Portada » Lengua y literatura » Desigualdad y Percepción Infantil: Un Relato sobre Clases Sociales y Prejuicios
El tema principal de este cuento es el marcado contraste entre la clase alta y baja, así como la compleja relación entre patrones y sirvientes. La madre, una sirvienta resignada, intenta hacer comprender a su hija que, para la sociedad, ella es ‘solo la hija de la empleada’. Aunque a lo largo de la historia esta percepción parece desvanecerse, un evento final revela a la niña la cruda verdad, confirmando las palabras de su madre.
Esta historia posee una estructura interna dividida en tres etapas clave:
Desde los nombres, el de la empleada, Herminia, y el de su hija, Rosaura, ya se vislumbra el ambiente social al que pertenecen. La primera etapa se centra en una discusión entre madre e hija sobre el permiso para asistir a la fiesta. Por parte de la madre, inciden fuertemente los prejuicios sociales. Ella comienza ‘justificando’ el porqué su hija no debería ir al cumpleaños, calificándolo como ‘una fiesta de ricos’, una generalización cargada de prejuicio. Describe la ‘fiesta de ricos’ como si fuera algo inherentemente negativo o como si los ricos fueran personas malas. La madre no la deja ir al cumpleaños por el simple hecho de que son ricos, no por su maldad.
Luego, la madre le hace ver a Rosaura que era pretenciosa, que quería tratar de encajar en un lugar donde no pertenece, utilizando la expresión coloquial: ‘le gusta cagar más arriba del culo’. Esto avergüenza a Rosaura de su madre, algo que seguramente no le sucede a Luciana con su madre, Inés. Además, el texto aclara que, a sus nueve años, Rosaura tenía personalidad y era una buena estudiante. La mención de que la niña era buena estudiante quizás sugiere un deseo de ascenso económico, de ‘salir’ de su clase social y aspirar a ser rica; de tener un futuro diferente al de su madre, de trascender.
Posteriormente, Rosaura menciona que Luciana sí es su amiga y que está invitada, lo cual para Luciana también era así. Sin embargo, para Herminia, la madre de Rosaura, no lo eran realmente. La madre no puede analizar objetivamente su relación, ya que las diferencias sociales interfieren. ‘Sos la hija de la sirvienta, nada más’, le dice. Luciana no la veía así, pero los adultos, la madre de Rosaura y la prima de Luciana, sí. Cabe aclarar que ‘sirvienta’ era un comentario despectivo; la madre prefería que se dijera que era la hija de la empleada.
El texto menciona que Rosaura ‘iba todas las tardes a la casa de Luciana y preparaban juntas los deberes mientras la madre limpiaba… EN LA COCINA‘. Esta cita sugiere que, dado que Rosaura era una buena estudiante, su madre no tenía con quién dejarla, por lo que la llevaba al trabajo. Allí, Rosaura ayudaba y hacía los deberes con Luciana. Esta situación, desde el punto de vista de la madre de Luciana, ‘saca provecho’ de la inteligencia de la hija de la empleada para que ayude a su propia hija mientras se encuentra en la casa. Quizás, si Rosaura no fuera buena alumna, no permitiría que estuviera en la casa. También se menciona que los deberes los hacían en la cocina, lo cual posiblemente indica que Rosaura ni siquiera conocía otra parte de la casa, siendo un indicio del papel que tomaba en la otra familia.
Finalmente, Rosaura consiguió el permiso de su madre para ir a la fiesta, porque Herminia vio que verdaderamente quería ir al cumpleaños de su amiga. Tal vez Herminia se dio cuenta de que estaba siendo demasiado prejuiciosa. Como último aspecto de la primera etapa, después de conseguir el permiso, Rosaura eligió el mejor vestido que tenía y se lavó el pelo con vinagre de manzana para que le quedara más brillante. Primero, la descripción de su preparación destaca la manera casera de arreglarse de esa clase social. Por otro lado, la extrema preparación es un intento de encajar, pero el ir tan arreglada termina diferenciándola, ya que los otros niños de la fiesta, al pertenecer, no se preocupan por aparentarlo.
En la segunda etapa, Rosaura va a la cocina para ver al mono, pero ‘ella era la única que tenía permiso de entrar a la cocina, porque los otros son muy revoltosos y capaz rompen algo’. Este es otro indicio del papel que Rosaura desempeñaba para esa familia. Ella estaba acostumbrada a las actividades domésticas, mientras que los otros niños no, por eso podían llegar a tomar o romper algo.
Luego, Rosaura se topa con ‘la del moño’, la prima de Luciana. Este personaje es descrita como mala y atrevida con Rosaura, y a través de ella, la autora derrumba la idealización de que los niños no tienen prejuicios sociales. Esta niña le pregunta de dónde conoce a Luciana, y Rosaura termina contestando que ella era la hija de la empleada, como le había dicho su madre que dijera (y no ‘sirvienta’). Ante esta respuesta, la niña del moño no sabía a qué tipo de empleada se refería, lo cual puede interpretarse de dos maneras:
Siguiendo en la segunda etapa, en la hora de los juegos, Rosaura destacaba ya que ‘jugaba como los varones’ y era ‘bruta’, aunque esto no impedía que los demás niños disfrutaran de su compañía. Este aspecto es una característica de ese tipo de clase social, debido a que las mujeres adineradas eran tradicionalmente más delicadas. Cuando llegó la hora de la torta, la señora Inés solo le pidió ayuda a Rosaura para repartir, seguramente por la misma razón de que Rosaura era la única que podía ingresar a la cocina. A pesar de todo, la niña seguía con su inocencia, y tener el control de los trozos de torta la hacía sentir importante; para ella, estaba siendo el mejor cumpleaños del mundo.
Posteriormente, llegó el mago y el mono, lo más esperado para Rosaura. Primero pasó un niño gordito a hacer el truco, pero este se asustó. Luego, el mago, desesperado, eligió a Rosaura y el truco salió bien; esto la dejó contentísima, y apenas llegó su madre, fue lo primero que le contó.
La última etapa es el momento de las sorpresas, en el cual Rosaura y Herminia se estaban yendo, pero la señora Inés las detiene para la entrega de ‘sorpresitas’. A los niños les daba yo-yos, a las niñas pulseras, pero a Rosaura, en vez de darle un yo-yo o una pulsera como a los demás invitados, ‘saca dos billetes’. Esto no le sienta bien a Rosaura, debido a que ella había disfrutado la fiesta como si fuese una invitada más, pero al recibir el pago, entendió que Inés no la había invitado con ese propósito, sino para trabajar.
Inés, por su parte, no comprendía el malestar de Rosaura. Desde su perspectiva, había actuado con buena intención: la había invitado al cumpleaños y, además, le había dado dinero, pensando que le sería más útil que un simple juguete; lo consideraba un regalo. El relacionar su posición económica con el ‘regalo’, en vez de darle una sorpresa como a cualquier invitado, fue guiado por sus prejuicios sociales, ya que no veía a Rosaura más allá que como la hija de la empleada.