Portada » Filosofía » Examen Detallado de las Pruebas de la Existencia de Dios en Tomás de Aquino
Este documento presenta una revisión estructurada y corregida de varios fragmentos que abordan la demostración de la existencia de Dios por parte de Tomás de Aquino, incluyendo la refutación de objeciones y la exposición de las Vías.
El fragmento aborda el problema filosófico de la existencia de Dios, concretamente frente a la objeción que se apoya en la existencia del mal en el mundo. Tomás de Aquino expone una dificultad fundamental que un ateo podría formular contra la tesis teísta: si Dios existe y es el bien absoluto, no debería existir el mal; sin embargo, el mal es un hecho evidente. El texto recoge tanto esta objeción como la respuesta de Tomás, que pretende mostrar que la existencia del mal no hace imposible la existencia de Dios.
En primer lugar, Tomás formula la primera objeción contra la existencia de Dios. Esta objeción parte de un principio lógico-metafísico según el cual, entre dos contrarios, si uno es infinito o absoluto, el otro queda anulado. Aplicando este principio, se afirma que si Dios es el bien absoluto, el mal no puede existir; pero dado que el mal existe en el mundo, se concluye que Dios no existe. El razonamiento sigue una estructura deductiva del tipo modus tollens.
A continuación, Tomás ofrece la respuesta a la objeción, apoyándose en la autoridad de San Agustín de Hipona. Afirma que Dios es omnipotente y sumamente bueno, por lo que no puede querer ni causar el mal, ya que todas sus obras son buenas. El mal tiene su origen en el mal uso de la libertad por parte de las criaturas racionales, no en Dios. No obstante, Dios puede permitir el mal si de él se deriva un bien mayor. De este modo, la existencia del mal no contradice la bondad ni la existencia de Dios.
Además, en el fragmento C, Tomás introduce un argumento de autoridad bíblica tomado del Éxodo, donde Dios revela su nombre como “Yo soy el que soy”. Esta revelación expresa que Dios es el Ser necesario, eterno y no contingente, en quien esencia y ser se identifican (ipsum Esse subsistens). Este argumento refuerza la tesis de la existencia de Dios y se opone directamente a las objeciones planteadas.
El fragmento pertenece a la Suma de Teología, en concreto a la cuestión 2, artículo 3 de la primera parte, dedicada a demostrar si Dios existe. Se inscribe dentro del método escolástico de la quaestio disputata, que consta de la formulación de objeciones, un argumento de autoridad, la solución y la respuesta a las objeciones.
Desde el punto de vista filosófico, el texto tiene una gran relevancia metafísica, ya que aborda uno de los principales argumentos ateos contra la existencia de Dios: el problema del mal. Tomás integra aquí filosofía y teología, combinando la razón filosófica —inspirada en Aristóteles— con la fe cristiana, especialmente a través del pensamiento de San Agustín. El objetivo último de la Suma es esclarecer racionalmente el misterio de Dios, mostrando la compatibilidad entre fe y razón.
El fragmento aborda el problema de si es necesario admitir la existencia de Dios para explicar la realidad. En concreto, presenta una segunda objeción atea según la cual tanto los fenómenos naturales como las acciones humanas intencionadas pueden explicarse sin recurrir a Dios, utilizando únicamente principios intramundanos como la naturaleza, la razón y la voluntad humanas.
La objeción se apoya en el principio de simplicidad (o navaja de Ockham), según el cual no deben multiplicarse los principios explicativos sin necesidad. Partiendo del supuesto de que Dios no existe, se sostiene que los procesos naturales se explican por la naturaleza y que las acciones humanas deliberadas se explican por la razón y la voluntad humanas. De este modo, no sería necesario recurrir a Dios como principio explicativo de la realidad.
Frente a esta objeción, Tomás de Aquino responde que dicha explicación es insuficiente. Afirma que la naturaleza actúa orientada a fines, lo que exige la existencia de una inteligencia superior que la dirija, por lo que los seres naturales se reducen a Dios como causa primera. Asimismo, sostiene que la razón y la voluntad humanas son mutables, contingentes e imperfectas, por lo que deben remitirse a un primer principio necesario e inmutable, que es Dios.
Además, en el fragmento C, se reitera el argumento de autoridad bíblica del Éxodo (“Yo soy el que soy”), que fundamenta a Dios como ipsum Esse subsistens, reforzando la necesidad de un Ser necesario como fundamento último.
Este fragmento pertenece a la Suma de Teología: el artículo 3 (“si existe Dios”) de la cuestión 2 dedicada a demostrar racionalmente la existencia de Dios. Se inserta en el método escolástico de la cuestión disputada. El texto es especialmente relevante porque aborda uno de los principales argumentos ateos basados en la autosuficiencia de la naturaleza y de la razón humana, integrándose en la demostración de la existencia de Dios mediante las cinco vías.
El término principios designa las causas explicativas de la realidad. La naturaleza es el principio de los procesos naturales, mientras que la razón y la voluntad humanas son los principios de las acciones deliberadas. Dios es concebido por Tomás como causa primera de los seres naturales y como primer principio de las acciones humanas, en cuanto fundamento último, necesario e inmutable de todo lo que existe.
Los siguientes fragmentos exponen las famosas Cinco Vías de Tomás de Aquino, argumentos a posteriori basados en la experiencia sensible para demostrar la existencia de Dios.
Tomás de Aquino propone las “cinco vías” como los caminos por los que la razón humana puede conocer con certeza la existencia de un Ser supremo. La primera vía, que parte del hecho del movimiento observado en el mundo, plantea que Dios existe como primer Motor inmóvil, es decir, como la causa primera de todo movimiento o cambio que se da en el universo.
La segunda vía se centra en el orden de causas eficientes que observamos en el mundo. Su objetivo es demostrar que debe existir una Causa eficiente primera e incausada, es decir, un Ser que origine todos los efectos sin ser a su vez causado por otro. Este Ser es Dios.
Causa eficiente primera: Aquello que produce un efecto y no es efecto de otra causa anterior. Es el fundamento de toda la cadena causal observada en el universo.
La tercera vía se centra en la existencia de seres contingentes o posibles, es decir, aquellos que pueden existir o no existir. El tema principal es demostrar que debe existir un Ser absolutamente necesario, que sea causa última de la existencia de todos los seres contingentes. Este Ser es Dios.
La cuarta vía se centra en los grados de perfección observables en las cosas del mundo (bondad, belleza, verdad). Su objetivo es demostrar que debe existir un Ser sumamente perfecto, causa última de toda perfección en las criaturas. Este Ser es Dios.
Ser sumamente perfecto: Aquel cuya perfección es absoluta y causa de toda perfección en las cosas del mundo. Las criaturas participan de esta perfección de forma relativa y limitada.
El tema de la quinta vía es la existencia de Dios como Ser inteligente y ordenador, a partir del orden admirable que observamos en el mundo o cosmos: el ordenamiento de todas las cosas naturales, que carecen de conocimiento (racional).
Inteligencia ordenadora (quinta vía): Este Ser dirige todas las cosas naturales hacia su fin propio. Es necesario postular su existencia porque el orden y la regularidad observables en la naturaleza (donde los seres sin conocimiento actúan con propósito) no pueden explicarse sin una causa inteligente externa que los dirija.
En todos los fragmentos (1.3), se confirma que estos textos pertenecen a las célebres “cinco vías” de Tomás de Aquino, argumentos a posteriori que buscan demostrar racionalmente la existencia de Dios. Su propósito es ofrecer un conocimiento natural y accesible por la razón, complementario a la fe. Tomás distingue entre verdades de razón y verdades de fe, y estas vías buscan establecer racionalmente la existencia y unidad de Dios, refutando objeciones como el problema del mal o la autosuficiencia de la naturaleza.
