Portada » Historia » Evolución histórica de la Península Ibérica: Etapas y civilizaciones
En la península ibérica podemos encontrar restos en la Gran Dolina y en Atapuerca. El Homo antecessor, de origen africano y antepasado del Homo sapiens, contaba con una capacidad craneal de 1000 cm³. También destaca el Homo neanderthalensis, que era más robusto y con una capacidad craneal mayor. Hace unos 40.000 años apareció el Homo sapiens, lo que provocó la extinción progresiva del hombre de Neandertal.
Aparece en el Paleolítico superior (35.000-5.000 a. C.). Se centra en la zona cantábrica y se trata de un arte figurativo en el que destacan las pinturas de animales y la técnica naturalista. En la zona levantina también se encuentran pinturas al aire libre, destacando Lleida, Tarragona y Teruel. Este tipo de pinturas tienden a la esquematización y formaban parte de ritos y ceremonias de caza. También se han encontrado esculturas, grabados y pinturas en piedra, hueso y asta (arte mobiliar).
El Neolítico consta de dos fases: la inicial y la fase de Neolítico pleno.
Durante el tercer milenio a. C. surge la metalurgia del cobre; sus inicios se relacionan con el megalitismo en Extremadura y Andalucía. También aparecieron innovaciones en la agricultura como el uso de sistemas de riego, abono en los campos y la aparición del arado, que favoreció el crecimiento de la producción. También empezaron a construir poblados amurallados en zonas elevadas.
En el año 2200 a. C. se pasó a la metalurgia del bronce, la cual se caracterizó por el vaso campaniforme. Hacia el 1700 a. C. se desarrolla la metalurgia, destacando la cultura de El Argar (Almería), cuyos poblados destacan por sus murallas y torres defensivas.
Al final del segundo milenio hubo cambios en la península ibérica con la llegada de nuevos pueblos:
Entre los años 1000 y 500 a. C. se extendió por Andalucía y Extremadura. Su subsistencia se basaba en la agricultura y en zonas ricas en minas de plata, oro, cobre y hierro, con talleres dedicados a la fundición y fabricación de objetos. Su ubicación geográfica le aportó un papel clave en las rutas del estaño, plata y plomo. Desarrollaron vínculos de comercio con griegos y fenicios; su sociedad estaba dominada por la aristocracia y la cúspide social constaba de “monarcas”.
Se produce hacia el 226 a. C. y se fijaba el Ebro como límite entre Roma y Cartago: los cartagineses no se expandirían hacia el norte del Ebro y los romanos hacia el sur.
En el I milenio había tres culturas: iberos, celtas y celtíberos. Los celtas desarrollaron una economía agropecuaria, trabajaban la cerámica y fabricaban instrumentos y armas de hierro y bronce. Hablaban indoeuropeo, no conocían la moneda ni la escritura. Eran sedentarios y vivían en castros situados en montículos defendidos con fosos y murallas. Los ganaderos eran nómadas. Se organizaban en clanes y tribus con una casta guerrera predominante. Los celtíberos basaban su economía en la agricultura cerealista, ganadería, producción de hierro, torno alfarero, rueda, moneda y un alfabeto propio.
Habitaban en poblados amurallados con un plan urbanístico y viviendas rectangulares. Su economía se basaba en la agricultura, explotación de minas, metalurgia (armas y orfebrería), cerámica y tejidos. El comercio propició la adopción de moneda propia, escritura y urbanismo. Existía una jerarquización social con una aristocracia guerrera liderada por caudillos.
La llegada de los romanos produjo la Segunda Guerra Púnica, que enfrentó a Roma y Cartago. En el 238 a. C., los cartagineses desembarcaron en Gadir y dominaron el sur y sudeste peninsular. En el 220 a. C. idearon una conquista de Roma; para impedir el paso hacia Italia, los romanos enviaron dos ejércitos que desembarcaron en Ampurias. Esto fue el inicio de la conquista romana, que duró 200 años.
Roma impulsó en Hispania sus estructuras económicas, la utilización de mano de obra esclava y mejoras técnicas. Las tierras conquistadas pertenecían al pueblo romano (ager publicus) y eran repartidas a antiguos propietarios o colonos. La clase senatorial se hizo con grandes latifundios organizados en villas.
La agricultura y la ganadería eran la base económica (vino y aceite). Los romanos introdujeron técnicas como el barbecho, regadío y uso de animales de tiro. La actividad pesquera desarrolló el salazón de pescado, y la minería aumentó su productividad mediante nuevas técnicas.
La presencia romana introdujo elementos culturales en todo el territorio: se difundió la lengua latina, el derecho romano, el culto a los dioses romanos y el culto imperial.
