Portada » Filosofía » Fundamentos del Fenómeno Religioso: Historia, Estructura Humana y Cultura Cristiana
Las posiciones sobre el sentido de la vida son variadas:
Las experiencias de sentido distorsionado son aquellas experiencias religiosas que comunican un sentido falso, es decir, aquellas que se creen correctas y se viven en plenitud.
Hay dos corrientes:
Lo sagrado es virtud de la religión, que engloba previamente tanto los aspectos subjetivos de la experiencia religiosa, como sus aspectos objetivos. En otras palabras, lo sagrado es la misma realidad natural (que la profana) en cuanto alude a una presencia ontológicamente última.
Las hierofanías son series de realidades de todo orden, presentes en el mundo de las religiones, que realizan la función de presencializar para el ser humano, en el orden mundano, esa Realidad perteneciente a un orden de ser enteramente diferente, que hemos designado con el nombre de Misterio. Es decir, con el conjunto de realidades de todo orden que ponen de manifiesto lo divino y lo sagrado.
Existen diferentes tipos de hierofanías:
El Misterio tiene las siguientes cualidades:
Las actitudes religiosas son consecuencia de las cualidades que descubrimos en el Misterio.
Están formadas por el reconocimiento del Misterio y la búsqueda de la propia salvación en él. El primer rasgo responde al carácter trascendente de la realidad que esta actitud tiene como término el Misterio. El segundo, a su condición de realidad que interviene en la vida del hombre afectándole de manera incondicional.
Las actitudes religiosas son las siguientes:
Al hablar de cultura se resaltan en el discurso una serie de expresiones, entre las que se distinguen:
La inculturación es un aspecto de la evangelización y se vincula estrechamente con ella. Por medio de la inculturación el evangelio se encarna en las culturas, con la consiguiente asunción de valores y formas culturales.
El proceso de inculturación se puede definir como el esfuerzo de la Iglesia por hacer penetrar el mensaje de Cristo en un determinado ambiente socio-cultural, llamándolo a crecer según todos sus valores propios, en cuanto son conciliables con el Evangelio. El término inculturación incluye la idea de crecimiento, de enriquecimiento mutuo de las personas y de los grupos, del hecho del encuentro del Evangelio con un medio social.
La tarea de la inculturación supone esencialmente una doble fidelidad: fidelidad a las culturas particulares y a la universalidad del mensaje evangélico.
Por otro lado, la evangelización de las culturas hace referencia a la tarea de la Iglesia al tomar conciencia de la realidad plural y cambiante de ellas.
Es importante ver cómo el mensaje evangélico puede transformar las dimensiones de la cultura que afectan al pensamiento y a la acción colectiva (comportamientos, criterios de juicio, valores, costumbres…)
En otras palabras, evangelizar las culturas significaría, en buena parte, discernir, criticar e incluso denunciar aquello que, en una cultura, contradice el Evangelio y pone en peligro la dignidad del ser humano. La Iglesia mide con una preocupación evangélica la distancia que se establece entre ellas y las culturas modernas.
Para Benedicto XVI la Nueva Evangelización es aquella que debe buscar constantemente los medios y el lenguaje adecuados para proponerlos o volverles a proponer, a los que se han alejado de la fe, de la revelación de Dios y de la fe en Jesucristo. Es decir, es la que ha de asegurar el crecimiento de la fe límpida y profunda.
Las principales razones para la Nueva Evangelización son las transformaciones sociales de las últimas décadas, las cuales tienen causas complejas, que hunden sus raíces en tiempos lejanos, y han modificado profundamente la percepción de nuestro mundo. Esto también ha afectado a la dimensión religiosa de la vida del hombre, como la pérdida del sentido de lo sagrado.
En conclusión, la Nueva Evangelización es una acción sobre todo espiritual, es la capacidad de hacer nuestros, en el presente, el coraje y la fuerza de los primeros cristianos, de los primeros misioneros.
Para la Nueva Evangelización el cristianismo debe ser capaz de saber leer y descifrar los diversos escenarios que han surgido en la historia humana para habilitarlos y transformarlos:
El concepto cristiano de persona surgió de dos preguntas que desde un principio apremiaron al pensamiento cristiano como cuestiones centrales: la pregunta “¿Qué es Dios?” y la pregunta “¿Quién es Cristo?”. Para resolver estas dos cuestiones, que surgieron inmediatamente con la reflexión sobre la fe, esta reflexión se sirvió de la palabra prosopon (persona) hasta entonces carente de relevancia filosófica; le dio un nuevo sentido y abrió una nueva dimensión al pensamiento humano.
Por ello, cuando decimos que el hombre es persona nos referimos a que el hombre no es solo algo, es alguien; no es solo naturaleza, es persona. La persona es aquel ser que subsiste para relacionarse, si bien solo puede relacionarse si subsiste. Toda la vida social es expresión de su inconfundible protagonista: la persona humana.
La postmodernidad es una actitud escéptica que refleja el estado de ánimo de las sociedades liberales y capitalistas del final del siglo XX.
Sus características son:
Para justificar la ERE (Enseñanza Religiosa Escolar) vamos a partir de los derechos naturales que forman parte constitutiva del hombre por el hecho de ser persona. Se trata de los derechos positivos que reconocen las organizaciones de índole tanto nacional como internacional.
Según la legislación citada anteriormente, se puede concluir que la ERE es un derecho fundamental de la persona que, por encontrarse en un estado inicial de desarrollo, debe ser asumido por sus padres.
La enseñanza ERE es diferente y complementaria a la catequesis. La catequesis promueve la adhesión personal a Cristo y la maduración de la vida cristiana en sus diferentes aspectos. Mientras que la enseñanza escolar de la religión transmite a los alumnos/as los conocimientos sobre la cultura, la identidad del cristianismo y la vida cristiana, y cómo relacionar esto con los demás saberes.
La identidad del profesor de religión viene condicionada por el perfil profesional y por el perfil eclesial.
Dentro del perfil profesional del profesor de religión encontramos las siguientes identidades:
Dentro del perfil eclesial del profesor de religión encontramos las siguientes identidades:
El profesor de religión debe actuar de facilitador en todo el proceso de enseñanza-aprendizaje. Sus principales funciones son:
