Portada » Educación Artística » El Impresionismo: Orígenes, Técnicas y Maestros de la Luz en la Pintura Moderna
El Impresionismo surgió con el objetivo primordial de captar el instante fugaz mediante el uso de toques cromáticos vibrantes y la exploración de las variaciones de la luz.
La irrupción de la fotografía transformó la manera en que los pintores percibían el mundo. En esta tradición pictórica destacaron figuras como Monet, Pissarro, Sisley, Renoir, entre otros.
Artistas como Delacroix (aunque cronológicamente anterior, su influencia en el color es notable) realizaron un uso sorprendente de los contrastes entre colores complementarios, abandonando progresivamente los tonos terrosos tradicionales. La técnica se centró en:
La técnica pictórica se caracterizó por:
Pinceladas cortas y yuxtapuestas que eliminaban la nitidez contorneada. Se observaban relaciones cromáticas específicas, como:
Esta técnica, rápida, única e irrepetible, buscaba una luminosidad natural.
Edouard Manet es considerado un antecedente directo y precursor del movimiento impresionista. Innovó un arte que se despegó de la tradición académica, siendo visto como uno de los fundadores del arte moderno.
Manet llegó a ser copista en el Louvre, estudiando obras de Tiziano, Rembrandt, Goya, Delacroix y otros maestros. Su obra se mueve entre el naturalismo y el postimpresionismo.
Entre sus primeras obras se encuentran:
Sus obras más famosas son Almuerzo sobre la hierba y El bar del Folies Bergère (1882). Manet destacó por su tratamiento del color, el modelado, la perspectiva y la actualización de los temas de la vida cotidiana, en paralelo con el pensamiento progresista de la época.
El movimiento impresionista se formalizó alrededor del año 1874, cuando un grupo de artistas fundó una sociedad anónima de pintores, escultores y grabadores. Compartían un desprecio por el arte tradicional oficial y el hecho de haber sido rechazados por el jurado del SALON.
El grupo inicial se componía de Monet, Renoir, Degas, Pissarro, Sisley y Morisot.
El 15 de abril de 1874, el fotógrafo Nadar abrió sus puertas al público para la primera exposición de este grupo. La respuesta del público y de la crítica fue implacable, marcada por insultos y mofas, lo que supuso una humillación.
Un crítico llamado Louis Leroy publicó una reseña titulada «Exposición de los impresionistas», acuñando irónicamente el término.
Otra característica fundamental era captar la temporalidad en las obras; lo esencial era lo que el artista percibía y cómo se sentía frente a esa percepción, dejando de lado el enfoque tradicional.
Su obra Impresión, sol naciente, dio nombre al movimiento, utilizando pinceladas sueltas para transmitir cómo la luz anaranjada del sol emergente se reflejaba en la superficie del agua.
Eugène Boudin lo introdujo en la pintura al aire libre mediante la observación directa. Conoció a Renoir y Bazille. Sus primeras obras eran de estilo realista, destacando Mujeres en el jardín, expuesta en el Salón de París. A partir del final de la década, su giro hacia el impresionismo empeoró su situación económica.
Tras un inicio de carrera difícil, impulsada por Paul Durant-Ruel, Monet desarrolló el concepto de las “series”, como la de la Catedral de Rouen (1892). Comenzó a trabajar en el famoso jardín de su casa en Giverny con su serie de Estanques de nenúfares a partir de 1899.
Renoir aportó una mayor sensualidad al impresionismo, inclinándose hacia lo ornamental y la belleza. Aunque no se centró exclusivamente en la vida moderna, mantuvo siempre un pie en la tradición.
Fue muy amigo de Monet, llegando a pintar juntos La Grenouillère. Trató temas de flores, retratos de niños y mujeres, y sobre todo el desnudo femenino. Entre sus obras destacan El palco, El columpio y Baile en el Moulin de la Galette.
Uno de los fundadores del impresionismo, Degas fue escultor y pintor, y es considerado uno de los grandes dibujantes de la historia.
Sus temas predilectos fueron las bailarinas, las carreras de caballos y los desnudos femeninos en el baño. Sus retratos son muy apreciados por la complejidad psicológica y la sensación de verdad, como se observa en El ajenjo (citando el relato de Miss Cassatt).
Pissarro se centró en pintar la naturaleza y los paisajes de la vida rural francesa, aunque también abordó el paisaje urbano, como en Boulevard de Montmartre (1897).
Desde el Gran Hotel de Russie, realizó 13 pinturas representando el bulevar desde el mismo ángulo de visión, variando únicamente la hora del día, el clima, las luces y las estaciones.
Se caracterizó por una pincelada ligera con tonos sutiles y una paleta armónica, explorando el cielo y los efectos del clima. Ejemplos notables son El puente de Argenteuil (1872) y La nieve de Louveciennes (1875).
Sus paisajes, tomados de los alrededores de París, mostraban gran espontaneidad y predominio de escenas soleadas. A pesar de su calidad, nunca alcanzó el renombre de sus compañeros y vivió en la miseria.
Morisot demostró las posibilidades de las mujeres en las artes, siendo discípula de Corot. Adoptó la técnica impresionista de pintar al aire libre.
Participó en el Salón de París en 1864 y se casó con Eugène Manet. Berthe fue modelo de Manet en varios retratos. Sus obras, como La cuna, captaban la luz y la sensibilidad. Otras obras incluyen Las hermanas, Mujer arreglándose y La casa de las mariposas.
Pintora y grabadora estadounidense, se incorporó al movimiento impresionista. Fue admiradora de Manet y posó para él.
Pintó imágenes que representaban la vida cotidiana y privada de las mujeres, poniendo énfasis en los lazos afectivos entre ellas y sus hijos.
Auguste Rodin fue un escultor francés contemporáneo del impresionismo, considerado el padre de la escultura moderna. Proveniente de la escuela escultórica neoclásica, buscó la mímesis en las artes tridimensionales.
Exploró la rugosidad de las superficies inacabadas. Empezó a trabajar en el taller de Camille Claudel y colaboró en la realización de las figuras de La puerta del infierno. Camille también colaboraría con Rodin en la ejecución de Los burgueses de Calais y las puertas del infierno.
Sus obras poseen una gran fuerza psicológica y adoptan una técnica que recuerda al impresionismo, manifestada en la rugosidad de las superficies y la multiplicación de planos para obtener efectos de luz.
En La Edad de Bronce representa el estado interior. Su obra El beso, realizada en mármol, es una representación visual del amor donde una fuerza interna une a los seres en audaces enlaces y abrazos, manifestando la expresión de su energía vital y la felicidad compartida.
Mariano Benlliure y Gil es considerado el último gran maestro del realismo decimonónico en la escultura española. Su temática principal fue la religiosa, trabajada en madera policromada y bronce.
Tras su viaje a Roma, donde quedó fascinado por la escultura de Miguel Ángel, se dedicó exclusivamente a la escultura. Se instaló en Madrid, desarrollando un estilo naturalista, detallista y minucioso, con un toque de impresionismo espontáneo, caracterizado por un modelado rápido y vivaz que dejaba la huella manual.
En su obra civil y funeraria destacan:
Sus obras religiosas incluyen el Nazareno del Paso y el Cristo de la Expiración (Málaga).
