Portada » Español » Estrategia Militar, Terrorismo y el Poder de la Propaganda en Conflictos Bélicos
La relación entre estos tres elementos de la acción bélica es jerárquica y dialéctica. En efecto, desde el punto de vista decisional, las capacidades logísticas condicionan la planificación estratégica y esta, a su vez, impone la táctica más adecuada. Sin embargo, desde la perspectiva operativa, la logística queda supeditada a las exigencias tácticas que se ejecutan siguiendo las directrices estratégicas.
La adecuada comprensión de los aspectos esenciales de estos tres elementos del conflicto bélico, así como de la dependencia que existe entre los aspectos políticos y militares de la guerra, constituyen el núcleo del estudio que debe realizar el especialista de las relaciones internacionales para poder establecer los rasgos generales de cada una de las diversas categorías de conflictos bélicos.
Para conocer y comprender muchos de los aspectos «técnicos» de las modernas estrategias y tácticas bélicas, es obligatorio trascender el estrecho marco teórico que imponen las interpretaciones del estratega. Ello solo puede lograrse situando tales interpretaciones como parte de un esquema o modelo teórico que incorpore los aspectos políticos, ideológicos y socioeconómicos, en el plano interno e internacional, que toda contienda bélica comporta.
La Guerra Subversiva es una forma de guerra interna o civil en la que una de las partes beligerantes es un grupo social (no estatal) organizado, cuya finalidad es la modificación del sistema político y el cambio de las estructuras económicas y sociales del país.
Mao Zedong estableció tres etapas estratégicas por las que discurre toda guerra subversiva:
Tres premisas fundamentales del Che Guevara que sustentan su doctrina en el contexto latinoamericano:
Guevara distingue dos tipos de guerrilla:
Guevara destaca el sabotaje y el terrorismo como formas de la lucha armada, considerándolos instrumentos tácticos siempre que estén justificados.
Para la aplicación de la guerrilla rural, se establecen los siguientes requisitos:
De la guerrilla subversiva, el conflicto armado más proliferado es el terrorismo. Adquirió cotas importantes en el siglo XIX y en el periodo de entreguerras. Siempre se le considera en términos tácticos y con carácter selectivo hacia objetos representativos del régimen político dominante en el país, y solo accidental o excepcionalmente atacará contra la población.
Así pues, nos referimos a terrorismo a una serie de fenómenos caracterizados todos por su dimensión conflictiva y violenta.
Podemos definir el terrorismo como una estrategia de relación política basada en el uso de la violencia y de las amenazas de violencia por un grupo organizado, con objeto de inducir un sentimiento de terror o inseguridad extrema en una colectividad humana no beligerante y facilitar así el logro de sus demandas.
Los medios de comunicación juegan un papel muy importante a la hora de hacerse eco del terrorismo, por ello surgen dos corrientes sobre el papel que desempeñan los medios.
La primera corriente sostiene: «Los medios son los mejores amigos del terrorismo. El acto terrorista por sí mismo no es nada, la publicidad lo es todo». La principal conclusión que extraen los defensores de esta teoría es que, en la medida en que se impongan restricciones legales a los medios de comunicación para informar sobre los grupos y actividades terroristas, se estará contribuyendo de modo decisivo a facilitar la estrategia antiterrorista que desarrollan las fuerzas policiales y judiciales, al privar a aquellos de su principal fuente de poder político. De este modo se pretenden justificar, siempre con criterios de excepcionalidad que después en la práctica se convierten fácilmente en habituales, importantes restricciones a las libertades de expresión e información que imperan en las sociedades democráticas.
La segunda corriente parte de la idea de que el terrorismo no atribuye un papel único y constante a los medios de comunicación en su estrategia operativa. La mayor o menor importancia que los terroristas conceden a la publicidad depende de las características organizativas, ideológicas, programáticas y operativas de cada grupo.
Desde esta perspectiva, surge una imperiosa necesidad de profundizar en el conocimiento de cada organización terrorista, su estrategia y sus tácticas, para poder determinar unos criterios informativos claros y precisos que, salvaguardando la libertad de información, eviten o, al menos, reduzcan las oportunidades de una involuntaria propaganda terrorista. Se trata, en definitiva, de informar de modo riguroso sobre el terrorismo, eludiendo toda noticia sensacionalista y ateniéndose a unos códigos deontológicos que establezcan los límites, éticos y prácticos, del ejercicio profesional de los periodistas. Esta corriente doctrinal parece mucho más concordante con la realidad y, desde luego, con las exigencias de una sociedad democrática.
Durante toda la historia del terrorismo, los Estados han intentado crear diversos tratados y manifiestos en contra del terrorismo, para poder erradicarlo o al menos minimizarlo.
Los primeros pasos hacia la adopción de unas medidas normativas de alcance universal contra el terrorismo internacional se formularon durante el periodo de entreguerras en el marco de la Sociedad de Naciones. En efecto, como respuesta al impacto que había creado el asesinato en Marsella del rey Alejandro de Yugoslavia y del Ministro de Asuntos Exteriores francés Louis Barthou, en 1934, los países de la Sociedad de Naciones aprobaron el 15 de noviembre de 1937 dos importantes convenciones:
Ambas convenciones nunca entraron en vigor por la falta de las ratificaciones necesarias, demostrándose con ello que el principal obstáculo en la coordinación internacional antiterrorista radicaba en la ausencia de una auténtica voluntad política de los Estados para acabar con este fenómeno.
En 1972, durante el Vigésimo séptimo periodo de sesiones de las Naciones Unidas, el Secretario General, Kurt Waldheim, solicitó el tratamiento por la Asamblea General de las medidas que evitasen el terrorismo y otras formas de violencia que provocan víctimas inocentes. No obstante, y a petición de numerosos países del bloque comunista y del Tercer Mundo, la Resolución 3034 (XXVII) del 18 de diciembre de 1972 incorporó en su enunciado una expresa referencia sobre la necesidad de investigar las causas del terrorismo. De esta reunión se creó una comisión de 35 estados que velaban por la seguridad internacional.
Más tarde se llegaron a más acuerdos internacionales como el Convenio sobre la prevención y represión de los actos de terrorismo en EE. UU. en 1971 o la Convención Europea para la represión del terrorismo en 1977.
Hay que señalar que las bases están puestas, pero es muy difícil seguirlas a rajatabla, ya que la persecución policial y la competencia jurisdiccional hacia los terroristas es competencia estatal, es decir, cada Estado tiene una forma de juzgar a los terroristas.
Aunque es cierto que hay dos organismos policiales para intentar capturarlos, como lo son la Interpol y la Europol.
En el mundo en que vivimos, la transmisión de información gracias a las telecomunicaciones posee un carácter global e inmediato que se ve reforzado por el importante papel de los medios de comunicación de masas.
En el Congreso de Viena de 1815 se puede establecer el nacimiento de las relaciones internacionales, pudiendo distinguir el bloque europeo, el imperio turco, el chino y el área americana.
Con el surgimiento y asentamiento de la sociedad de masas se desarrollan los medios de comunicación social.
En un principio, los periódicos dominan el panorama informativo y surgen las primeras agencias de noticias que se reparten el mercado mundial:
Associated Press consiguió la distribución de América a cambio de renunciar a Europa y Sudamérica.
En el periodo de entreguerras se producen avances tecnológicos que son incorporados y refuerzan la diplomacia y la propaganda. El Estado se convierte en uno de los principales productores y usuarios de comunicación social.
Tras la II Guerra Mundial se distinguen tres doctrinas:
En la posguerra se produce una reorganización:
El protagonismo de la radio durante la primera mitad de siglo dejó paso a la televisión, que se posicionó como medio de referencia al sintetizar las ventajas de la radio y el cine con unos costes de producción y distribución más bajos.
Surge la comunicación nacional en países pobres como una forma de resistencia a las aspiraciones hegemónicas de la comunicación internacional sustentada por los países ricos.
Es un proceso de cambio por el que una sociedad experimenta progresos en sus condiciones políticas, económicas y culturales originarias debido a la influencia de otros países.
Este proceso no siempre conduce a la modernización y desarrollo de sociedades tradicionales, pues puede llegar a producir el efecto contrario.
La propaganda es la manipulación deliberada de la información con la intención de incidir en las actividades y opiniones de ciertos públicos y que estas se adecuen a los objetivos del propagandista.
Es deliberada, parcial, selectiva y condicionante. La publicidad es su forma más común.
La manipulación puede ser de índole racional, cuasi-racional o emocional (esta última, mucho más efectiva).
La propaganda, según su temática y público al que va dirigida, puede ser:
Teniendo en cuenta las fuentes y su identificación, distinguimos entre:
En función de la intencionalidad, podemos diferenciar entre:
El principal objetivo del uso de información es reforzar la estrategia y táctica militar propia (inteligencia militar), mientras se debilitan las del enemigo (contrainteligencia). También existe la inteligencia civil: información sobre el conflicto destinada a la opinión pública y los gobiernos.
En cuanto a la propaganda en el conflicto, cabe distinguir entre:
En la propaganda sobre el conflicto hay tres estrategias:
La difusión de noticias falsas como veraces se sustenta en la falta de autenticidad de las fuentes, la poca fiabilidad en los contenidos y la selección de los medios de comunicación que van a difundir dicha noticia.
Existe otra forma de propaganda, sutil y efectiva, denominada apagón informativo, que consiste en silenciar la información sobre un conflicto para que la opinión pública se centre en otros temas.
La Guerra de Vietnam es la contienda bélica más importante desde el punto de vista informativo y propagandístico, debido en gran medida al importante papel que tuvo la televisión como medio de difusión.
