Portada » Arte » Evolución de la escultura griega: arcaico, clásico y helenístico
Kuros: son imágenes de jóvenes desnudos de aspecto atlético. Sus características: el pelo se trata de un modo muy geométrico, excesivamente pegado a la cabeza; los ojos son almendrados y la sonrisa se denomina sonrisa arcaica. Los brazos se disponen a lo largo del cuerpo y el torso tiene forma triangular. Muchas de estas esculturas estaban sin desbastar en la parte posterior. Una de las piernas está adelantada en un intento por sugerir el movimiento, y las rodillas se resuelven en forma de triángulos invertidos.
Kore: doncella vestida, de pie; vestidas con túnica y velo denominado pelo dórico, y con los brazos doblados por delante del pecho.
La Dama de Auxerre: sacerdotisa con cuerpo rígido y facciones hieráticas; pies y manos de gran proporción.
El Moscóforo: la escultura representa a un joven que lleva sobre los hombros un becerro como ofrenda.
En este periodo los escultores se esforzaron por crear figuras vivas cuya presencia fuese más real e inmediata, que sobre todo tuviesen naturalidad y estuviesen activas ante los ojos del espectador.
Se inició la etapa clásica tras la victoria definitiva sobre los persas en el 479 a. C. Los griegos adquirieron gran confianza en su civilización. En la Atenas de Pericles, renovada después de vencer a los persas, se impulsó un amplio proyecto de embellecimiento.
Mirón: supuso un gran progreso del naturalismo y del estudio del movimiento. Su máxima preocupación fue la representación del cuerpo humano en movimiento; buscó posturas inestables y posiciones en movimiento interrumpido.
Policleto: desarrolló su actividad en la segunda mitad del siglo V a. C. Fue escultor sobre todo de atletas. Su preocupación por las proporciones del cuerpo humano le llevó a formular un cánon de proporciones perfectas.
Fidias: es el artista que mejor representa la escultura griega y el estilo idealista clásico. Su obra se produjo en el momento más esplendoroso de Atenas.
Praxíteles: creó imágenes de dioses cercanos y sensuales; suave modelado y curvas que humanizan y idealizan el cuerpo.
Scopas de Paros: apenas se conservan obras suyas, pero sus contemporáneos lo consideraron el autor que mejor representaba el temperamento airado y dramático de su época. Sus obras plasman magistralmente el interior del ser humano, con cierta predilección por lo trágico.
Lisipo: alargó el cánon del cuerpo: la cabeza pasa a ser una octava parte de la figura. Con este nuevo canon el cuerpo se vuelve más esbelto y las figuras ofrecen mayor altura.
Es la última fase de la civilización griega; abarca desde la muerte de Alejandro Magno en 323 a. C. hasta la conquista de estas zonas por los romanos. Sus generales se dividieron el territorio conquistado: Macedonia, Asia Menor, Siria y Egipto. La mayoría estuvieron gobernadas por dinastías de reyes helenísticos en esas regiones.
Escuela de Pérgamo: entre los siglos III y II a. C. existió un importante reino cuyos gobernantes pretendían enlazar con la Atenas clásica y protegieron la cultura y el arte.
Escuela de Rodas: trató temas trágicos donde el hombre vive en un estado límite; representa el dolor físico y el dolor moral, busca el dramatismo, el pathos, y exalta los sentimientos.
El Laocoonte: representa la agonía de un personaje de la mitología y sus hijos luchando contra una serpiente. Fue ideada para decorar un espacio público de la ciudad de Rodas, aunque parece que la versión que conocemos fue copiada por los romanos.
La Victoria de Samotracia: es una obra esculpida en mármol que se situó en la proa de un barco o como mascarón de proa. Probablemente se realizó para decorar alguna ciudad, quizás como recuerdo de un navío. Destaca su tamaño, ya que mide más de dos metros de altura; representa a una mujer alada que ha perdido la cabeza y los brazos.
Escuela alejandrina: las obras pertenecen al arte griego, concretamente a la época helenística. En esa época varias ciudades alcanzaron fama y prestigio por sus talleres de escultura.
Escuela clasicista: esta tendencia se desarrolló sobre todo en Grecia y en el sur de Italia y se caracterizó por su fidelidad hacia los modelos clásicos.
Escuela de Tanagra: las figurillas de terracota se habían realizado siempre, aunque con poca calidad. En el periodo helenístico se produjeron especialmente en la ciudad de Tanagra y en otras ciudades, por lo que se llaman tanagrinas. Eran figuras relativamente baratas cuya finalidad principal era decorar. Otras piezas eran exvotos (ofrendas fúnebres o religiosas) y representaban en su mayoría a mujeres jóvenes vestidas con ropas sofisticadas, con espejos, abanicos, sombreros de ala ancha y otros símbolos de moda. También hay figuras de animales.
