Portada » Economía » Fundamentos de la Acción Humana y Teoría Económica: Perspectivas entre Keynes y la Escuela Austriaca
El primer nivel de análisis económico es el del individuo, basado en la acción humana, entendida como toda conducta consciente y deliberada orientada a alcanzar fines mediante medios escasos. El individuo actúa porque siente una necesidad, es decir, una carencia que lo impulsa a fijarse un fin (el objetivo que quiere lograr) y a utilizar unos medios (instrumentos) que considera adecuados para conseguirlo. Todo esto se lleva a cabo con un plan de acción que es racional y deliberado.
En este proceso intervienen varios elementos clave:
Todo esto ocurre dentro del tiempo praxeológico, que es el tiempo tal y como lo siente y valora el individuo.
El segundo nivel de análisis económico es el de las relaciones de intercambio, que surgen cuando los individuos descubren que cooperando pueden satisfacer mejor sus necesidades que actuando solos. En el diseño de las organizaciones se representa cómo cada persona ofrece bienes y servicios que valora menos a cambio de otros que valora más, generando un beneficio mutuo.
De estos intercambios nacen instituciones sociales evolutivas como el mercado, el dinero o el lenguaje. Además, el proceso de integración entre los individuos es capaz de subsanar los desajustes y las situaciones de descoordinación de la mejor manera posible.
En el ámbito teórico, los economistas se caracterizan por su capacidad para discrepar, siendo las crisis económicas el mejor ejemplo: distintos enfoques interpretan causas diferentes y proponen soluciones distintas.
El keynesianismo postula que las crisis se deben a problemas de demanda —insuficiencia de demanda agregada— y que el Estado debe intervenir inyectando dinero, estimulando la demanda y aumentando el gasto público aunque genere deuda, mediante una política expansiva. Para Keynes, el desempleo se debe a la baja demanda y la solución es el gasto público.
La Escuela Austriaca, en cambio, considera que las crisis son fruto del propio intervencionismo, especialmente de las políticas monetarias expansivas que distorsionan las señales del mercado —los precios y los tipos de interés— y generan ciclos artificiales de auge y depresión. Para los austriacos, inyectar dinero no vía ahorro real, sino artificialmente, genera malinversiones que más tarde colapsan. Donde el keynesianismo ve la solución, la Escuela Austriaca ve precisamente la causa del problema. La crítica austriaca fundamental a Keynes es que carecía de una teoría de la estructura del capital: ignoraba que el capital no es homogéneo y que el dinero inyectado no llega uniformemente, sino por sectores concretos, distorsionando los precios relativos.
Tradicionalmente se enumeran los siguientes fallos del mercado:
Desde una óptica liberal y austriaca, se cuestiona la veracidad de estos fallos:
(Nota: Se mantiene el contenido repetido según lo solicitado)
¿Quién cuida de los bienes públicos y de ofrecer servicios socialmente deseables?: bienes de los que pueden disfrutar muchos, y que no pueden excluir a quien no paga (defensa nacional, vigilancia policial, limpieza pública). El mercado puede proveer prácticamente todos los servicios públicos y sociales (que, por otra parte, deberían ser mínimos).
Necesidades preferentes e indeseables (educación, sanidad, o vivienda para garantizarlos) ¿los bienes son buenos o malos en sí mismos?, ¿Quién decide eso?
Mala distribución de la renta: El mercado NO soluciona la necesidad de que cualquier ser humano, tenga cubiertas sus necesidades básicas mínimas (tiende a apremiar a los más fuertes). Falso, beneficia a los que más satisfacen necesidades ajenas y protege, por tanto, a los más necesitados (además existe la caridad, la beneficencia, altruismo, mecenazgo, ONGs, las iglesias, familias, amigos…).
Fallos en el logro del pleno empleo, estabilidad o crecimiento. No son fallos de mercado y se reajustan solos sino hay trabas intervencionistas (son fallos del intervencionismo).
Impulso a la insolidaridad y a las posiciones antagónicas, más allá del mundo económico: no exige integración social ni cooperación. En parte generadas por los poderes políticos y las élites empresariales y financieras que están en connivencia con ellos para aprovecharse de su poder.
Las políticas monetarias son herramientas del banco central para controlar la cantidad de dinero en circulación e influir en la actividad económica.
Se aplica para estimular la economía. El banco central aumenta el dinero en circulación, baja los tipos de interés y reduce el coeficiente de caja. Esto aumenta la renta disponible, el consumo y la inversión. Aunque a corto plazo genera un auge, a largo plazo provoca malinversión y burbujas, ya que los tipos bajos distorsionan las señales del mercado. Cuando el banco central deja de inyectar dinero, la economía entra en recesión.
Se aplica para frenar una economía recalentada. El banco central retira dinero, sube tipos y eleva el coeficiente de caja. Esto reduce la renta disponible y la demanda agregada. El resultado es una contracción: menor producción y empleo, pero menos inflación, aunque existe riesgo de estanflación.
La recesión es la corrección inevitable: el proceso por el que el mercado liquida las malinversiones y reasigna recursos hacia usos productivos.
Incluye estrategias como el comercio internacional, inversión extranjera y tratados comerciales.
El desempleo es la situación de las personas en la población activa que, deseando trabajar, no encuentran puesto. Genera profundos costes sociales.
La política monetaria (banco central) y la fiscal (gobierno) están íntimamente relacionadas. La combinación expansiva genera riesgo de inflación y deuda. A menudo, los gobiernos usan la política monetaria para financiar déficits fiscales, lo que la perspectiva austriaca considera peligroso: se monetiza la deuda generando inflación que empobrece al ciudadano.
El Estado intenta identificar sectores “clave” (agricultura, energía) para protegerlos. Crítica desde la EAE: Esto supone una «arrogancia del conocimiento» (Hayek). Ningún planificador sabe qué sector es estratégico sin precios libres. Genera capitalismo clientelar.
Sobre la política de innovación, la EAE sostiene que la innovación surge del mercado, no de comités públicos. La inversión pública suele estar politizada y orientada a modas.
El crecimiento real es el aumento sostenible del bienestar material, ampliando la capacidad de satisfacer necesidades de forma libre. No nace de ministerios, sino del orden espontáneo.
Conclusión: El modelo de oferta agregada a largo plazo es una herramienta de la macroeconomía convencional basada en modelos incompletos. Desde la óptica de la Escuela Austriaca, es una visión incorrecta, criticable y peligrosa.
(Nota: Se mantiene la repetición final del texto original)
No se puede tratar la producción como una variable agregada sin considerar la estructura y los procesos internos del mercado.
Conclusión:
El modelo de oferta agregada a largo plazo es una herramienta útil desde la perspectiva de la macroeconomía convencional que está basada en modelos incompletos y estáticos, pero desde la óptica de la Escuela Austriaca de economía se trata de una visión incorrecta, criticable y peligrosa.
