Portada » Ciencias sociales » Pensadores Clave en Ciencias Sociales: Críticas al Capitalismo, Sociedad y Tecnología
Gorz critica el capitalismo por su lógica de crecimiento ilimitado, incompatible con los límites ecológicos del planeta. Distingue entre una ecología superficial, que busca soluciones tecnológicas dentro del sistema (como autos eléctricos o reciclaje), y una ecología política, que propone una transformación estructural de nuestras formas de vida, producción y consumo. Para él, el trabajo en el capitalismo es alienante, ya que se trabaja para consumir, no para satisfacer necesidades reales. Propone reducir la jornada laboral, fomentar actividades no mercantilizadas y avanzar hacia una sociedad autónoma. Introduce la idea de desmercantilización de servicios esenciales como salud y educación, y sugiere una renta básica universal para reducir la dependencia del empleo. También cuestiona el uso de la tecnología, que muchas veces responde a intereses económicos más que al bienestar humano. Finalmente, plantea el concepto de suficiencia: vivir con lo necesario, priorizando la calidad de vida sobre el consumo.
Rothbard, fundador del libertarianismo moderno, propone una sociedad sin Estado basada en la libertad individual, la propiedad privada y el libre mercado. Su principio central es el de no agresión: nadie puede iniciar violencia contra otro o su propiedad. Critica tanto a la izquierda como a la derecha por justificar distintas formas de violencia estatal. Considera que el Estado es ilegítimo y que todos los servicios, incluso justicia y seguridad, pueden ser provistos por el mercado. Defiende la propiedad privada como extensión del derecho sobre uno mismo y rechaza la idea de “sociedad” como entidad moral. Para él, solo existen individuos, y cualquier acción estatal debe ser juzgada con los mismos criterios éticos que aplicamos a las personas.
Svampa analiza la transición del modelo nacional-popular al neoliberalismo en Argentina. El modelo anterior, basado en la industrialización y la ampliación de derechos, fue desmantelado desde los años 70, con hitos como el Rodrigazo, la dictadura del 76 y la hiperinflación del 89. Con Menem se consolidó el neoliberalismo: privatizaciones, exclusión social y concentración de riqueza. El Estado pasó de ser garante de derechos a gestor de la pobreza. En política, se impuso un decisionismo presidencialista, subordinación a la economía y gestión tecnocrática. La ciudadanía se fragmentó en tres modelos: patrimonialista (sectores altos), consumidor (clases medias) y asistencial-participativa (sectores excluidos). Esto marcó el paso de una ciudadanía universal a una segmentada y desigual.
Schorr analiza la independencia económica como un mito en la historia argentina, marcada por una triple dependencia: tecnológica (falta de industria propia), conceptual (hegemonía de las ventajas comparativas) y de divisas (escasez estructural de dólares). Identifica cinco causas de esta sangría de divisas: concentración y extranjerización económica, déficit industrial, déficit energético, fuga de capitales y deuda externa. Las soluciones posibles (endeudamiento, inversión extranjera, superávit comercial, ajuste) implican distintas configuraciones de poder. Concluye que superar esta dependencia requiere una disputa política contra los actores que se benefician del modelo actual.
Bauman y Donskis describen la “ceguera moral” como una insensibilidad creciente ante el sufrimiento ajeno, producto de la individualización moderna. Introducen el concepto de “adiáfora”, que refiere a la exclusión de ciertos actos o personas del juicio moral. Esta indiferencia es facilitada por la burocracia estatal y el mercado, que banalizan el mal. En la sociedad líquida, el exceso de información trivializa todo, y solo lo espectacular capta atención. El mal se descentraliza: no hay un único villano, sino una estructura que permite que todos participemos sin sentirnos responsables.
Sadin sostiene que la inteligencia artificial representa un cambio de civilización. La IA ya no solo asiste, sino que decide por nosotros, imponiendo una “aletheia algorítmica” (verdad automática). Este proceso desplaza nuestras capacidades humanas hacia sistemas automatizados, generando un antihumanismo radical. La IA se presenta como objetiva y eficiente, pero responde a intereses económicos. La ética promovida por las grandes empresas tecnológicas es superficial y no cuestiona el modelo de sociedad automatizada. Sadin propone recuperar el juicio humano y desarrollar una racionalidad alternativa que acepte la incertidumbre, el error y la deliberación colectiva.