Portada » Lengua y literatura » El enigma de Héctor Miranda y la desaparición de Berta Ríos
Este libro nos cuenta la historia de Daniel Villena y Alicia, dos estudiantes de primero de Periodismo y novios, que tienen que realizar un trabajo de investigación para la asignatura de Teoría de la Comunicación, impartida por el profesor Iraola. Deciden investigar una noticia de actualidad: la muerte de Héctor Miranda y la desaparición de su novia, Berta Ríos.
La elección no es casual, ya que Daniel experimenta sueños y visiones que lo vinculan con estos personajes. En su primera visión, al llegar a casa, siente que alguien lo sigue; al entrar, percibe un silencio opresivo y en el espejo se le aparece un chico de 18 años, de pelo negro y rostro inexpresivo. En otra visión, mientras se ducha, unos dedos invisibles escriben el nombre “Berta” en el espejo. Al publicarse en el periódico la noticia de la muerte de Héctor, Daniel descubre con sorpresa que el fallecido es el mismo joven de sus visiones. Su padre, que es médico, ya le había hablado de Héctor, quien ingresó en el hospital tras recibir una paliza de extrema gravedad, supuestamente a manos de una banda de «cabezas rapadas» o «ñetas», permaneciendo en coma hasta su fallecimiento.
Tras obtener el visto bueno del profesor, Daniel y Alicia asisten al entierro de Héctor. Allí, el joven se le aparece de nuevo a Daniel, le toma la mano fría y susurra: “Berta”. Daniel lo repite en voz alta, provocando los celos de Alicia hasta que él le confiesa sus visiones. Buscando más información, consiguen el informe médico y visitan la calle donde vivía el chico. En un bar cercano, el camarero les informa que Héctor era muy simpático y que solía ir a los Karts de Carlos Sanz con un amigo que llevaba un pendiente de crucifijo negro.
En los karts localizan al amigo, Alejandro Cidones, quien describe a Héctor como un gran amigo, buen estudiante (quería estudiar Ingeniería de Telecomunicaciones), fuerte y atractivo. En el parque de San Isidro, lugar de la agresión, Daniel tiene otra visión de Héctor señalando algo en el suelo: un pin que Daniel recoge de inmediato. El objeto es rectangular, pequeño, blanco, con dos árboles esmeralda en forma de aspas y un círculo central con las letras CPRS.
Daniel lee un reportaje del periodista Abellán sobre la desaparición de Berta Ríos la misma noche de la agresión a Héctor. Abellán les sugiere hablar con el inspector del caso y les facilita el contacto de un detective llamado Carlos Valle. Esa noche, Daniel tiene una pesadilla y despierta gritando: “¡Bastero!”. Al investigar, descubren que es el nombre de una calle donde encuentran una tienda de antigüedades llamada “El Galeón Fantasma”.
En la tienda, Daniel ve un cuadro de una joven bella con vestido rojo y rosas blancas, idéntica a una mujer de sus visiones. El dueño del anticuario, un ser extraño llamado Séptimus, les explica que la chica se llamaba Belinda y murió de tuberculosis en 1942, curiosamente un 6 de octubre, el mismo día de la desaparición de Berta. Séptimus afirma haber amado a Belinda y haber asesinado al pintor, Iranzo, para comerse su corazón. Daniel sospecha de la veracidad de su edad, pues el hombre no parece tener los más de 90 años que debería tener.
Daniel visita al detective Carlos Valle para investigar el pin CPRS, aunque este no logra descifrarlo inicialmente. Posteriormente, el comisario les revela que Héctor y Berta cenaron en un restaurante exótico la noche del crimen y que no ha habido peticiones de rescate. También contactan con Helena Hidalgo, amiga de Berta, quien la describe como una estudiante ejemplar y amante de Julio Verne.
Es Alicia quien finalmente descifra el significado de CPRS: “Ciprés”. Esto los lleva al restaurante griego “Cipariso”. El nombre alude al mito griego de Cipariso, un joven que, tras matar accidentalmente a un ciervo sagrado, pidió a Apolo llorar eternamente y fue transformado en ciprés, árbol asociado al duelo. En el restaurante, la camarera Olga se muestra nerviosa y el dueño hostil. Días después, Olga les confiesa que esa noche tres hombres ricos cenaron allí, se acercaron a Berta y los siguieron al salir. Olga les entrega una factura a nombre de un abogado llamado Héctor (Melchor Alcázar). Al visitar su despacho, descubren una cita marcada para el día 21 en el Galeón.
El 21 de diciembre, Daniel y Alicia se esconden en el anticuario. Descubren una puerta secreta tras el cuadro de Belinda que conduce a un templo subterráneo con tapices mitológicos y un altar dedicado a Apolo y Cipariso con la inscripción CPRS. Bajo el altar, escuchan a Séptimus hablar con tres hombres, entre ellos Fernando Fuentes (tío de Berta). Descubren una trama perversa de tráfico de mujeres y asesinatos; los criminales planean una nueva «entrega de carne fresca» para el 5 de enero.
Tras ser rescatados por su amigo Sebas, informan al inspector Ostolaza y al subinspector Galindo, pero la policía no encuentra nada el día señalado y desacredita a los jóvenes. Poco después, Daniel y Alicia regresan al Galeón y encuentran a Séptimus muerto por una inyección letal. Tras investigar con un profesor de Bellas Artes, descubren que Séptimus era en realidad Raimundo María Iranzo, hijo del pintor, quien efectivamente asesinó a su padre y sufría trastornos mentales.
Tras las muertes del abogado Melchor Alcázar y de Fernando Fuentes, los chicos sospechan que hay un policía implicado. Aunque inicialmente dudan de Galindo, descubren que el verdadero culpable es el inspector Ostolaza. En una emboscada en el Galeón, Ostolaza intenta matar a Daniel, pero Galindo irrumpe con la policía y lo detiene. Se revela que la noche del crimen, los tres hombres intentaron secuestrar a Berta; Héctor murió al resistirse y Berta fue asesinada y violada tras reconocer a su tío.
Daniel, guiado por una visión y unos versos de José Zorrilla, deduce que el cadáver de Berta está en una tumba vacía del cementerio de la Sacramental de San Justo. Allí encuentran el cuerpo, cerrando el caso. Berta es enterrada junto a Héctor con el epitafio: “Los que viven en el amor no han de morir jamás”.
Al finalizar el caso, el profesor Iraola les otorga matrícula de honor. En la escena final, Daniel tiene una última visión de un coche sin conductor que se va a estrellar, confirmando que su sexto sentido sigue activo, aunque Alicia no pueda percibirlo.
