Portada » Latín » Historia de Roma: Origen, Monarquía, República y la Transición al Imperio
Tras la caída de Troya, Eneas, hijo de Anquises y de Venus, huyó de Troya avisado por su madre de que le esperaba un nuevo destino. Eneas y sus compañeros llegaron al Lacio, donde reinaba Latino, cuya hija era Lavinia y estaba prometida a Turno. Los hombres de Eneas y Turno lucharon; Turno murió y Eneas se casó con Lavinia. Ascanio, el hijo de Eneas de su matrimonio anterior, fundó la ciudad de Alba Longa. Ascanio fue el primer rey de una dinastía muy larga.
Diez reyes sucedieron hasta que Numitor ocupó el trono y su hermano Amulio lo destronó. Amulio obligó a la hija de Numitor, Rea Silvia, a convertirse en sacerdotisa de la diosa, exigiéndole mantener perpetua virginidad. El dios Marte quedó prendado de ella y se unió a ella; de esa unión nacieron Rómulo y Remo. Amulio ordenó arrojar a los recién nacidos al río Tíber, pero las aguas del río se apiadaron y condujeron la cesta hasta una orilla, donde una loba los halló, crió y amamantó.
Siendo adultos, Rómulo y Remo regresaron a la ciudad, expulsaron a Amulio del trono y se lo devolvieron a su abuelo Numitor. Decidieron fundar su propia ciudad, pero discutieron sobre el lugar donde debían fundarla y acordaron que el que viera más pájaros en el cielo decidiría. Remo vio seis pájaros desde el monte Aventino y Rómulo vio doce desde el Palatino. Rómulo dibujó en el suelo lo que serían las murallas de la ciudad y dijo que mataría a todo aquel que se atreviera a traspasarlas. Remo, enfadado por perder, las traspasó y Rómulo lo mató. Más tarde Rómulo fundó su propia ciudad.
Las grandes etapas son:
Lo que sabemos de este periodo se debe en gran parte a historiadores romanos que escribieron siglos más tarde. Se distinguen dos grandes periodos:
Rómulo fue el primer rey de Roma. Abrió las puertas de la ciudad a todos los hombres y formó una élite de 100 hombres, cuyos descendientes serían después los patricios. Para que Roma prosperara necesitaban mujeres, por lo que convocó una fiesta a los habitantes de las montañas sabinas. Los sabinos acudieron con su rey y, de forma brusca, Rómulo y sus hombres raptaron a las mujeres; a este enfrentamiento se le conoce como el rapto de las sabinas. Las mujeres interpusieron la paz entre ambos bandos y, más tarde, se asociaron a ellos también personas de Etruria.
Numa Pompilio, de origen sabino, promovió la ley y el orden e inculcó en su pueblo el sentimiento religioso. Bajo su reinado se creó el colegio de los pontífices y se construyó el templo a Jano.
Tulio Hostilio, de origen romano, impulsó campañas militares; fue durante su reinado cuando se destruyó la ciudad de Alba Longa. Anco Marcio, nieto de Numa, abrió el Aventino, mandó construir el primer puente de la ciudad y fundó Ostia, el puerto de Roma.
Tarquinio Prisco embelleció y modernizó Roma: mandó edificar el Circo Máximo, construyó un sistema de canalización de aguas y duplicó el número de senadores hasta 200. Servio Tulio dividió la población en cuatro sectores territoriales, organizó el ejército y realizó un censo de la población; de este modo reguló los derechos y deberes de los ciudadanos. Delimitó Roma con murallas incluyendo las siete colinas: Aventino, Palatino, Capitolino, Esquilino, Celio, Viminal y Quirinal.
Lucio Tarquinio, nieto de Tarquinio Prisco, gobernó de forma cruel y al margen del Senado, lo que le granjeó la antipatía del pueblo. Su hijo Sexto Tarquinio violó a Lucrecia, esposa de un noble, y ese hecho fue la causa del fin de su gobierno y de la monarquía.
Roma se convirtió en una ciudad estructurada: comenzaron el urbanismo, las murallas, el alcantarillado y los templos. El propio nombre de Roma podría derivar del etrusco rumon (río) o ruo (fluir): Roma sería la ciudad junto al río. A través de los etruscos, los romanos entraron en contacto con la civilización griega: alfabeto, dioses, mitos, arte y lengua.
En la República primaron las guerras de conquista y expansión y las luchas políticas internas. Entre todos los hechos históricos destacaron las guerras con Cartago.
Siglo V a. C.: tras la caída de la monarquía, Roma intentó solucionar sus conflictos internos y sentar las bases políticas y sociales para su expansión militar. A lo largo del siglo V derrotaron a los volscos, sabinos y etruscos.
Siglos IV–III a. C.: Roma venció a los samnitas (342–290 a. C.) y a los griegos del Epiro (282–272 a. C.). En el siglo III a. C., Roma ya era dueña de la península Itálica. Este panorama se vio ensombrecido por la amenaza cartaginesa, que también quería expandirse. Cuando los romanos tomaron una ciudad en Sicilia se desencadenó el conflicto de las Guerras Púnicas.
El sistema se basaba en tres pilares: las magistraturas, el Senado y las asambleas o comicios.
El Senado era el verdadero centro del poder político en la República. El cargo de senador era vitalicio. Sus funciones incluían: en política exterior declarar la paz o la guerra; en política interior, rectificar leyes, controlar a los magistrados y administrar la hacienda pública. Sus decisiones, llamadas senatus consulta, tenían gran autoridad práctica.
Al principio de la República hubo 300 senadores; la lista la decidían los censores cada cinco años entre los miembros del orden senatorial, compuesto por quienes habían desempeñado alguna magistratura. El senador con el cursus honorum más destacado recibía el título de princeps senatus. Los senadores que habían sido cónsules y sus descendientes formaban la nobilitas.
El equilibrio social alcanzado en el siglo II a. C. se rompió con las guerras de expansión. Los campesinos recibían pagos irrisorios por su trigo y los senadores usurpaban tierras a los vencidos; los caballeros se enriquecían con operaciones comerciales. Esto generó un abismo entre el proletariado, que vivía en la miseria y emigraba a la ciudad, y las clases acomodadas que vivían en la opulencia.
Los hermanos Graco (Tiberio y Cayo) intentaron paliar la situación social con reformas entre 133 y 121 a. C. La más importante fue la reforma agraria; ambos fueron asesinados y su muerte inauguró una etapa de guerras civiles. Entre los siglos II y I a. C. aparecieron figuras como Mario y Sila (Sila), rivales políticos: uno atendía más los intereses populares y el otro los de la aristocracia. Sila se enfrentó a Mario, lo venció y, tentado por restaurar la monarquía en su persona, se proclamó dictador; finalmente el Senado le obligó a abdicar.
Tras Sila, la situación siguió inestable. Surgieron César, Pompeyo y Craso, que se aliaron para establecer un nuevo sistema de poder: el primer triunvirato (gobierno de tres). Funcionó temporalmente, pero Craso murió poco después.
Pompeyo y César se quedaron confrontados; no pudieron coexistir y su enfrentamiento culminó con la victoria de César en la batalla de Farsalia.
Con el poder en sus manos, Julio César adoptó medidas de gran calado: distribución de tierras, reparto gratuito de trigo, fundación de colonias y la incorporación política de habitantes de las provincias. Estas reformas le dieron aún más poder. El Senado, temiendo que se inclinara hacia la monarquía, decidió acabar con su vida en los Idus de marzo del 44 a. C. César murió a los 56 años.
Tras el asesinato de César se formó el segundo triunvirato: Octavio (el futuro Augusto), Lépido y Marco Antonio. El experimento fracasó porque los tres deseaban el poder. Octavio eliminó pronto a Lépido y declaró la guerra a Marco Antonio, quien estaba más entregado a su relación con Cleopatra que al mando de sus legiones. Marco Antonio fue derrotado en el 31 a. C. en la batalla de Accio (Actium).
El pueblo celebró el triunfo de Octavio, quien impuso un freno a los enfrentamientos. Entre el 31 a. C. y el 27 a. C. Octavio consolidó su posición, recibió honores senatoriales como Augusto y Princeps, e instauró el principado, el primer periodo del Imperio romano. Octavio anexionó Egipto y asentó las bases del Imperio.
