Portada » Diseño e Ingeniería » Técnicas de Excavación Arqueológica: Historia y Metodología Estratigráfica
Las excavaciones arqueológicas consisten en intervenir superficies terrestres, subterráneas o subacuáticas para investigar restos históricos, paleontológicos y sus contextos geológicos. Su desarrollo está ligado al surgimiento de la geología moderna durante la Ilustración. James Hutton fue clave al introducir la idea de tiempo geológico, rechazando la cronología bíblica. Más tarde, Charles Lyell formuló el principio del actualismo, según el cual los procesos geológicos pasados deben entenderse a partir de los fenómenos actuales. Estas ideas también influyeron en Darwin al ofrecer una escala temporal suficiente para explicar la evolución por selección natural.
Antes de 1979, el registro estratigráfico en arqueología se basaba en principios heredados de la geología, como la asociación entre fósil y estrato, el tiempo profundo y las discontinuidades como marcas de cambios ambientales o eventos específicos. Estos fundamentos permitieron entender que los estratos representan secuencias cronológicas.
La excavación científica estratigráfica comenzó en Pompeya con Giuseppe Fiorelli en 1860, quien priorizó el estudio metódico de los estratos. Más adelante, en Olimpia (1875), Curtius y Adler aplicaron un método estratigráfico con apoyo del gobierno alemán, conservando los hallazgos in situ. Este enfoque influyó en futuras excavaciones en Delfos y Delos.
Otros pioneros fueron Pitt Rivers, que sistematizó el registro tipológico y cronológico de los hallazgos, y Flinders Petrie, que desarrolló una metodología organizativa de excavación en Egipto y Palestina. En España, Juan Cabré Aguiló y su hija Encarnación Cabré realizaron importantes excavaciones y estudios de arte rupestre como Los Casares y la Cueva de la Hoz.
A pesar de los avances, el método presentaba varios problemas:
Edward C. Harris revolucionó la arqueología al formular las leyes de la estratificación arqueológica y crear la Matriz de Harris, una herramienta fundamental para registrar y analizar estratos. Sus principios incluyen la superposición, horizontalidad original, continuidad original y sucesión estratigráfica. Sustituyó los cortes verticales y diarios de excavación por un sistema más preciso basado en fichas estratigráficas, registros gráficos y planimetría horizontal. Su experiencia en las excavaciones de Lower Brook Street (Winchester, 1965-1971) fue clave para desarrollar este método, utilizado para organizar miles de Unidades Estratigráficas. La Matriz de Harris sigue siendo un pilar esencial en la práctica arqueológica actual.
Edward C. Harris definió 4 leyes fundamentales para interpretar correctamente las secuencias estratigráficas:
El método de registro estratigráfico de Harris se basa en documentar con precisión las Unidades de Estratificación (UE), que pueden ser estratos, estructuras o interfacies, estas últimas clave en su sistema y antes poco consideradas. Las interfacies incluyen arrasamientos, zanjas o pozos. Cada estrato se describe por su textura, color, composición, contenido arqueológico, etc., y se excava en orden inverso a su deposición, del más reciente al más antiguo.
Harris sustituye el sistema Wheeler-Kenyon, centrado en cortes verticales y diarios de excavación, por un método más sistemático. Este incluye fichas estandarizadas para cada UE, un registro planimétrico horizontal y la Matriz de Harris, un esquema visual que representa las relaciones de superposición entre UEs, facilitando su interpretación. Las unidades se clasifican como depósitos (D), cortes (C) o estructuras (E) y se numeran, generalmente desde el 100.
La aplicación del método requiere preparación previa:
Este sistema renovó la forma de excavar e interpretar los yacimientos arqueológicos, estableciendo una base metodológica aún vigente.
Las estrategias de excavación arqueológica varían según el objetivo y las características del yacimiento. Una de las técnicas más comunes son las catas sondeo, que consisten en excavaciones de pequeña superficie, generalmente de 2×2 o 5×5 metros, utilizadas para identificar zonas de interés o protección dentro de un yacimiento. Aunque son intervenciones relativamente simples y económicas, su uso excesivo puede causar daños importantes al sitio, mientras que si se emplean de forma muy limitada, la información obtenida puede ser insuficiente. Los sondeos también son habituales en la arqueología de gestión, donde se emplean para evaluar el potencial del lugar o su estado de conservación antes de iniciar obras. Además, permiten obtener muestras paleoecológicas y geoquímicas para análisis especializados como el micromorfológico o palinológico.
Por otro lado, las trincheras son excavaciones orientadas a obtener una estratigrafía vertical, que permiten conocer la profundidad y composición de los depósitos arqueológicos en una zona concreta. Este método, que se enfoca en los cortes estratigráficos a lo largo de la trinchera, ha caído en desuso en la actualidad debido a sus limitaciones.
En la excavación de túmulos funerarios se emplea un sistema por cuadrantes. El círculo del túmulo se divide en 4 partes iguales y se excavan 2 de ellas en diagonal, dejando los otros 2 como referencias estratigráficas para comparar. Una vez alcanzada la cámara funeraria, se excavan los cuadrantes restantes, manteniendo algunos testigos estratigráficos que se desmontan solo cuando se ha excavado toda la estructura.
Una técnica más moderna es la excavación en área abierta, que surgió en la década de 1960 como alternativa al método Wheeler-Kenyon. Esta estrategia, utilizada principalmente en yacimientos romanos y medievales británicos, consiste en excavar amplias superficies sin dejar testigos o columnas de tierra, lo que facilita el análisis espacial. Dentro de esta metodología se aplica la “sección acumulativa”, que implica registrar la secuencia estratigráfica a medida que se excava, dibujando la superficie superior e inferior de cada estrato antes de retirarlo. Esto permite eliminar obstáculos que aislarían artefactos o estructuras y logra un mejor equilibrio entre la reconstrucción espacial y temporal del yacimiento.
La excavación arqueológica implica una destrucción irreversible del yacimiento, por lo que su objetivo principal es recuperar la mayor cantidad de información posible. Para ello, el registro en campo debe ser exhaustivo y el análisis en laboratorio minucioso. En la excavación, los materiales se extraen cuidadosamente, se registran con precisión indicando su ubicación y relación con otros elementos, y se almacenan adecuadamente para evitar daños, especialmente en materiales delicados como los metales, que requieren ventilación para prevenir la corrosión. Posteriormente, en el laboratorio, se limpian, clasifican, dibujan detalladamente y se fotografían antes y después de cualquier tratamiento, que puede incluir la consolidación y preservación de las piezas. Todo este proceso es esencial para reconstruir con rigor la historia y la función del yacimiento antes de que la excavación altere de forma definitiva la disposición original de los restos.