Portada » Biología » Causas Reversibles de Parada Cardiorrespiratoria y Protocolos de Soporte Vital
La parada cardíaca causada por una falta de oxígeno generalmente es consecuencia de una asfixia, que es la principal causa de PCR de causa no cardíaca. Una causa común de asfixia es la OVACE (Obstrucción de la Vía Aérea por Cuerpo Extraño), ante la cual se debe intervenir rápidamente y aplicar el algoritmo correspondiente. En estos casos, es esencial proporcionar ventilación pulmonar efectiva precoz con oxígeno suplementario durante el SVB (Soporte Vital Básico). Si el paciente sobrevive, puede presentar un daño neurológico grave. La asfixia también se puede deber a causas traumáticas, en cuyo caso la atención puede resultar aún más complicada.
Una temperatura corporal demasiado baja (hipotermia) o demasiado alta (hipertermia) puede desencadenar una PCR.
La hipotermia accidental se debe a la exposición a bajas temperaturas ambientales. Afecta especialmente a personas que han consumido alcohol o drogas. La hipotermia se manifiesta con distintos signos y síntomas que se van agravando a medida que la temperatura corporal desciende. Cuando la temperatura llega a bajar por debajo de los 30 ºC, la hipotermia se considera grave, y cuando llega a los 20 ºC, se produce el paro cardíaco.
La hipertermia es una temperatura corporal por encima de los 41 ºC y se puede deber a diversas causas:
La hipovolemia es otra causa potencialmente tratable de parada cardíaca. Se puede producir por disminución del volumen intravascular, generalmente debida a una hemorragia, o por vasodilatación intensa, generalmente por anafilaxia.
En estos casos, intentamos detener el sangrado. Cuando la pérdida de sangre es abundante y continua, las maniobras de RCP no tendrán efecto, por lo que el control de la hemorragia será una intervención de emergencia prioritaria.
La anafilaxia es una reacción grave de hipersensibilidad sistémica que pone en riesgo la vida. Es una causa poco frecuente y reversible de PCR.
En nuestro organismo hay electrolitos cuya presencia, en cantidades adecuadas, es imprescindible para su correcto funcionamiento. Cuando la concentración de algunos de ellos es excesivamente alta o baja, se produce un desequilibrio que puede afectar al sistema eléctrico del corazón y provocar arritmias cardíacas, que suelen acabar en PCR. Las arritmias que amenazan la vida están muy comúnmente asociadas con trastornos del potasio (particularmente la hiperpotasemia), aunque también pueden deberse a trastornos en las concentraciones de calcio o de magnesio.
Ambas situaciones pueden conducir a una parada cardíaca traumática:
Los coágulos u otros elementos extraños que circulen dentro de los vasos sanguíneos pueden dificultar o bloquear el flujo sanguíneo, causando una PCR potencialmente reversible.
Un tóxico es cualquier sustancia química capaz de producir la muerte, heridas u otros efectos perjudiciales. La PCR causada por exposición, ingestión, inyección o inhalación de un tóxico es poco frecuente. En estos casos, la causa suele ser fácilmente identificable y, dependiendo del tóxico, puede ser reversible.
La mayoría de las muertes relacionadas con el asma ocurren antes del ingreso hospitalario. La PCR suele ser el desenlace tras un periodo de hipoxemia debida a un ataque de asma no tratado. El asma bronquial es una inflamación crónica de las vías aéreas bajas, generalizada y reversible. Ante una PCR en una persona con asma, aplicamos las maniobras de soporte vital básico, aunque la ventilación será difícil debido a la resistencia de las vías respiratorias. Se debe vigilar el riesgo de distensión gástrica (aire hacia el estómago) y comprobar que el tórax se eleva en cada insuflación.
Las personas con diabetes pueden sufrir una hipoglucemia repentina y potencialmente mortal. Se manifiesta con hambre, dolor de cabeza, agitación, temblor, sudoración, comportamiento psicótico y pérdida de consciencia. La medida de primeros auxilios para recuperar la glucemia es administrar tabletas de glucosa o alimentos con azúcar.
El DECRETO 157/2015, de 18 de junio, aprueba el Reglamento por el que se regula la utilización de desfibriladores semiautomáticos y automáticos externos (DESA/DEA) por los primeros intervinientes en la Comunidad Autónoma de Canarias.
La fibrilación ventricular es un trastorno del ritmo cardíaco (arritmia) que descoordina los latidos y hace que el corazón deje de ser eficaz en el bombeo de la sangre. Se debe a un problema en los impulsos eléctricos que regulan los ventrículos, provocando contracciones rápidas y caóticas.
La desfibrilación es una descarga eléctrica que interrumpe los impulsos eléctricos caóticos y permite que el corazón retome su ritmo normal. Este procedimiento se aplica con un equipo denominado desfibrilador.
La fase post-resucitación comienza en el lugar donde se ha conseguido el RCE (Retorno de la Circulación Espontánea). Una vez estabilizada, la persona debe ser trasladada a una unidad de cuidados críticos. Los cuidados están orientados al control de la vía aérea, la respiración, la actividad cardíaca, la función cerebral y la temperatura.
Las personas con un periodo de PCR breve que responden inmediatamente pueden alcanzar una recuperación de la función cerebral normal rápidamente. En estos casos, solo es necesario administrar oxígeno mediante mascarilla facial.
La inestabilidad circulatoria es común tras una PCR (hipotensión, índice cardíaco bajo y arritmias). La disfunción miocárdica post-resucitación, también llamada aturdimiento miocárdico, generalmente es transitoria y suele revertir entre las 24 y 48 horas.
Inmediatamente después del RCE, el flujo sanguíneo cerebral se incrementa, pero tras 15 o 30 minutos disminuye. Esto ocurre porque la autorregulación cerebral normal se pierde, y la irrigación pasa a depender directamente de la presión arterial: si la presión aumenta, el cerebro recibe más irrigación, y si disminuye, recibe menos (pérdida de autorregulación cerebral).
