Portada » Magisterio » Fundamentos de la Formación Docente y los Agentes Educativos
Resulta evidente que todo profesor educa a través de lo que dice (formación específica + actitudes), pero, sin duda, influye más por lo que hace (formación específica + aptitudes + actitudes) y, sobre todo, por lo que es (aptitudes + actitudes). De aquí se deriva la responsabilidad de esta tarea, así como la necesidad de la formación del profesorado, en todos los niveles y ámbitos, no solo en lo referente a los conocimientos, sino especialmente a las destrezas y actitudes necesarias para desarrollar esta actividad.
No existe una enseñanza aséptica, neutral. Cada profesor está marcado con su modo de entender y vivir la vida, el trabajo que está desarrollando; está animando al aprendizaje o cerrando puertas; colaborando en la consolidación de la autoestima o destruyéndola…
A esta tarea no se puede dedicar cualquiera, y menos con los cambios y exigencias sociales que estamos viviendo. Se exige, cada vez de forma más clara, una profesionalización, que reclama una vocación que, en definitiva, se trata de poseer unas aptitudes y actitudes específicas a desarrollar, no simplemente unos conocimientos para transmitir. Por ello, la educación no es ámbito de trabajo donde cualquiera puede entrar sin mayor calificación. Y esto lo entenderíamos bien si pensáramos realmente en lo que significa educar y la trascendencia que esta acción tiene.
Un profesor que corresponde a las características propias de toda profesión:
Toda profesión tiene marcada de forma clara cuál es su específico de actuación, cuáles son sus tareas y dónde comienza el intrusismo profesional. De qué es responsable, ante lo cual va a saber responder ante la sociedad. En ese ámbito debe saber resolver los distintos problemas que se van planteando, sabe explicar el porqué y el para qué de cada una de sus actuaciones, por lo que muestra ante la sociedad una autoridad incuestionable.
Si hemos defendido la necesidad de un espacio específico y propio de esta profesión, esto va a exigir la necesidad de una formación inicial y permanente específica para desarrollar esta tarea a todo aquel que quiera trabajar en este campo profesional. Es decir, cualquiera no puede llevar a cabo esta tarea apoyándose en el sentido común, en sus propias intuiciones o en su experiencia, sino que es necesario, y cada vez se evidencia más esta necesidad, la formación permanente para acometer esta tarea con éxito.
Ninguna profesión puede satisfacer las demandas sociales y personales con la formación recibida en una preparación inicial más o menos lograda. Los avances sociales, tecnológicos, científicos… están condicionando la marcha de toda profesión, de todo trabajo, por lo que va a exigir a cada uno la constante puesta al día. Esto será, sin duda, uno de los rasgos distintivos de la calidad y autoridad de una profesión: el saber responder, e incluso estar por delante, a las necesidades que la sociedad está planteando, resolver los distintos problemas que surgen ayudando a cada individuo a integrarse en la sociedad que está emergiendo. Saber anticiparse, generar nuevos conocimientos, profundizar en los procesos… son elementos claves de la formación permanente.
Estos derechos están muy relacionados con la imagen social de cada actividad profesional. A mayor imagen social se reconocen también más derechos. Este es en el ámbito educativo un tema sumamente controvertido dado tanto el origen histórico de esta profesión y su evolución, como la necesidad de intervención de múltiples agentes educadores en la formación de cada individuo.
Implica la capacidad para establecer su actividad según los propios criterios. El saber, querer y poder decidir sobre la organización y ejecución de cada una de las fases del proceso educativo. Para poder reclamar esa autonomía es necesario, en primer lugar, la formación en este ámbito. No se pueden reclamar acciones autónomas si no se saben justificar cada una de las decisiones que se van a tomar. Si no se sabe explicar el qué, cómo, por qué, etc. de todo el proceso educativo.
La profesión docente tiene una singular dimensión ética. Dimensión ética que viene reconocida al ser una actividad dirigida a la formación de las personas. Su tarea estriba en la atención y el desarrollo de cada una de las dimensiones de cada individuo, perfiladas siempre por los intereses, problemas y necesidades específicos de cada uno, teniendo presente ante todo que al hablar de educación estamos tratando la libertad de cada educando, en tanto que es agente de su propio proceso educativo y no un simple paciente de una actuación profesional. Por ello podemos asegurar que la ética profesional es la garantía última de nuestro trabajo.
Diferencia la educación formal, no formal e informal, y explica cuál tiene hoy más influencia y por qué.
Actualmente, la educación informal suele considerarse la que ejerce mayor influencia debido a la constante exposición a los medios de comunicación, las redes sociales y las interacciones cotidianas, moldeando actitudes y visiones del mundo de manera continua y no estructurada.
A la hora de concretar nuevos procedimientos didácticos para educar a nuestros alumnos, qué dimensiones de la persona hemos de tener en cuenta y en qué se ha de manifestar.
Las dimensiones de la persona que tenemos que tener en cuenta son:
El principio de educatividad se refiere a la capacidad que posee todo individuo de influir en otros. Todo ser puede enseñar diferentes destrezas y conocimientos a otro, con el fin de ayudarle a solucionar situaciones, conocerse y resolverse a sí mismo.
La presencia e importancia de todo educador radica en su capacidad para transmitir a otros, de forma explícita o implícita, conocimientos necesarios para su mejor desarrollo e integración en el contexto en el que vive.
En este sentido, el educador tiene una sola razón de ser: ayudar, guiar, dirigir… a otros en el logro de su madurez.
La actividad de todo educador debe:
Podríamos llamar a la familia, educadores clásicos porque siempre se les ha reconocido y sigue manteniendo una innegable trascendencia educadora.
La familia es aquella que siempre ha estado en la formación de todo individuo y que, a pesar de todos los cambios sociales e históricos, sigue ejerciendo un papel indiscutible en la formación y consolidación de la personalidad de cada individuo humano.
Son los primeros agentes esenciales en la sociedad y tienen un papel fundamental como educadores, por tanto:
