Portada » Psicología y Sociología » Comportamiento del Consumidor: Factores Psicológicos y Sociales en la Decisión de Compra
El proceso de decisión de compra se compone de cinco etapas fundamentales en las que el consumidor interactúa con los estímulos del entorno y sus propias necesidades:
Es una metodología de investigación que va más allá del modelo tradicional de toma de decisiones. Explora la experiencia completa del consumidor con la marca, desde el primer contacto (a través de un producto o mensaje publicitario) hasta que recomienda el producto a sus amigos o decide volver a comprar.
Es un esquema visual que documenta todos los puntos de contacto y experiencias con la marca a lo largo del tiempo. Muestra qué hace, qué piensa y qué siente el consumidor en cada fase. Este mapa puede ser:
Cualquier interacción que el consumidor tiene con la marca. Se dividen en:
Representa el recorrido que realiza un usuario desde que conoce la marca hasta que se convierte en cliente y, finalmente, en recomendador. Se caracteriza porque muchos usuarios entran al inicio del embudo, pero solo unos pocos completan la compra. Sus fases son:
En este proceso, el usuario pasa de ser un Lead (fases 1, 2 y 3) a un Buyer (fase 4) y, finalmente, a un Advocate (fases 5 y 6).
La motivación se define como el conjunto de factores que determinan las acciones de las personas. Es un estado interno de activación que proporciona la energía necesaria para alcanzar un objetivo. Afecta directamente a:
Un estímulo motiva más al consumidor cuando este lo considera:
La habilidad es la disponibilidad de los recursos necesarios para alcanzar un resultado. Sin ella, la motivación no se traduce en acción. Estos recursos pueden ser financieros, cognitivos, emocionales, físicos, sociales y culturales. Por ejemplo, la educación y la edad influyen directamente en los recursos cognitivos y físicos del individuo.
La oportunidad es el momento o circunstancia propicia para actuar. Es el factor final que permite que la motivación y la habilidad se conviertan en acción. En ella influyen:
La exposición es el contacto físico del consumidor con un estímulo. Estos estímulos pueden provenir del marketing (anuncios) o ser ajenos a él (boca a boca, opiniones de terceros). Factores como la posición del anuncio en el medio, la distribución del producto y su ubicación física en la estantería influyen en este proceso. Existe también la exposición selectiva, mediante la cual los consumidores buscan activamente ciertos estímulos y evitan otros.
La atención es la cantidad de actividad mental que se le dedica a un estímulo. Mientras que la exposición consiste en encontrarse con el estímulo, la atención define el grado en que este es procesado. Sus características son: es limitada, selectiva y divisible. Puede ser focal (directa) o no focal.
La percepción consiste en determinar las propiedades de un estímulo a través de los cinco sentidos.
La comprensión es el acto de dar significado a lo percibido a partir de los conocimientos previos. Involucra la identificación de la fuente, la comprensión del mensaje (que puede ser objetiva o subjetiva, dando lugar a malentendidos) y las conclusiones o inferencias que el consumidor deduce de la experiencia.
La memoria es la capacidad de almacenar información y recuperarla, ya sea de forma consciente o inconsciente. Se clasifica en:
El conocimiento es el entendimiento y la información aprendida que se guarda en la memoria, así como la estructura en la que se organiza:
El marketing tiene como objetivo prioritario incrementar el recuerdo del nombre, logotipo, atributos y beneficios de la marca, ya que la elección final del consumidor depende en gran medida de que la marca esté accesible en su memoria al tomar la decisión.
La opinión o actitud es una valoración general y duradera que las personas tienen hacia un objeto, marca, anuncio, tienda o persona. Estas valoraciones se aprenden y persisten en el tiempo. Cumplen tres funciones principales:
A partir de nuestras opiniones, decidimos qué anuncios ver, qué marcas adquirir, con quién interactuar y dónde realizar nuestras compras.
La formación de actitudes depende de la fuente de la que provienen (pensamientos o emociones) y del nivel de esfuerzo cognitivo (MHO alta o baja):
Las actitudes son mejores predictores de la conducta real cuando existe una alta implicación, un conocimiento profundo del tema, una opinión bien razonada y accesible (que viene rápido a la mente), confianza en la propia opinión, especificidad en la actitud (no genérica), estabilidad a lo largo del tiempo, un apego emocional intenso, ausencia de obstáculos externos o presión social, y una personalidad coherente en el individuo (alineación entre pensamiento y acción).
Los valores son creencias permanentes y abstractas sobre lo que se considera correcto o incorrecto, bueno o malo, y prioritario en la vida. Están tan arraigados en el individuo que, a menudo, no se es consciente de su influencia.
Los estilos de vida representan los patrones de comportamiento concretos de las personas. Mientras que los valores y la personalidad constituyen factores internos, el estilo de vida es su manifestación externa y observable. Se definen a través de las actividades, intereses y opiniones (AIO), proporcionando un perfil del consumidor mucho más detallado que las variables demográficas tradicionales.
Las fuentes de influencia se clasifican según su origen (del marketing vs. ajenas) y el canal de entrega (masas vs. en persona):
Las fuentes ajenas al marketing gozan de una mayor credibilidad ante el consumidor. Asimismo, el boca a boca y la observación directa del comportamiento de otros individuos ejercen una influencia decisiva.
Un líder de opinión es un individuo que actúa como intermediario de información entre los medios de comunicación y las opiniones o conductas de un grupo. Posee un conocimiento profundo y de primera mano en una categoría específica de productos. Funcionan como gatekeepers (deciden qué información o productos se difunden), suelen estar muy informados, adoptan las innovaciones de manera temprana y, al no poseer un interés comercial directo, resultan altamente imparciales y creíbles. Son ajenos a las organizaciones de marketing y no requieren ser personas famosas.
Es cualquier grupo con el que un individuo se compara para guiar sus propias opiniones, conocimientos y comportamientos. Se clasifican en:
Las características que definen a estos grupos son su grado de contacto (primario si es cara a cara; secundario si no existe contacto directo con la mayoría de los miembros), la formalidad, la similitud entre sus miembros, el atractivo percibido, la densidad de la red social, el grado de identificación y la fuerza del vínculo afectivo.
Implicaciones para el marketing: Consisten en asociar la marca con grupos aspiracionales y portavoces adecuados, representar con precisión a los grupos asociativos en la publicidad, fomentar la creación de comunidades de marca y evitar la vinculación con grupos disociativos.
La diversidad del mercado está determinada por variables como la edad, el género, la orientación sexual, la región geográfica, la pertenencia a grupos étnicos y la religión. El marketing moderno exige una investigación minuciosa y empírica que evite caer en estereotipos simplistas.
Un hogar se define como una persona que vive sola o un grupo de personas que conviven en una misma vivienda (con o sin lazos de parentesco). Constituye la unidad de análisis más relevante para el consumo de ciertos sectores. Dentro del hogar se distribuyen roles clave: el gatekeeper (quien controla el flujo de información), el influenciador, el comprador, el usuario final y el responsable de la toma de decisiones.
Es una estructura jerárquica de la sociedad basada en el estatus, que agrupa a personas con experiencias vitales, valores y comportamientos similares. Su medición y clasificación es compleja.
Es una técnica estadística que clasifica a los consumidores en grupos homogéneos según características comunes que combinan datos demográficos y hábitos de consumo. Permite agrupar a la población considerando variables como ingresos, educación, edad, tipo de hogar, nivel de urbanización, actitudes y preferencias de compra.
Consiste en la descripción y segmentación de los consumidores a partir de sus características psicológicas, de personalidad y de comportamiento. Uno de los modelos más reconocidos es el sistema VALS, el cual segmenta a la población combinando factores demográficos con dos dimensiones clave: (1) los recursos disponibles (confianza, innovación, intelectualidad, liderazgo) y (2) la motivación principal del individuo (guiada por ideales, logros o autoexpresión). Este modelo define 8 segmentos de consumidores diferenciados.
