Portada » Historia » Transformaciones Políticas y Partidismo Durante la Mayoría de Edad de Isabel II
Durante el siglo XIX español, y tras el periodo de regencia durante la minoría de edad de la reina (1833-1843), Isabel II fue declarada mayor de edad y coronada como reina con 13 años. Desde entonces, durante su reinado personal, el liberalismo se asentó definitivamente en España.
Durante este momento, se alcanzó la etapa de mayor desarrollo del constitucionalismo español. Al Estatuto Real de 1834 y a la Constitución de 1837 —promulgada por los liberales exaltados durante la regencia de María Cristina— se sumaron los nuevos proyectos constitucionales moderados. La Constitución moderada de 1845 se convirtió en el gran proyecto del liberalismo isabelino, consolidando un estado no de ciudadanos, sino de contribuyentes, y logrando que los moderados se mantuvieran en el poder casi sin interrupción.
Además, asociado al surgimiento del liberalismo, aparecieron diversos partidos políticos:
De forma paralela, el Ejército se consolidó como un actor central de la vida política mediante el “pronunciamiento”, es decir, el uso de las tropas para asaltar el poder e imponer sus ideas. Además, la administración durante el reinado de Isabel II mantuvo elementos medievales y del Antiguo Régimen, aunque también introdujo cambios como:
Hubo, igualmente, cambios estructurales con desamortizaciones, fin de gremios y señoríos y la Ley de Sociedades Bancarias y Crediticias.
En total hubo 22 años de gobiernos moderados, intercalados con solo 2 años progresistas. La irrupción de progresistas, demócratas y moderados se produjo tras el rechazo hacia los moderados y hacia la figura que los legitimó, Isabel II.
En este periodo, Narváez volvió al poder y se aprobó una nueva Constitución (1845). La Corona y las Cortes compartían la soberanía y el poder legislativo; los diputados eran elegidos por sufragio censitario, y el Rey podía nombrar ministros y disolver gobiernos. Se normalizaron las relaciones Iglesia-Estado con el Concordato de 1851, que aceptaba la Desamortización y el Patronato Regio; a cambio, el Estado actuaba como protector de la Iglesia y controlaba la enseñanza. Se impulsó la Administración Pública, se crearon provincias controladas por gobernadores civiles y se reorganizó el territorio. También se implantó una nueva Ley de Ayuntamientos y se reformó Hacienda con nuevos impuestos. Apareció el nuevo Código Penal de 1848 y se creó la Guardia Civil en 1844 por el Duque de Ahumada.
Entre 1846 y 1848 hubo un levantamiento en Cataluña, conocido como Guerra de los Matiners, vinculado a la Guerra Carlista, que acabó fracasando, al igual que el intento carlista dirigido por Carlos Luis.
Los progresistas, apoyados por la milicia nacional, llegaron al poder tras el pronunciamiento de O’Donnell y la “Vicalvarada”. Se redactó el progresista Manifiesto de Manzanares, por Cánovas del Castillo. Se impulsó la ley de Desamortización de Madoz de 1855, aunque la Constitución progresista de 1856 no llegó a aprobarse. No obstante, la crisis económica y la división interna del progresismo favorecieron el regreso de los moderados. Espartero se situó a la izquierda de O’Donnell.
Tras nuevas divisiones, los moderados volvieron al poder, pero buscando mayor estabilidad. O’Donnell fundó la Unión Liberal, que actuó como partido de centro para progresistas moderados. Este periodo concluyó con la muerte de O’Donnell en 1863.
Después, se sucedieron gobiernos inestables, la Guerra de Marruecos, las expediciones a México e Indochina y el pronunciamiento de los progresistas en 1866, liderados por Prim. En 1868, progresistas y demócratas acordaron acabar con Isabel II y convocar elecciones. En 1867 los republicanos se unieron a ese pacto revolucionario y en 1868 estalló la Revolución Gloriosa, que puso fin al reinado de Isabel II.
