Portada » Geografía » Neolítico Precerámico PPN-A y PPN-B: asentamientos, economía y rituales en Levante y Zagros
Es característico del Neolítico Precerámico A la existencia de viviendas con planta circular semiexcavada en el suelo, compartimentadas, con zócalos de piedra y muros hechos de adobe. Los asentamientos en cuevas desaparecieron y se redujo el número de poblados, aunque creció el tamaño de los mismos. Aparecen edificios monumentales de carácter comunal, cuya construcción supone un grado de organización social, especialización y jerarquización de sus habitantes que no se había producido hasta ese momento en ningún otro punto del planeta.
El origen del Precerámico A evolucionó desde grupos anteriores, en concreto desde los natufienses.
Aparecen las primeras hachas pulimentadas y útiles relacionados con la recolección del grano: hoz; y los relacionados con el procesado del grano: molinos, morteros y machacadores.
Surgió una agricultura incipiente o predoméstica, con la recolección intensiva de cereales silvestres que terminaron siendo cultivados de manera algo precaria. No existen indicios claros de la domesticación de animales; si existió, no tendría un peso importante. Se desarrollaron trabajos de cantería y también la fabricación de ladrillos de barro.
Se produce un aumento de la cohesión social y de la jerarquización, con individuos con cierta autoridad sobre los que recaía la gestión del trabajo y de los recursos. Se observa una progresiva especialización tecnológica y la constatación de intercambios a larga distancia.
Los cadáveres eran depositados en el interior de los poblados, bajo el suelo de las casas o fuera de ellas, en el patio. En Jericó se han encontrado enterramientos de cráneos separados del cuerpo.
Siguieron apareciendo figurillas femeninas en arcilla sin cocer. Esto es interesante porque enlaza con algún tipo de creencia del Paleolítico relacionada con el culto a la diosa madre y la fecundidad.
En la zona del Levante se constata la aparición de la primera ciudad: Jericó. Comenzó en el Natufiense y aumentó en extensión en el PPNA. Tenía una población de unos 500 individuos y se constituyó junto a un manantial de gran caudal con abundante vegetación, una zona idónea para el desarrollo de variadas actividades económicas. Las casas eran circulares y semiexcavadas en el suelo, con cimientos de piedra y compartimentación interna.
Jericó alcanzó gran prosperidad, lo que se observa en las materias primas alóctonas halladas, indicadoras de intercambios a larga distancia. Su prosperidad se debió a su excelente situación, con abundancia de recursos y el control de las rutas de intercambio. Debido a ello, surgió la necesidad de defender y proteger los recursos acumulados mediante la construcción de murallas, foso y una torre con escalera interior. La construcción de la muralla señala una sociedad más compleja, con un líder que moviliza y dirige a los habitantes (sociedad tribal, clánica o segmentaria).
En la zona de los Zagros existe una continuidad con la etapa anterior, pero con mayor sedentarización, con cabañas de planta circular y unicelulares. La economía se basaba en la caza y la recolección. Hacia el 8.500 a.C. aparecen ovejas posiblemente domesticadas; se constata, en los restos de ovejas jóvenes sacrificadas, que estos animales habrían estado controlados y agrupados. Hacia el 7.000 a.C. aparece la primera domesticación de ovicápridos, bóvidos y la gestión de cereales silvestres.
Una característica del Neolítico Precerámico B es la generalización de las viviendas de planta rectangular, distribuidas en el espacio con arreglo a un cierto urbanismo aglutinante: las casas compartían elementos arquitectónicos, lo que denotaría una cierta planificación previa. Según algunos investigadores, el cambio en las plantas de las casas estaría asociado a sistemas de sociedades diferentes: las plantas circulares a un sistema social de bandas (cazadores-recolectores) y las casas rectangulares a un sistema social segmentario (tribus o jefaturas).
Existe continuidad en el enterramiento de los cadáveres debajo de las casas, que previamente se habían dejado pudrir al aire libre. En Jericó y en Çatalhöyük se encuentran cráneos humanos moldeados con yeso o cal y pintados como parte de un tratamiento ritual.
Se generalizan las figurillas femeninas sentadas y de generosas caderas realizadas en arcilla sin cocer. Estas piezas enlazan con creencias del Paleolítico relacionadas con el culto a la diosa madre y la fecundidad.
En esta fase se produjo un desarrollo en la tecnología lítica con abundancia de útiles relacionados con la agricultura: molinos de mano y morteros; aparecen las puntas pedunculadas, y vajillas de piedra y yeso. Aparecieron las fusayolas y las pesas de telar. Cuando se encuentran estas piezas se las relaciona con labores textiles, y por consiguiente con la existencia de ganadería.
La economía se volvió más compleja. La agricultura y la ganadería estaban plenamente desarrolladas: domesticación de trigo, cebada y algunas leguminosas, así como de ovejas, cabras, cerdos y bóvidos. Las regiones más precoces fueron el corredor levantino y el eufrático.
Durante esta etapa se produjo un incremento general de los intercambios, posible gracias a la existencia de corredores naturales y de grandes poblados instalados en ellos, que generaban y controlaban esos intercambios. No se tiene certeza plena de que existieran artesanos especializados que se dedicaran íntegramente a la artesanía como medio de vida, pero posiblemente los hubo, al existir una economía de trueque. A finales del periodo apareció la cerámica.
