Portada » Geografía » Flujos turísticos, recursos y planificación territorial: evolución, clasificación y tipologías
Los flujos turísticos se definen como el movimiento de turistas desde un área de origen (emisora) hacia un área de destino (receptora). Constituyen un elemento básico del estudio geográfico del turismo, ya que permiten entender la relación entre la demanda turística y los recursos territoriales.
La evolución de los flujos turísticos depende directamente de la evolución de la actividad turística y de los cambios en la demanda. Conforme cambian las motivaciones y preferencias de los turistas, los flujos se canalizan hacia aquellos destinos que concentran los recursos más demandados en cada momento histórico.
Históricamente, lo que más ha cambiado han sido las áreas de destino, mientras que las áreas de origen se han mantenido relativamente estables durante décadas. Los principales flujos han partido tradicionalmente de los países desarrollados hacia distintos destinos turísticos.
En la actualidad se observa la incorporación de nuevas áreas emisoras, especialmente los países emergentes conocidos como BRICS. Estos nuevos turistas tienden a reproducir los hábitos turísticos de los países desarrollados, por lo que no sustituyen los flujos existentes, sino que los amplían, tanto a escala regional como internacional.
Los flujos turísticos presentan un reparto claramente desigual a escala mundial, pero también a escala regional y nacional. Los flujos mayores continúan procediendo mayoritariamente de los países ricos, mientras que los destinos receptores son cada vez más diversos.
Dentro de estos países ricos, los principales focos emisores son los grandes centros urbanos. La población urbana representa más del 90 % de los turistas, tanto en el turismo nacional como en el internacional. De este modo, las grandes áreas metropolitanas de la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá y Japón alimentan los flujos turísticos principales, con independencia del destino elegido.
Según Lozato-Giotart (1990), los flujos turísticos se pueden clasificar en flujos mayores y flujos menores, en función de su volumen anual de turistas.
Son aquellos que superan los cinco millones de turistas anuales.
Flujos mayores europeos: constituyen el principal sistema turístico mundial, con más de 200 millones de turistas internacionales. Destacan:
Flujos mayores americanos:
Son aquellos que no superan los cinco millones de turistas anuales. Entre ellos destacan:
Tradicionalmente, el estudio de los flujos turísticos se ha realizado distinguiendo entre áreas litorales, áreas rurales o naturales y áreas urbanas. Sin embargo, en la actualidad resulta cada vez más difícil separar estas categorías, ya que las tendencias turísticas actuales tienden a la combinación de varios tipos de recursos.
Por este motivo, resulta más adecuado analizar los flujos turísticos atendiendo también a factores como la distancia en el espacio y en el tiempo, así como a la accesibilidad de los destinos.
Los flujos hacia las áreas litorales, asociados al turismo tradicional de sol y playa, siguen siendo los predominantes. A escala nacional, estos flujos se canalizan principalmente a través de la red de carreteras, mientras que a escala internacional se concentran en destinos bien conectados mediante aeropuertos internacionales. De ahí la importancia estratégica, e incluso la necesidad, de contar con un aeropuerto propio en muchas áreas litorales.
Estos flujos se caracterizan por una fuerte estacionalidad, con una gran concentración espacial y temporal, especialmente durante el verano, lo que puede provocar la sobresaturación de infraestructuras y recursos turísticos, como las playas.
Los flujos turísticos hacia las áreas rurales dependen casi exclusivamente de la proximidad de grandes áreas urbanas, que concentran la mayor parte de la demanda turística.
Se trata de flujos fundamentalmente regionales y nacionales, canalizados a través de la red de carreteras. La cercanía de las áreas emisoras permite un flujo menos concentrado en el tiempo, aunque repetido a lo largo del año, con picos en fines de semana, puentes y vacaciones escolares.
En comparación con los flujos litorales y urbanos, los flujos rurales son minoritarios y dependen en gran medida de la demanda regional, por lo que son especialmente sensibles a las crisis económicas locales y regionales.
Los flujos turísticos asociados a los deportes invernales han aumentado históricamente con la puesta en valor de nuevas áreas de destino. Presentan una concentración temporal y espacial muy acusada, incluso mayor que la del turismo de sol y playa. El acceso a estos destinos se realiza mayoritariamente por vía terrestre.
Tras décadas de crecimiento, actualmente se observa un cierto estancamiento de la demanda, no tanto por los efectos del cambio climático, sino por la competencia de otras formas de turismo rural y urbano.
Los flujos turísticos hacia las áreas urbanas son los más antiguos y constantes desde la aparición del turismo moderno y, en la actualidad, siguen una tendencia claramente positiva.
Las ciudades intentan atraer turistas nacionales e internacionales, ya que estos flujos presentan menos limitaciones espaciales y temporales que los flujos litorales o de montaña. Las áreas metropolitanas más visitadas son, al mismo tiempo, las que generan los flujos emisores más intensos.
La accesibilidad es un factor clave, por lo que contar con un aeropuerto internacional grande y funcional constituye una condición necesaria, aunque no suficiente. En este sentido, los recursos culturales y el patrimonio urbano juegan un papel fundamental en la diferenciación y competencia turística entre las grandes ciudades, dando lugar a un predominio del turismo entre ciudades.
En conclusión, los flujos turísticos reflejan tanto la desigualdad económica y territorial como la evolución de la demanda turística. Aunque los grandes centros urbanos de los países desarrollados continúan siendo las principales áreas emisoras, los destinos receptores se han diversificado notablemente, dando lugar a una mayor complejidad en el estudio de los flujos turísticos a escala mundial.
El análisis de los valores y elementos del territorio permite justificar la vocación turística de un espacio geográfico a diferentes escalas. Los recursos turísticos pueden ser de carácter natural o cultural y rara vez actúan de forma aislada; suelen presentarse como el resultado de la interacción entre factores naturales y humanos.
El patrimonio natural está formado por el conjunto de elementos del medio físico que pueden adquirir valor turístico. Entre ellos destacan el relieve, el clima, las aguas, los bosques y la fauna, que configuran el paisaje natural.
El relieve se comporta como recurso turístico de tres formas:
El clima condiciona la localización de los destinos turísticos y la estacionalidad de la demanda. Climas suaves, estables o con elevada insolación favorecen determinadas modalidades turísticas, mientras que los climas de montaña se asocian al turismo de nieve.
La vegetación y la fauna forman parte de los ecosistemas y constituyen recursos turísticos cuando presentan singularidad, diversidad biológica o valor paisajístico. Tanto los paisajes con abundante cobertura vegetal como los áridos o polares pueden adquirir valor turístico.
El patrimonio cultural forma siempre parte de la actividad turística y puede definirse como el conjunto de elementos que permiten conocer y preservar la memoria histórica y cultural de un territorio.
La ciudad es el fenómeno geográfico que mejor expresa la capacidad humana de ocupar y transformar el territorio. Cada ciudad es el resultado de un proceso histórico y refleja formas de ocupación del espacio y paisajes urbanos con atractivo turístico.
Las ciudades concentran funciones residenciales, económicas, culturales y sociales que generan recursos turísticos específicos. Destaca el turismo de congresos, apoyado en infraestructuras como auditorios, palacios de congresos y centros culturales.
Las zonas verdes urbanas pueden convertirse en recursos turísticos cuando combinan vegetación, entornos hídricos, espacios de paseo, elementos históricos y servicios. Ejemplos destacados son los jardines franceses racionales y los jardines ingleses orgánicos.
Los recursos culturales se clasifican en patrimonio histórico‑artístico, manifestaciones socioculturales y equipamientos culturales. Estos recursos permiten diversificar la oferta turística y refuerzan la identidad territorial.
El territorio es el espacio geográfico adscrito a una comunidad, a un grupo humano o a un ente de cualquier naturaleza, tanto física como inmaterial. No debe entenderse únicamente como un soporte natural, sino como el resultado de la interacción entre los elementos del medio natural y las actividades humanas desarrolladas sobre él a lo largo del tiempo.
El medio geográfico está formado por elementos naturales como el relieve, el clima, la hidrografía, la vegetación y la fauna, y por elementos derivados de la acción humana. Esta combinación da lugar a paisajes y formas de ocupación del territorio que pueden adquirir valor patrimonial y turístico.
Los elementos del medio natural condicionan la ocupación y el uso del territorio. Entre ellos destacan el relieve, el clima, las aguas, la vegetación y la fauna. Estos factores influyen directamente en las posibilidades de desarrollo de actividades humanas y turísticas.
Por otro lado, las actividades humanas han transformado el territorio a través de la dinámica histórica, la creación de infraestructuras, los asentamientos de población, la utilización del suelo y el desarrollo de actividades económicas. Se incluyen aquí las actividades agropecuarias, industriales y terciarias, la red de comunicaciones y los distintos usos del suelo, lo que genera paisajes humanizados con valor patrimonial.
El patrimonio territorial engloba el conjunto de valores naturales, culturales e inmateriales presentes en un territorio como resultado de su evolución histórica. Estos valores constituyen una herencia colectiva que define la identidad del territorio y puede convertirse en un recurso para el desarrollo turístico.
El patrimonio implica costes relacionados con su conservación y protección. La conservación corresponde al propietario del bien, ya sea público o privado, mientras que la protección es competencia del Estado y de las Comunidades Autónomas. Organismos como la UNESCO no tienen capacidad directa de protección, pero sí ejercen una función de reconocimiento y de presión internacional.
No todo patrimonio es automáticamente un recurso turístico. Para que un elemento patrimonial se convierta en recurso turístico debe pasar por un proceso que incluye su investigación científica, su divulgación, la evaluación de su potencial turístico y su explotación efectiva. Este proceso transforma el patrimonio en recurso turístico y, posteriormente, en atracción turística, permitiendo su integración en la actividad turística de un territorio.
El producto turístico se define como el conjunto de servicios turísticos que permiten satisfacer las necesidades del turista tanto durante el desplazamiento como en el destino. Aunque se denomina producto, en realidad se trata de servicios: transporte, alojamiento, restauración, visitas guiadas y otros servicios complementarios.
La cadena de valor turístico explica el proceso mediante el cual un elemento patrimonial se transforma en producto turístico, integrando patrimonio, recurso, atracción turística y servicios turísticos.
El turismo constituye un uso más del territorio y debe integrarse dentro de la planificación territorial. Para ello se realiza un estudio territorial que incluye la definición del ámbito del plan, el diseño de las escalas de trabajo y la recogida de información sobre el medio físico, la población, las actividades productivas, el sistema de asentamientos y los aspectos normativos. A partir de este estudio se elabora un diagnóstico territorial que permite evaluar la potencialidad turística del territorio, las afecciones normativas del suelo y los problemas vinculados a la población y a sus actividades.
La planificación territorial incluye la definición de objetivos, la generación y evaluación de alternativas, la selección de la alternativa más adecuada y su posterior ejecución y revisión. Este proceso permite integrar el turismo dentro de un modelo de desarrollo territorial equilibrado y sostenible, basado en el aprovechamiento del patrimonio territorial.
El territorio puede funcionar como recurso turístico en función de sus características. Se distinguen los espacios rurales y naturales, los espacios litorales e insulares y los espacios urbanos. Este tema se centra en los espacios rurales y naturales.
El espacio rural presenta una gran heterogeneidad y una definición compleja. Tradicionalmente se ha caracterizado por una baja densidad de población y el predominio de actividades agrarias, aunque actualmente incorpora funciones urbanas.
El medio rural presenta estructuras demográficas frágiles: envejecimiento, baja densidad, bajo nivel formativo, actividad económica poco diversificada, aislamiento territorial y escasez de infraestructuras y servicios.
El turismo rural es la actividad turística que se desarrolla en el medio rural y cuya motivación principal es la búsqueda de descanso, el contacto con la naturaleza, la cultura tradicional y la huida de la masificación.
El turismo rural se caracteriza por su integración con el resto de actividades económicas, el alojamiento de pequeña dimensión, la rehabilitación del patrimonio construido, el contacto directo con la población local y la implicación de esta en la gestión turística.
Las principales motivaciones son la búsqueda de tranquilidad, el contacto con la naturaleza, el rechazo del turismo de masas, el consumo de productos locales y la realización de actividades al aire libre.
Dentro del turismo rural se incluyen:
Los Espacios Naturales Protegidos son áreas con valores naturales singulares cuyo objetivo principal es la protección y conservación, aunque actúan como focos de atracción turística.
El turismo rural se integra en políticas de desarrollo local como LEADER, PRODER y Agenda 21, orientadas a la creación de empleo, la fijación de población y la diversificación económica del medio rural.
