Portada » Arte » El Escorial, El Greco y la Evolución del Arte Barroco Español
El Escorial fue concebido como un gran edificio multifuncional. Felipe II, formado como un gran humanista y educado en la corte borgoñona, mostró un gran interés por el paisaje, queriendo implantarlo en su palacio. El Escorial fue, además, objeto de propaganda y difusión de su imagen.
Juan Bautista de Toledo, uno de los grandes arquitectos del Renacimiento, trabajó en Roma, aunque murió prematuramente en 1567. Su viaje a Alemania influyó decisivamente en la obra; le llamaron la atención los monasterios que integraban biblioteca y colegio, espacios multifuncionales que replicaría en su diseño.
Originario de la isla de Creta, se trasladó a Venecia entre 1565 y 1566, uno de los principales centros artísticos del Renacimiento. Allí aprendió el manejo del colorido, la perspectiva, el dibujo, la iluminación y la arquitectura.
Escultor con proyección internacional, aprendió el oficio en Granada y se estableció en Sevilla. Su estética definió una belleza natural, dulce y humana, alejándose de la idealización extrema.
Su obra, como el Retablo mayor de San Isidoro del Campo, busca ofrecer una imagen heroica y triunfal.
La Inmaculada (1634) de Ribera rompe con la severidad tradicional, introduciendo un barroco colorista y luminoso. Por su parte, El Greco se convierte en el pintor contrarreformista por excelencia en Toledo, destacando obras como:
Antonio Palomino destacó por sus frescos en Valencia y Salamanca, demostrando un gran dominio del escorzo. Posteriormente, Miguel Jacinto Meléndez, pintor del rey en 1712, evolucionó hacia un estilo refinado con influencias rococó, caracterizado por una pincelada más densa y una paleta más fría, reflejando el lujo y la melancolía de la época.
