrupaciones de plantas que tienen el mismo porte y aspecto (bosques, matorrales y praderas).
Los bosques son formaciones naturales de árboles que, en consonancia con el clima, se le une un sotobosque o matorral formado por matas y arbustos. A estos bosques naturales se les considera vegetación clímax por desarrollarse sin intervención humana. En España se diferencian seis tipos de formaciones vegetales o bosque que crecen en regiones concretas o varias regiones: caducifolio, perennifolio, de coníferas, de montaña, laurisilva canaria y de ribera.
Se sitúa en zonas de gran altura: Pirineos, Cordillera Cantábrica y Sierra Nevada en los Sistemas Béticos, principalmente. En esta región la vegetación se encuentra estratificada en pisos según la altitud y latitud, pero también le afectan factores como la topografía, el tipo de suelo, la orientación (solana al sur y umbría al norte con más humedad), la exposición a vientos (barlovento recibe más precipitación, por tanto, vegetación más abundante que a sotavento) y altitud que produce disminución de temperaturas y aumento de precipitaciones por el efecto Foehn. Además, es importante el estado de las precipitaciones: nieve, niebla y rocío a mayor altura.
A nivel general, encontramos:
Se localiza en la cornisa cantábrica y sectores aislados del Sistema Central y Sistema Ibérico, donde la vegetación es exuberante como corresponde a un clima de temperaturas suaves y precipitaciones abundantes y regulares a lo largo del año. Ello, unido al suelo pobre, permite el desarrollo de un bosque caducifolio que alcanza entre 25 y 30 metros de altura y cuya frondosidad reduce considerablemente el acceso de la luz solar hasta el suelo, dificultando el desarrollo de los estratos arbustivo y herbáceo.
Dentro de esta región se diferencian dos provincias:
Es la más extendida en nuestro país, pues afecta al resto de la península y al archipiélago balear. Su vegetación es perennifolia que, debido a las difíciles condiciones ambientales del clima homónimo, crece muy lentamente, alcanzando su techo al cabo de siglos. Se trata de vegetación adaptada a la sequía estival muy acusada, por lo que ha desarrollado mecanismos para reducir la evapotranspiración, como hojas esclerófilas (pequeñas y de color cobre), y alcanzar la humedad del suelo a través de raíces extensas y profundas.
En su fase de clímax la encina es la especie más representativa: ocupa grandes extensiones de suelos y altitudes de hasta 1000 m en la Submeseta Norte y hasta 2000 m en Sierra Nevada (la Penibética) gracias a su capacidad para resistir temperaturas invernales. Los bosques de encinas mejor conservados se encuentran en Sierra Morena, Extremadura y Guadarrama en el Sistema Central. Al abrigo de la encina, aprovechando el microclima que esta crea, surgen especies arbustivas como el madroño, la coscoja, el lentisco, la jara y gran variedad de plantas aromáticas.
En algunos puntos de este bosque la encina es sustituida por el alcornoque, planta de gran aprovechamiento por su corteza: se obtiene corcho y sirve de colmena. Se caracteriza por necesitar humedad y suelos silíceos por lo que se desarrolla en el suroeste y levante peninsular y algunas zonas de Málaga. Finalmente, el pino es secundario: de rápido crecimiento y aprovechado económicamente de forma extensa; se adapta al frío, calor, humedad y aridez.
El matorral mediterráneo surge de la degradación del bosque homónimo por acción del ser humano y hay tres tipos:
En estas tres regiones se desarrollan también especies pináceas propias del bosque de coníferas que se adaptan, según especies, a condiciones extremas de frío, calor, humedad y aridez. Las coníferas son plantas de frutos, ramas y/o copa cónicos, pequeñas hojas o acículas y escaso sotobosque. Entre sus especies se destacan el abeto, el pino negro, pino silvestre, carrasco, laricio y otras especies como el Pinsapo.
Por último, el pinsapo y los sabinares crecen entre la Cordillera Cantábrica y la Subbética por su capacidad de adaptación a medios difíciles. El primero comparte su espacio con el quejigo y arbustos como espliego o tomillo; en cambio, el segundo, se asocia a los bosques de frondosas y al esclerófilo mediterráneo.
Es propia del archipiélago canario, en el que la variedad litológica y la antigüedad de la flora causan gran diversidad florística y elevada proporción de endemismos debido, principalmente, a la combinación de las influencias de las tres regiones peninsulares con las africanas; además, la insularidad ha fortalecido los caracteres autóctonos.
Teniendo en cuenta la constitución volcánica de las islas, las condiciones climáticas y la presencia de la montaña, particularmente el Teide (la más elevada de España), la vegetación tiende a estratificarse en pisos altitudinales:
Se sitúa en los bordes de los ríos de todas las regiones, donde el suelo se impregna de humedad. En él se desarrolla la vegetación riparia: crece simétrica y en bandas en los márgenes húmedos de los ríos en relación a la necesidad de mayor o menor humedad, por lo que suelen sufrir sus crecidas. Está formada, según la cercanía al agua, por especies como el sauce (cuyas raíces necesitan estar en el agua), el chopo, el álamo, el fresno y el olmo; seguidas por los alisos en posición más marginal por no tolerar la inundación.
En el exterior dominan los chopos y álamos, además de fresnos y olmos, que forman la faja más ancha y externa de la vegetación riparia hasta rebasar el lecho mayor (zona de posible inundación). Los arbustos de las riberas son arraclanes, laureles, majuelos, rosales silvestres, zarzamoras, además de hiedras, madreselvas y lúpulo, junto a otras trepadoras. Hoy se observa gran retroceso de esta vegetación espontánea reduciéndose a sendas líneas de sauces en las márgenes debido a la potencialidad de estas tierras para el cultivo de chopos o álamos para su explotación para obtener embalaje.
Es más que evidente la enorme variedad de seres vivos que hay sobre la Tierra, considerada un bien, por lo que la eliminación de elementos de un ecosistema puede tener consecuencias negativas.
España es un país con gran diversidad biológica: cuenta con unas 10.000 especies de plantas diferentes, lo que supone el 80% de las existentes en la Unión Europea (UE) y casi el 60% de las que hay en todo el continente, de las cuales 6.500 son autóctonas y unas 1.500 endémicas, es decir, son únicas en el mundo.
En cuanto a la fauna, poseemos un total de entre 50.000 y 60.000 especies diferentes que representan el 50% de las existentes en la UE: algunas rapaces como el águila imperial o felinos como el lince ibérico tienen su único hábitat en España; también hay algunas especies en peligro de extinción, como el lagarto gigante de la isla de El Hierro y el pato malvasía corre peligro; y especies vegetales como el drago son muy vulnerables.
Para preservar este legado el territorio español cuenta con espacios protegidos bajo la figura jurídica europea de la Red Natura 2000: aproximadamente el 25% de los más de 12 millones de hectáreas españolas.
Los daños constantes ocasionados a la naturaleza por la actividad humana han generado la extinción de al menos el 40% de la biodiversidad en las últimas décadas. Además, algunas especies invasoras destruyen a otras indefensas que se encuentran al borde de la extinción, causan enfermedades, daños a los cultivos y un sinnúmero de afectaciones para la sociedad. La sociedad presente, de mano de la futura, debe tomar consciencia al respecto para frenarlo y preservar la biodiversidad española.
