Portada » Ciencias sociales » Profesionalización de la Educación Social: Orígenes, Ética y Transformación Histórica
Los tres “oficios” que llevaron a la profesionalización de la E.S como una profesión y no como un simple oficio, fueron: La Educación de Adultos, hace referencia a la vertiente compensatoria, recuperadora de la enseñanza escolar no recibida a su debido tiempo. Puede encontrarse en espacios informales y no formales y se fundamenta en el criterio de la formación permanente y continuada, para insertarse en un proceso de aprendizaje de los conocimientos a lo largo de la vida. La Educación Especializada, es una modalidad del sistema escolar, encargada de potenciar y asegurar el cumplimiento del principio de equiparación de oportunidades de niños, niñas y jóvenes que tienen necesidades educativas especiales. Los procesos de formación, por su cercanía a la asistencia social, se formalizaron mucho antes. La Educación no Formal, es una modalidad de la educación que tiene como concepción el aprendizaje a lo largo de toda la vida, supera la idea de escolarización, ya que, se interviene a través de la acción socioeducativa fuera de la escuela. En la denominación de los años 90 incluye a los educadores de tiempo libre, gestores culturales y educadores socio deportivos y animadores socioculturales, estos últimos organizaron las colonias de vacaciones y primeras asociaciones de tiempo libre.
La práctica tradicional de la Educación de Adultos se refiere a la vertiente compensatoria, recuperadora de la enseñanza escolar no recibida a su debido tiempo, por lo que, ha estado asumida por los Maestros. Sin embargo, tiende a retraerse, ya que, la enseñanza obligatoria abarca cada vez más años, por lo que, su población tiende a disminuir. Quizás por ello, tiende a desplazarse hacia la formación ocupacional o la formación laboral. Además, recoge a quienes no obtuvieron el Graduado de Educación Secundaria, más los colectivos –inmigrantes, refugiados, etc– que obviamente no pudieron cursarlo. Desde la educación compensatoria (escolar o profesional)
Muchos Educadores de Adultos le han dado una orientación más renovadora, utilizando técnicas de animación sociocultural, lo que ha permitido que una parte de la EAse identifique con la orientación que se da a la Educación Social y otra parte esté más próxima al Magisterio. El Ministerio publicó El Libro Blanco de la Educación de Adultos (1986), con una mentalidad abierta a la pluralidad de los saberes y metodologías. Con inclinación por la educación social y por la Educación Formal.
La educación especializada a lo largo de la historia, se ha dedicado a atender las necesidades que han ido surgiendo en cada periodo de la historia para lograr el desarrollo y la integración social de las personas. Se formalizó mucho antes los procesos formativos por su cercanía a la asistencia social. Actualmente, está diseñada para satisfacer las necesidades de personas con discapacidades, dificultades de aprendizaje o necesidades educativas especiales. A modo de resumen de su historia: en 1900 con la pérdida de las últimas colonias en América y la depresión surge el asistencialismo, y por consiguiente, las escuelas de asistentes sociales. En la 2º República en 1931, surgen las primeras formaciones de educadores de carácter no reglado pero el proceso quedó truncado por la Guerra Civil. Durante el franquismo (1936-1975) la figura del educador, estaba más centrada en el control del orden y la disciplina, además de producir mucho auxilio social. En 1965, en Navarra surge la aparición de las primeras escuelas de Educadores y la escuela Flors de Maig, en Barcelona. En 1970 se desarrolla la ley general de educación LGE y la especialización del educador dentro de la FP2. En torno a los años 70 y 80, aparecíó la figura del educador de calle y aumentaron los equipos de prevención de la marginación social creados por algunas diputaciones. El educador es concebido como agente de desarrollo y surge en desmantelamiento de los grandes internados. Finalmente tras el fin del régimen franquista surgíó el asociacionismo en muchos niveles, y los educadores especializados crearon asociaciones en casi todas las comunidades y pasaron a denominarse educadores sociales. La Educación social aparece como diplomatura tras la LRU.
En la denominación de los 90 incluye: Educadores de tiempo libre, animadores socioculturales, gestores socioculturales y educadores socio deportivos. En este colectivo tan variado, se intervénía a través de la acción socioeducativa fuera de la escuela, y su tradición más larga es: la animación sociocultural, que va asociada a la creación de los primeros centros de vacaciones y su filosofía. Durante la segunda mitad del siglo XIX, se produce una gran propagación del deporte y la educación física. Y supone un antecedente de la Escuela Nueva y La Institución Libre de Enseñanza. Además, aparecen los primeros movimientos interesados en la utilización educativa del tiempo libre de los niños y adolescentes a partir de asociaciones de carácter religioso o filosófico. La creación de las colonias también resulta importante en este contexto, en cuanto a lo más relevante respecto a la profesionalización, se puede decir que en los 80 y a principios de los 90, fue el primer momento de profesionales totalmente dedicados a esa cuestión; y surgen las escuelas de formación de animadores (juveniles, socioculturales, de tiempo libre, etc.), que dan coherencia a la acción de los animadores que, profesionales o voluntarios, sostienen los movimientos y asociaciones del sector. En definitiva, se puede decir que esta vertiente se basa principalmente en la educación en el tiempo libre y la animación sociocultural, 5. Indica el decreto de formalización de la academización de la ES.
El decreto de formalización de la academización es el Real Decreto de 1420/1991, del 30 de Agosto. Tiene una titulación de primer ciclo, una duración de tres años y está orientada a la formación de un educador en los campos de la educación no formal, educación de adultos, inserción social de personas desadaptadas y minusválidos, así como en la acción socioeducativa. Las dos razonas que dotaron de sentido la elección de social como adjetivo fueron, por una parte, la novedad conceptual: ya que, las nuevas formas de educación que propónía estaban comprometidas con la extensión de los derechos sociales y la democratización, y de esta forma, se asumieron nuevos retos basados en el bien de la ciudadanía, como hacer más creíble y real el lema de una educación para todos y todas; situar la educación en el contexto de los problemas sociales, etc. Y por otra parte, su reconocimiento profesional, que lo recogen las numerosas publicaciones que, evidencian el proceso de la formación y de la profesionalización de la Educación Social. Las tres ocupaciones que preceden al educador social de hoy, son: Educadores especializados, animadores socioculturales y educadores de adultos.
Un colegio profesional es una entidad de derecho público que representa, regula y controla una determinada profesión, siguiendo la ley, en una relación de cesión de competencias y colaboración con las administraciones públicas. Además, controlan y supervisan el ejercicio profesional individual (deontología). Según Sánchez-Valverde, 2022 define el colegio como un instrumento, un «lugar de encuentro» e integración de las diferentes formaciones de la Educación Social (animadores, educadores especializados..). Y como «referente social», con mayor reconocimiento y poder de intervención. Su nacimiento se llevó a cabo como resultado del esfuerzo colectivo de muchas personas e instituciones en torno a mediados de los 80. Con Faustino Guerau, se empezó a hablar de las formas organizativas del colectivo profesional. Y más tarde, se creó el Congreso de Educadores de Pamplona y el X Coloquio Internacional de la AIEJI de Barcelona. En Julio de 1995, una vez que la primera promoción de Diplomados en Educación Social ya estaba en la calle, el Departamento de Justicia de la Generalitat de Cataluña se puso en contacto con la Associació Professional d’Educadors Socials de Catalunya (APESC) y realiza una demanda formal de creación que significó el inicio de una trayectoria administrativa, legislativa y política. Desde este punto de salida, se movilizó a otros muchos elementos presentes en el ámbito de Educación Social y se inició un proceso participativo que resultó, con la ayuda de todos y todas, una experiencia de concreción de estrategias abiertas, transparentes e integradoras. El resultado de ese proceso fue la aprobación de la Ley 15/1996, de 15 de Noviembre, de Creación del Colegio de Educadoras y Educadores Sociales de Cataluña que se convirtió en una referencia para la creación de colegios profesionales en otros territorios.
El código deontológico se puede definir como el saber práctico de la Educación Social ya que establece principios éticos y normas profesionales que guían la conducta y responsabilidad de los educadores sociales, asume responsabilidades de carácter ético en lo político y en lo social para promover el respeto, la confidencialidad, la justicia social y el bienestar de las personas atendidas, así como la integridad y competencia del profesional en su práctica educativa. Su objetivo principal es asegurar un ejercicio profesional ético, comprometido con el desarrollo humano y social, y el respeto a los derechos individuales y colectivos. El Código Deontológico de la Educación Social surgíó en 1996 en la Universidad de Deusto en Bilbao, originado por la ausencia de un marco ético específico para los educadores sociales. Bajo la dirección de Luis Pantoja Vargas, profesor de Deontología Profesional, un equipo de educadores con experiencia se dedicó a identificar dilemas éticos en la labor cotidiana de la profesión. Este proceso condujo a la formulación de principios éticos y normas prácticas para orientar la conducta profesional, culminando en la creación del «Esbozo de código deontológico del educador social», un documento adaptado a la realidad y menos teórico, buscando ofrecer directrices claras ante dilemas éticos en el ejercicio de la educación social
8.Conceptos PIMP–
Pobreza: La pobreza ha sufrido muchas modificaciones a nivel de definición debido a que el umbral de la pobreza y sus técnicas de medición han ido cambiando con el paso del tiempo. Sin embargo, se ha mantenido a lo largo del tiempo que la pobreza es la condición permanente o temporal en la que una persona se encuentra en una situación de debilidad, vulnerabilidad, dependencia y humillación, ya que se encuentra privada de recursos y medios necesarios para cubrir sus necesidades básicas y vivir dignamente, que varían según las épocas y sociedades, abarcando aspectos como el dinero, relaciones, influencia, poder, educación, estatus social, salud, libertad… entre otros. Las personas en situación de pobreza viven al día y carecen de la capacidad para mejorar su situación sin la ayuda de otros. – Indigencia: estado en el cual las necesidades esenciales, de forma intermitente, no pueden ser satisfechas por falta de medios. – Miseria: indigencia permanente – Pauperismo: situación de pobreza general. / 9.Conceptos PCOLA en la B.EdadM.
la baja Edad Media en Europa, especialmente en España, la pobreza tenía un sentido cristiano, donde el pobre representaba a Cristo necesitado en la tierra. Por otro lado, la caridad y la limosna cumplían una función espiritual, debido a la salvación del rico por su teatralidad, y una función social, ya que era una forma de asistencia social derivada de un acto individual. La limosna verdadera es, por naturaleza, libre, desinteresada y habitual. Sin embargo, no siempre tuvo este carácter, ya que en todas las épocas existíó el donativo obligatorio, como la colecta parroquial, la ofrenda en Cuaresma o la limosna con motivos de un matrimonio. En la sociedad actual, aunque los conceptos han evolucionado, aún existen aspectos similares. La caridad y la asistencia social persisten, aunque ahora están más formalizadas a través de organizaciones y programas gubernamentales. La noción de ayuda al necesitado sigue siendo relevante, pero se ha transformado en estructuras más institucionales y menos basadas en actos individuales. Sin embargo, la teatralidad y la visibilidad de la caridad, aunque de manera diferente, también pueden observarse en la sociedad contemporánea, a través de campañas benéficas y acciones sociales medíáticas
10.DIF. CLASES POBREZA–
Pobres de solemnidad: aquellas personas desamparados por diversas razones como la edad, siendo los viejos y los niños los más afectados; al sexo, siendo las más afectadas las mujeres, sobre todo viudas; y la salud, quedando los enfermos desamparados. – Pobres vergonzantes: aquellos que, habiendo poseído bienes, los habían perdido. – Pobres laboriosos: aquellos que, aún teniendo un oficio, no tienen la subsistencia garantizada debido a la insuficiencia o precariedad de sus salarios. – Marginados: personas no aceptadas que constituían el objeto fundamental de rechazo social. Cubrían sus necesidades con pequeños robos y vivían al margen de la ley. / 11. EFECTOS POBREZA MUJERES (NOELIA RANGEL)
En la Baja Edad Media (siglos XIV y XV), las mujeres marginadas, especialmente las prostitutas, ocupaban el último escalón social y enfrentaban condiciones difíciles. Estas mujeres, a menudo viudas con hijos y personas que habían sido violadas o repudiadas por sus familias, vivían expuestas a enfermedades, violencia y burla pública, ya que se les obligaba a vestir de forma diferente para diferenciarse del resto de mujeres. En el reino de Valencia, la prostitución aumentó a finales del Siglo XIV y durante el Siglo XV, generando considerables beneficios. Las mujeres que ingresaban a este mundo, generalmente de origen humilde, lo hacían como un medio de subsistencia. A pesar de las regulaciones municipales y la existencia de conventos de arrepentidas, donde las mujeres tenían la posibilidad de reintegrarse, la prostitución ilegal persistíó y se incrementó. La desaparición de los burdeles a mediados del Siglo XVI llevó a la dispersión de la prostitución por toda la ciudad y al fin del proyecto regulador de las autoridades del Siglo XIV. Por otro lado, respecto al artículo de Noelia Rangel, destaco considero relevante destacar la perspectiva utilitaria hacia las prostitutas ya que, a pesar de ser denigradas, la sociedad medieval las veía como un mal necesario para ahorrarse males mayores y canalizar la violencia sexual para que no se ejercitase contra las mujeres honradas, lo cual resulta indignante ya que nunca se puede justificar una violación. Asimismo, la autora revela aspectos muy interesantes sobre la realidad social y cultural en el Reino de Valencia durante el periodo medieval, como la presencia de proxenetas y sus complejas relaciones con las mujeres, ya que actuaban como intermediarios, ofreciendo supuesta protección, aunque también las explotaban y llegaban a abusar de ellas. También destaco la diferencia de condenas que las mujeres enfrentaban según su estatus legal y social, así como el papel de la sociedad en aquel entonces ya que, de manera directa o indirecta, perpetuaba la explotación y marginación. A modo de conclusión, considero que se le debería dar más visibilidad a este tema ya que este tipo de prácticas ponen en riesgo la salud de las mujeres. Por ello, se les debería proporcionar recursos que les permitan mejorar su calidad de vida. Además, se debería dar a conocer la realidad de estas personas, lo cual ayude a erradicar los prejuicios y estereotipos ya que, aunque la mentalidad de la sociedad haya evolucionado en el tiempo, aún queda mucho por trabajar
En la Primera Modernidad (siglos XVI y XVII), se observa un aumento de la población sin hogar y de pobres debido a la falta de recursos alimentarios por el aumento demográfico y a transformaciones de las estructuras económicas, así como acontecimientos coyunturales desfavorables que agravaron la situación. Las estructuras de producción agraria y artesanales sufrieron transformaciones hacia formas capitalistas, generando un gran costo social de la pobreza. Además, la inflación general de los precios repercutíó especialmente en los grupos sociales más débiles, afectando a su economía, por lo que hubo un deterioro de las condiciones de vida de la población pobre, donde la crisis agrícola, las enfermedades, el aumento demográfico incompatible con los recursos disponibles de alimentos, se sumaron a ese empobrecimiento. A pesar de la doctrina cristiana de la caridad, la percepción del pobre cambia, siendo considerado peligroso y causante de enfermedades. En esta época, se inicia la intervención de los poderes públicos en la asistencia a los pobres. Se clasifica a los pobres en verdaderos y falsos, permitiendo la limosna para los primeros y obligando a trabajar a los segundos, castigándolos en caso de resistencia. Las autoridades civiles asumen la responsabilidad de las acciones caritativas, marcando el inicio de la secularización de la asistencia social. Se desarrolla una hostilidad creciente hacia los pobres, manifestada en legislación contra el vagabundeo y la mendicidad (Ordenamiento de Ipres de 1525). Se prohíbe el limosneo en público y se implementan medidas más drásticas, como el encierro de pobres y vagabundos en instituciones creadas con el propósito de reeducarlos mediante el trabajo, con el fin de corregir la vida ociosa de los indigentes.
El albergue como pieza clave en la reforma de los pobres en la Primera Modernidad. Durante la primera modernidad, en los siglos XVI y XVII, la reforma de los pobres se centró en la creación de los albergues. Este espacio estaba destinado exclusivamente al recogimiento nocturno de los necesitados, marcando el inicio de la política de los pobres. Esta política se basaba en separar a los fingidos de los verdaderos mediante un examen, permitiendo que los pobres legítimos se refugiaran en los albergues durante la noche. La esencia de esta reforma no buscaba suprimir la mendicidad ni la caridad, sino regular y controlar estas prácticas. Los recogidos en los albergues vivirían de la limosna y se les otorgaría un certificado tras el examen, autorizándolos a pedir limosna en su municipio. Los albergues se concebían como instituciones que acogían solo a mendigos sanos y verdaderos, con el propósito de lograr cierta regeneración moral a través de la obligación de aprender doctrina cristiana y asistir a misa diariamente. La administración de estos albergues estaba a cargo de la parroquia, permitiendo un mayor conocimiento y control de las vidas de los socorridos. La propuesta de Pérez de Herrera abogaba por la secularización de la asistencia social, manteniendo la presencia de la iglesia pero otorgando al Estado el control de la gestión. Además, la organización del trabajo incluía la imposición de castigos para aquellos que eludieran las normativas establecidas en las leyes de 1565
La cuestión social emergíó como una problemática intrínseca a los profundos cambios económicos, políticos y culturales de la época. La expansión económica y el desarrollo del capitalismo trajeron consigo un aumento significativo de la pobreza, la desigualdad y la exclusión social. En este contexto, las políticas sociales eran escasas y se basaban principalmente en la caridad y la beneficencia, con un enfoque predominantemente llevado a cabo por instituciones religiosas. Las medidas adoptadas para abordar la cuestión social incluyeron la prohibición de la mendicidad, la clasificación de los pobres, la imposición de la obligación de trabajar, la centralización de recursos y la secularización de la asistencia, a través de las Leyes de pobres y la Ordenanza contra la mendicidad, lo cual reflejaba la preocupación por mantener el orden social. En el ámbito de la educación y reeducación se buscaba principalmente la moralización y disciplinamiento de la sociedad. Tanto la iglesia como las instituciones educativas desempeñaban un papel crucial en la inculcación de valores religiosos y normas sociales. La educación adquiríó un carácter moralizador y se utilizó como instrumento para controlar conductas consideradas desviadas o peligrosas para la estabilidad social. La integración social a través del trabajo, la formación intelectual y religiosa, ejemplificada por instituciones como el Colegio de Doctrinos y de Huérfanos, y la corrección de la juventud delincuente, bajo la tutela del Padre de Huérfanos, fueron estrategias adoptadas para gestionar los desafíos sociales de la época. Además, durante el Renacimiento y la Reforma, hubo un interés creciente en la educación como medio para el progreso intelectual y moral del individuo, aunque esta educación estaba principalmente dirigida a la élite y se centraba en humanidades, artes y ciencias, dejando de lado a amplios sectores de la población que no tenían acceso a la educación formal. Finalmente, cabe destacar que las mujeres tenían más complicado el salir de la marginación, pues solo por ser mujeres, eran consideradas el último estrato de la sociedad.
15. Cuestión social, políticas sociales y educación/reeducación XVII, la cuestión social experimentó una profunda desarticulación en los ámbitos económico, social y demográfico. La presión tributaria ejercida sobre los campesinos, las epidemias y las crisis agrícolas, así como el estancamiento en la manufactura textil, contribuyeron a la complejidad de los desafíos sociales de la época. En respuesta a estos problemas, las políticas sociales implicaban la reclusión de los pobres, implementando sistemas de asistencia en centros cerrados, con el claro objetivo de inculcar disciplina moral y laboral. Las instituciones desempeñaron un papel crucial en la ejecución de estas políticas sociales. Las Casas de Misericordia y Albergues se convirtieron en puntos neurálgicos para la gestión de la asistencia y la disciplina de los desfavorecidos. En el ámbito de la educación y reeducación, las escuelas de beneficencia y parroquiales surgieron como lugares dedicados a la instrucción y moralización de la población. Además, se destacó la reeducación de las jóvenes a través de iniciativas como las casas de arrepentidas y las Casas Galera, donde se buscaba corregir y reintegrar a aquellas consideradas desviadas. Sin embargo, la realidad educativa del Siglo XVII variaba según las regiones y las clases sociales. Aunque en algunos lugares se observó una expansión de la educación primaria, su acceso seguía siendo limitado para la mayoría de la población. La educación, a pesar de ser un instrumento de control social y moral, comenzó a ser percibida también como una herramienta para el progreso intelectual y la formación de ciudadanos. No obstante, su alcance continuaba siendo restringido para amplios estratos de la sociedad, evidenciando las persistentes desigualdades en el acceso a la educación durante este período histórico
En la segunda mitad del Siglo XVIII, los ilustrados desarrollaron un programa social que abordaba la creciente pobreza de las masas populares, influida por la herencia intervencionista del Siglo XVI y por modelos extranjeros que promovían la reclusión de los pobres en hospicios o casas de trabajo. Este programa representaba una doctrina oficial que reflejaba el consenso de los pensadores del Siglo XVIII sobre cómo debería ser la política social y económica. Algunos de los principales defensores fueron: – Bernardo Ward propuso en su «Obra pía” un plan nacional para la asistencia a la pobreza y represión de los vagabundos. En su «Proyecto Económico» trataba temas como el mercantilismo, la fisiocracia (riqueza debido a la explotación de recursos naturales) y el liberalismo económico. En particular, se preocupó por el crecimiento de la población, considerándolo crucial para la riqueza nacional, tratando de resolver la migración hacia las ciudades, que generaba crisis y pobreza. Así, propuso actividades en los pueblos para evitar la mendicidad. – Pedro Rodríguez Campomanes, inspirado por Ward, sosténía que la riqueza de una nacíón estaba vinculada al incremento de la producción y, por ende, al número de ciudadanos productivos. Abogaba por promover la industria rural popular y autónoma, lo que traería ventajas económicas al impulsar el crecimiento de la población rural y su independencia económica. Promovíó la formación de artesanos, buscando convertir a las familias rurales en población productiva. El programa resultante de estas teorías ilustradas se tradujo en medidas concretas, como la represión de vagos, el control de la mendicidad urbana y la asistencia a los pobres a través de diputaciones de barrio y juntas de caridad. Además, se impulsó la creación de una red de hospicios, cuya misión ambigua abarcaba aspectos de asistencia, reeducación y represión. Este enfoque se consolidó a partir de la década de 1760, ganando coherencia interna y marcando una etapa crucial en la evolución del pensamiento y las políticas sociales en la Ilustración española del Siglo XVIII.
La Ilustración marcó una transformación en la percepción de la infancia, derivando hacia una preocupación con un enfoque utilitario en la que se buscaba la aplicación de medidas políticas, educativas, jurídicas y asistenciales en beneficio de los niños. Sin embargo, también aumentó el abandono de niños. Una de las causas principales fue el crecimiento de la miseria en las clases populares. A medida que la población experimentaba un aumento significativo, los hospitales, cárceles e instituciones como las Inclusas (casas cuna) se encontraban cada vez más saturados. La desproporción entre el aumento de abandonos y el crecimiento poblacional era evidente, sugiriendo que la pobreza desempeñaba un papel fundamental en esta tendencia. La correlación entre el aumento de los precios y el abandono de niños también destacó la influencia de las crisis de subsistencias en este fenómeno. Periodos de hambruna y encarecimiento de los alimentos se asociaron con incrementos significativos en las exposiciones. A medida que se desarrollaron instituciones de acogida, como las Inclusas, en la segunda mitad del Siglo XVIII, se observó un aumento en el número de abandonos. La utilización de dispositivos como el «torno» facilitó la práctica, permitiendo depositar al bebé desde la calle en un cubículo que se recogía en una habitación interior de la institución. Sin embargo, la mortalidad infantil de estos niños continuó siendo alarmante. Y, a pesar de los cambios legislativos que despenalizaron este tipo de abandono y reconocieron a los niños abandonados en la caridad pública, persistíó el estigma social hacia las madres y los niños abandonados a lo largo del Siglo XIX y XX.
18. Concepción Arenal. Concepción Arenal, escritora y activista social española nacida en El Ferrol en 1820 y fallecida en Vigo en 1893, desafió las restricciones de su tiempo para acceder a la educación universitaria. Estudió derecho, sociología, historia, filosofía e idiomas en Madrid, incluso asistiendo a clases disfrazada de hombre. En 1847, contrajo matrimonio con Fernando García Carrasco, abogado y escritor, con quien colaboró en el periódico La Iberia. Su primera novela fue «Historia de un corazón», seguida por la publicación de «Fábulas en verso» en 1851. Tras enviudar en 1855, se retiró a Potes (Santander) y luego a Galicia. Influenciada por el pensamiento de Karl Krause y Francisco Giner de los Ríos, Arenal destacó por sus críticas a la injusticia social de su época, abordando temas como la marginación de la mujer, la condición obrera y el sistema penitenciario, desde el enfoque del reformismo social con raíces católicas. En 1862, publicó «Manual del visitador del preso», traducido a casi todos los idiomas europeos, y en 1864 fue designada visitadora general de prisiones de mujeres. Colaboró con Fernando de Castro en el Ateneo Artístico y Literario de Señoras, precursor de iniciativas posteriores para la educación de la mujer como medio para lograr la igualdad de derechos. Además, desarrolló una intensa actividad filantrópica, fundando el Patronato de los Diez, la Constructora Benéfica y el periódico «La Voz de la Caridad» en 1870. También fue secretaria de la Cruz Roja de Madrid y directora de un hospital de campaña durante la Tercera Guerra Carlista. Su obra reflejó reflexiones sobre la legitimidad de la guerra justa en defensa de los derechos humanos («Ensayo sobre derechos de gentes»), la reeducación de delincuentes en el sistema penal («El visitador del preso») y la intervención estatal en favor de los desvalidos («La beneficencia, la filantropía y la caridad»). Como penalista, abogó por una función educativa del sistema penitenciario para reformar al delincuente en lugar de castigarlo. Sus propuestas tuvieron gran impacto en el primer tercio del Siglo XX
