Portada » Magisterio » Conceptos Fundamentales y Estructuras de la Programación Educativa Infantil
La organización del proceso de enseñanza-aprendizaje en Educación Infantil requiere la comprensión de diversos términos y herramientas. A continuación, se definen los elementos esenciales:
Consiste en desarrollar los objetivos relacionados con la edad, basados en los objetivos de la propuesta pedagógica.
Consiste en la adaptación de la programación a las necesidades de los niños, de manera que se les pueda dar una respuesta eficaz.
Son las adaptaciones relacionadas con la accesibilidad de recursos especiales que permitan el acceso al currículo, a la modificación de espacios, al acceso a la comunicación, etc.
Son aquellas que requieren el ajuste de algunos aspectos de la programación, por ejemplo, en la temporalización, en la priorización de ciertos contenidos, en el agrupamiento de alumnos o en la metodología utilizada.
Suponen cambios importantes en la programación, por ejemplo, la modificación de objetivos, contenidos o criterios de evaluación.
Esta modalidad sigue el modelo propuesto por la mayoría de las administraciones educativas, en la cual la programación se concretará en las áreas de experiencia fijadas en el currículo:
Supone una programación en la que se deben organizar las actividades relacionando los contenidos que se van a trabajar en función de estas áreas. Es un planteamiento bastante pautado que lleva a realizar planificaciones semejantes en todas las escuelas infantiles, pero que provoca una fragmentación de las actividades en las tres áreas al momento de explicitarlas.
Consiste en organizar la programación en grupos de actividades en las que se integran contenidos de las diversas áreas. En esta propuesta, los educadores deben globalizar todas las características del desarrollo infantil. Estos planes se suelen estructurar en dos grandes tipos de actividades:
Es un proceso más fácil de programar para el educador, pero puede producir situaciones de pérdida de los objetivos planteados.
Según esta modalidad, las actividades se agruparían en los bloques siguientes:
Esta programación consiste en un planteamiento rígido, exige al educador tener un conocimiento profundo de la evolución infantil. Puede provocar el peligro de exigir y presentar a los niños propuestas un poco más allá de su nivel evolutivo. Esto tiene el peligro de pretender que los pequeños aprendan, no de forma significativa, sino mecánica y por imitación.
Se plantea como una continuación de la cesta de los tesoros. Consta de dos partes que siempre se repetirán:
Se debe efectuar durante un máximo de 8 meses y en grupos de 8 a 10 niños. La duración de cada sesión es de aproximadamente 1 hora, dos veces por semana, y se debe escoger un horario en el que los pequeños estén tranquilos y descansados.
El educador tendrá seleccionados los materiales necesarios:
Para preparar la sesión, el educador organizará en 4 o 5 puntos de la sala, separados, lo que se llaman focos de material, que consiste en:
Cuando esté todo dispuesto, la educadora se coloca en una esquina estratégica del aula donde se le vea y a su vez pueda observar.
Deberá realizarse en el momento. La educadora recoge a modo de ficha una observación por escrito de lo que hacen los niños, tanto en la primera parte del juego como en la segunda. En la primera se valorarán todos los aspectos motrices y el interés que demuestra por los objetos, y en la segunda la capacidad de atender y entender unas órdenes.
La organización en rincones es un recurso que forma parte de la distribución del espacio de las aulas de educación infantil. Es conveniente tener varios rincones montados de forma simultánea.
Los niños tienen una gran capacidad de imaginar, por lo que deberemos analizar el espacio disponible en el aula para encontrar el lugar más idóneo para el nuevo rincón. Deben estar montados durante un periodo más o menos largo (un trimestre).
La cantidad de materiales no tiene que ser excesiva, pero sí suficiente para que todos puedan jugar. Se puede empezar con unos cuantos objetos e ir añadiendo nuevos a medida que transcurra el tiempo. Ver cómo evolucionan por el rincón dará las pautas para ir introduciendo elementos nuevos que sirvan de motivadores de aprendizaje. Los materiales que se dispongan deben ser los adecuados para alcanzar los objetivos didácticos; después se analizará si sirven para sus objetivos o no y si es necesario reemplazarlos. Se debe procurar que haya más objetos reales que del mundo de los juguetes; también hay que recordar que muchos materiales reciclables pueden ser útiles. La aportación de materiales por parte de la familia es también una buena estrategia de colaboración. Hay que procurar que el material tenga un lugar fijo para que los niños sepan dónde encontrarlo y dónde dejarlo.
La utilidad que se haga de los rincones dependerá de la intención educativa que se les asigne. Puede concebirse como complemento de las actividades; normalmente son espacios que usa el educador en los tiempos de juegos educativos en el aula. Una vez montado el rincón, el educador podrá hacer una presentación simple para propiciar la curiosidad y la exploración. El trabajo en rincones suele dejar libertad de elección a los niños, para que se puedan distribuir como quieran entre los diferentes rincones, siempre que no produzca aglomeraciones en alguno de ellos. El educador puede utilizar los rincones para estimular el lenguaje. Se podrá intervenir directamente en el juego para estimular y ayudar a aquellos niños que están más carentes de recursos. En estos casos la intervención debe ser espontánea y poniéndonos a la misma altura que ellos.
Para organizar un centro de interés deberemos empezar fijando la finalidad que perseguimos.
Un aspecto esencial para el éxito del centro de interés es que logre ser de interés, por lo tanto, no deberemos ahorrar esfuerzos en conseguir que su interés se produzca de manera efectiva. La motivación puede partir simplemente de la aparición de algo diferente en el aula, algo que provoque la curiosidad y despierte el interés. Por ejemplo, cestos llenos de frutas, tapados con una tela para que no vean lo que hay dentro. También facilitará la motivación si se deja organizada el aula, por un lapso de tiempo, con los objetos del centro de interés o fotografías de decoración. Esta manera de ambientar el aula forma parte de la propia técnica como refuerzo de los diferentes conceptos que los pequeños van estructurando en su pensamiento.
La organización del espacio y su ambientación es de suma importancia, ya que los niños de estas edades necesitan unos espacios reconocibles; deben partir e impregnar el aula, ir más allá de sus límites, a otros espacios como el patio o los pasillos. El tiempo dependerá de la amplitud que le dé el educador y podrá condicionarse a la motivación que muestren los pequeños. La duración viene determinada por el calendario (por ejemplo, la Navidad).
Las actividades de los centros de interés tendrán que realizarse dentro de la dinámica habitual diaria de los niños.
En un centro de interés se trabajarán los contenidos a partir de actividades de observación, asociación y expresión:
Las actividades de los centros de interés no pueden ser ni largas ni exhaustivas, y deben estar incorporadas a los ritmos habituales de las rutinas o actividades cotidianas. Es importante integrar estas rutinas en el tratamiento del centro de interés. Siguiendo con el ejemplo de las frutas, podemos trabajar la alimentación infantil y la higiene:
Es fundamental el hecho de poder volver a una misma acción varias veces, ya que representa el placer de reencontrar cosas que ya han realizado o experimentado. Hay que pensar que la repetición desempeña un papel importante en el desarrollo madurativo.
