Portada » La Creación y los Orígenes de la Humanidad en el Génesis: Teología y Significado Bíblico
Adán era el único ser a imagen de Dios en la tierra. Dios afirmó: «No es bueno que el hombre esté solo» (Gn 2, 18) y formó a Eva a partir de la costilla de Adán como ayuda adecuada frente a él, manifestando idéntica dignidad ontológica y complementariedad como personas.
El matrimonio fue instituido directamente por Dios desde los orígenes de la Creación al configurar al ser humano como varón y mujer, en mutua igualdad y complementariedad. Por tanto, no constituye una convención o invención humana. Jesucristo confirma su indisolubilidad en el Evangelio (Mt 19: «Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre»), remitiéndose de forma explícita al designio original del Génesis.
La condición de varón o mujer no es un elemento accidental, sino una dimensión querida expresamente por Dios que determina la constitución de la identidad personal (configuración genética, cromosomas XX y XY, gónadas y fenotipo) e impregna la totalidad de las dimensiones de la personalidad.
Constituye una bendición porque confiere a los cónyuges la facultad de participar en el poder creador de Dios mediante la transmisión de la imagen divina a su prole (Gn 1, 28). Toda vida humana procede de Dios, le pertenece soberanamente y reviste carácter sagrado.
Enseña que en los albores de la historia humana aconteció una transgresión libre perpetrada por los primeros padres. Este hecho primordial repercutió en el conjunto del género humano posterior, provocando la ruptura de la amistad filial con Dios y la pérdida del estado de santidad y justicia original.
Estas heridas vulneran las cuatro potencias espirituales y anímicas del ser humano:
Constituye el primer anuncio explícito de la redención futura, pronunciado por Dios tras la transgresión original: «Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te herirá en la cabeza, mientras tú le herirás en el talón».
No existe incompatibilidad intrínseca. El magisterio cristiano no rechaza las hipótesis del evolucionismo biológico, siempre que estas no excluyan a Dios como Causa Primera del universo material y se salvaguarde la doctrina de la creación inmediata y directa del alma humana por intervención divina.
Dominado por la envidia al advertir que Dios aceptaba las oblaciones sinceras de su hermano Abel y desestimaba las suyas, Caín perpetró el primer fratricidio. Dios lo interpeló: «¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama hacia mí desde la tierra». En consecuencia, Dios dictó su sentencia, castigándolo con la esterilidad del suelo laborable y convirtiéndolo en un forastero errante sobre la faz de la tierra.
Fue un descendiente de la séptima generación en la línea de Caín. Se distinguió por su ferocidad, su sed de venganza desmedida («Si Caín será vengado siete veces, Lamec lo será setenta y siete») y por haber quebrado el orden de la Creación al introducir la poligamia en el relato bíblico.
Queda consignada en el capítulo 4 del Génesis con la figura de Lamec, quien tomó simultáneamente a dos esposas: Adá y Silá.
Identifica a los guías, padres y cabezas familiares representativas de la fe bíblica que gobernaron al pueblo en los albores de la Revelación (particularmente entre Adán y Moisés). Se distinguían por su estilo de vida pastoril, su liderazgo clánico y su notable longevidad testimonial.
La perversión moral generalizada provocada por la confluencia entre los linajes de Set y Caín, hecho que desató la inmoralidad generalizada, la poligamia y la violencia desenfrenada, al punto de que «todos los pensamientos del corazón humano tendían puramente al mal de continuo».
Las precipitaciones se prolongaron durante 40 días con sus 40 noches consecutivas. Trascurridos cinco meses, las aguas menguaron de forma gradual, permitiendo que el arca encallara en los montes de Ararat. Noé liberó inicialmente a un cuervo y posteriormente a una paloma, la cual retornó portando un ramo verde de olivo, evidencia manifiesta del renacer de la vegetación terrestre.
Al pisar tierra firme, Noé procedió a erigir un altar consagrado al Señor para ofrecer sacrificios en holocausto con animales y aves ritualmente puras, en testimonio de gratitud y alabanza.
Dios ratificó el mandato originario transmitido a Adán («sed fecundos y multiplicaos»), promulgó la prohibición taxativa del homicidio por ser el hombre imagen divina y se comprometió solemnemente a no volver a devastar la tierra mediante un cataclismo hídrico. El arcoíris quedó sellado como señal visible y universal de este pacto perpetuo.
Cam contempló con mofa la desnudez involuntaria de su progenitor embriagado, exponiéndolo ante sus hermanos. Su descendencia, individualizada en Canaán (los cananeos), cargó con la maldición y devino en antagonista secular de los descendientes de la promesa.
El móvil de la condena radicó en su desmedida soberbia colectiva, empeñados en levantar una edificación cúspide que alcanzara el firmamento para perpetuar su propio renombre con prescindencia voluntaria de la soberanía de Dios.
Dios confundió la lengua común de los constructores, frustrando su mutuo entendimiento y forzando su dispersión a lo largo y ancho de la geografía terrestre, dejando la urbe y la torre inconclusas.
Encarna el paradigma del orgullo de la naturaleza humana herida, el espejismo de la autosuficiencia humanista ajena a Dios, la división fraccionalista nacida del pecado y la pretensión falaz de forjar una unidad universal de espaldas al Creador.
