Portada » Arte » Evolución Arquitectónica del Renacimiento: De Florencia a Roma
A mediados del siglo XV, Florencia y su entorno se consolidaron como una república. Esta ciudad se identificó como capital cultural gracias a obras fundamentales como:
Familias poderosas, como los Médici (comerciantes, banqueros y administradores de los bienes del Papa), obtuvieron las riendas de la ciudad en 1432. Durante el mandato de Lorenzo de Médici, la modernización continuó a cargo de nuevos artistas renacentistas como Donatello, Masaccio y Brunelleschi, todos ellos vinculados al humanismo de Dante, Petrarca o Boccaccio.
La cúpula de Santa María del Fiore se construyó entre 1420 y 1436. La iglesia, iniciada en 1294 y ampliada en 1350, requería la construcción de una cúpula que nadie se atrevía a abordar. Brunelleschi asumió el reto, estudiando la manera de crear una construcción autoportante, basándose en el aparato mural de espina de pescado, debido al gran diámetro del cimborrio. Brunelleschi proyectó la linterna, aunque falleció antes de verla terminada.
Brunelleschi inventó una concepción espacial derivada del dibujo en perspectiva. Esto dio lugar a un nuevo método arquitectónico: una obra pensada totalmente acabada antes de su ejecución, presentada con el lenguaje clásico de los órdenes y las proporciones. La perspectiva determinó que cada elemento tuviera su lugar. Las superficies y volúmenes pasaron a ser delimitados, enfatizados y contenidos. Los colores se volvieron tenues para no interferir con las formas y sombras, y la fachada adquirió mayor preponderancia que la cubierta.
Se observaron cambios significativos en el lenguaje constructivo:
Desde Florencia, la arquitectura renacentista se extendió por Italia:
León Battista Alberti estudió el manuscrito de Vitruvio y escribió sus textos fundamentales. En uno de ellos, planteó las nuevas necesidades de la ciudad y teorizó sobre ella. En otro, fundamentó el clasicismo junto a una amplia reflexión sobre las necesidades técnicas y funcionales de la nueva arquitectura. Alberti anunció la “concinnitas”, es decir, la necesidad de ordenar las partes según leyes de armonía arquitectónica, y también destacó la simetría como medio para lograr dicha armonía y solidez.
Durante el papado de Nicolás V, se planteó un ambicioso programa de reformas físicas y artísticas para renovar la imagen de la Iglesia. Nicolás V, humanista y fundador de la Biblioteca Vaticana, estaba convencido de que el arte, sobre todo la arquitectura, era un eficaz instrumento propagandístico. Su programa, establecido junto con Alberti, constaba de tres ejes:
Tras la muerte de Nicolás V, y después de los pontificados de Pío II y Sixto IV, la llegada del papa Julio II permitió que los máximos exponentes del arte renacentista fueran llamados a la ciudad, y el programa de Nicolás V comenzó a ejecutarse.
Julio II promovió la reforma de Banchi, un barrio habitado principalmente por florentinos al otro lado del río, y construyó la Vía Julia, una calle paralela al río que llegaba hasta el Borgo. También ordenó la construcción de palacios al estilo florentino.
Donato Bramante, al servicio del Papa, reformó y construyó gran parte de los palacios vaticanos, la logia de San Dámaso, y toda la construcción que conforma el Patio de Belvedere, escalonado con una gran escalera imperial similar a la del templo romano de Pellestrina.
Su obra más relevante fue el Tempietto di San Pietro, concebido como un martyrium, donde las formas de la arquitectura antigua se mezclan con elementos simbólicos de renovación de la Iglesia. Se considera el edificio precursor de la nueva Basílica de San Pedro. Bramante trabajó en esta nueva construcción hasta su muerte, enfocada en la refundación de la iglesia sobre la tumba de Pedro.
El Sacco di Roma puso fin a aquel período esplendoroso de los Estados Pontificios. Las artes y la arquitectura sufrieron un retroceso durante varios años debido a la diáspora de artistas e intelectuales, asustados y sin empleo. El sacco también tuvo repercusiones negativas para Miguel Ángel. Cuando Florencia sucumbió, él trabajó para la República proyectando nuevas fortificaciones, pero al firmarse la paz entre el Imperio y el Papado, las tropas pontificias recuperaron la ciudad y Miguel Ángel tuvo que huir, siendo perdonado solo a cambio de continuar las interrumpidas obras de la Sagrestia Nuova.
Después de Trento, y una vez fallecido Miguel Ángel, la Basílica de San Pedro estaba cerca de recibir la cúpula. Vignola quedó como director de las obras, pero estas permanecieron paralizadas durante 24 años debido a la convulsión generada por la celebración del Concilio de Trento.
El Concilio impuso directrices claras en materia de arquitectura religiosa:
El arquitecto más importante de finales del siglo XVI en Roma fue Vignola. Redactó un tratado fundamental, “Los cinco órdenes de la arquitectura”, que facilitó enormemente su difusión. Construyó la Villa Giulia, la Villa Farnese y diversas iglesias en Roma.
Su obra de mayor repercusión fue la iglesia del Gesù, en Roma, inspirada en Alberti. Este diseño se replicaría en todo el mundo católico. Inicialmente, el Gesù era un proyecto manierista, pero la obra fue finalizada por Della Porta, quien, inspirándose en Santa María Novella, modificó la fachada, acortando y ensanchando la nave original.
