Portada » Educación Artística » Pablo Gargallo y Antonio Canova: Estudio Comparativo de Escultura Cubista y Neoclásica
Título: El Profeta
Autor: Pablo Gargallo
Datación: 1933
Tipología: Exenta
Material: Bronce
Estilo: Cubista
Tema: Religioso
Localización: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
Pablo Gargallo emigró con su familia en 1888 a Barcelona. Allí estudió en la Escuela de Llotja y se relacionó con artistas y arquitectos modernistas que frecuentaban el café «Los Cuatro Gatos». El modernismo influyó mucho en sus primeras esculturas. En 1903 viajó a París, donde contactó con las vanguardias parisinas y, en concreto, con Picasso. Esto propició un cambio en su obra. El escultor se aproximó al cubismo y al expresionismo. Gargallo, a partir de láminas delgadas de metal, creó esculturas caracterizadas por el juego entre volumen y vacío.
El Profeta es considerada la obra principal de este escultor aragonés. Representa una figura humana hecha a base de planchas de metal recortadas, estructuradas alrededor de un eje central y formado por la cabeza, la columna vertebral y la pierna izquierda. A partir de este eje se producen los diferentes puntos del cuerpo, elaborados todos a partir de ligeras planchas metálicas que se desarrollan en el vacío, de manera que el aire pasa a ser una parte intrínseca de la escultura.
La figura del profeta es representada por Gargallo con toda la fuerza, derivada de una expresividad gestual extraordinaria. La figura levanta en el aire con firmeza el brazo derecho mientras que con la mano izquierda sostiene con autoridad un báculo. Su actitud invita a seguirlo debido a la intensa energía que desprende, tanto física como espiritual. Más que un tema religioso, representa la fuerza de la palabra, el magisterio de la verdad como camino a seguir. Un camino que, de manera poderosa, el personaje señala con la energía de su gesto.
Esta es la escultura más grande de Gargallo y también la más conocida; sin embargo, el autor nunca la pudo ver fundida en bronce por falta de recursos económicos.
En El Profeta se sintetizan buena parte de las influencias que recibió la escultura de Pablo Gargallo:
La obra de Gargallo es uno de los mejores ejemplos de la conquista más revolucionaria de la escultura contemporánea: la introducción del vacío como elemento volumétrico, solución que también está presente en otros escultores contemporáneos como Henry Moore.
Función: Decorativa.
Esta obra recibe el nombre de Eros y Psique. Su autor fue Antonio Canova, un escultor italiano. Está fechada entre los años 1787 y 1793. Actualmente se encuentra en el Museo del Louvre en París.
Esta obra fue creada para un coronel inglés, John Campbell. Después terminó en las manos de Napoleón, el cual admiró mucho al artista y le encargó retratos.
Esta obra pertenece a la época del Neoclasicismo, caracterizada por el gran interés en la época clásica. El arte grecorromano se consideraba en estos círculos la expresión más elevada de los valores universales y de la perfección formal, basada en la racionalidad, frente a los excesos del Barroco o de las frivolidades del Rococó, que se identificaba con el Antiguo Régimen. En consecuencia, la escultura que fuera capaz de imitar los modelos antiguos sería, como el modelo mismo, insuperable.
Este grupo escultórico de mármol fue hecho con la técnica de la talla o el cincelado. Las superficies presentan un modelado suave, sin entrantes ni salientes acusados. Es una obra con un pulido muy cuidadoso que transmite una gran sensación de finura y delicadeza de la escena representada. Las dos figuras definen un espacio abierto y anulan la sensación de masa que produce el mármol.
Esta escultura interpreta un pasaje de la leyenda de Eros y Psique, extraído de la novela El asno de oro, de Apuleyo, un autor latino del siglo II. Eros se dispone a besar a su amada Psique para despertarla del sueño infernal en que había caído después de abrir una jarra que Perséfone le había entregado para Afrodita.
Esta historia se interpretaba como una alegoría de múltiples lecturas sobre las relaciones entre el amor y el alma. El autor quiere simbolizar, con esta escena, la liberación del alma y el triunfo del amor sobre la muerte.
