Portada » Griego » Historia de la Indumentaria en Mesopotamia y el Imperio Persa
Se inicia el vestir cubriente en Mesopotamia con prendas elementales (faldas, capas y mantos) elaboradas primero con pieles y después con tejidos de lana. El adorno favorito, los flecos, posiblemente procedan del gusto por las antiguas prendas de cuero que exhibían el vellón hacia el exterior (kaunakes o konakés) (fig. 2).
La desnudez continúa ampliamente aceptada, como en tiempos prehistóricos. Las cabezas se rasuran y adornan seguramente con pelucas e incluso barbas postizas. Solo hemos encontrado joyas en la tumba de la reina Puabi (fig. 1), pero esto no significa necesariamente que no gustaran a los varones.
Resulta difícil adjudicar una prenda de vestir a un sexo o a una función social: esto será sencillo en el futuro, pero no todavía.
Resulta difícil adjudicar una prenda de vestir específica a las mujeres. La llamada “Mujer de la toca” (figs. 5 y 6) viste un manto con una disposición simétrica que volveremos a ver en mujeres de otras regiones y milenios. En la cabeza muestra una cofia; no hemos encontrado varones con este tipo de adorno en Mesopotamia.
Seguramente el elemento más sobresaliente del atuendo mesopotámico (porque difiere significativamente de nuestras costumbres indumentarias actuales) lo constituye el extremo cuidado y arreglo de cabellos y barbas que muestran las representaciones de la aristocracia de Acadia, al norte de Mesopotamia. Sargón I, primer emperador de la región, luce arreglos peluqueros únicos en la historia de la humanidad (fig. 7). Serán secundados por los asirios y persas hasta muy avanzado el primer milenio antes de la Era Común (fig. 8). Hammurabi y Shamash aparecen así en el monolito que recoge el código babilónico (París, Louvre).
Las leyes suntuarias son las que afectan a los bienes que sirven para nuestra ornamentación y la expresión del lujo. Las más antiguas conocidas se pueden leer precisamente en el Código de Hammurabi (fig. 8), con una antigüedad de al menos 4.000 años.
Son las primeras que inducen a las mujeres a cubrir su cuerpo con ropas (más adelante un famoso mito de la región, Adán y Eva, dará razón teológica al pudor), incluidos los cabellos si se trata de mujeres castas; en coherencia, se prohíbe a las prostitutas el uso de tocas. Comienza aquí la historia del velo de cabello.
Las ropas de la aristocracia se enriquecen con bordados de motivos geométricos: Babilonia será desde entonces la capital del tejido recamado. Procedentes de regiones orientales, los habitantes de las tierras medias (los medos) asientan el uso de pantalones entre persas y europeos del centro y del norte: todos ellos conforman el grupo que griegos y romanos denominaban “bárbaros”. Pues bien, el pantalón será su distintivo durante al menos un milenio.
El Imperio Asirio dominó, empleando la brutalidad extrema y el terrorismo, a todos los pueblos del Creciente Fértil (egipcios, mesopotamios, etc.). A sus reyes los palacios se les quedaban pequeños, de modo que se hacían construir ciudades palatinas elevadas sobre plataformas donde residir junto a sus sanguinarios ejércitos. En el palacio de Nínive, el rey Asurbanipal fue representado peleando contra leones y montando al galope.
Estos caballeros amaban también la elegancia. Son representados con el rostro enmarcado por trenzas y barbas de exquisita factura, y sobre las túnicas interiores exhiben lujosos chales guarnecidos de flecos y bordados. La única imagen completa de una mujer asiria conservada es la esposa de Asurbanipal II y parece que viste un chal semejante al que empleaban los varones (fig. 12).
Mayor extensión abarcó el Imperio Persa conquistado por Ciro el Grande: desde Egipto hasta Pakistán. Los persas fueron la pesadilla de los griegos, a quienes combatieron en las sucesivas Guerras Médicas. Pero los persas no eran brutales como sus antecesores asirios.
Uno de sus profetas, Zaratustra, promovía una religión de la bondad y la misericordia, el mazdeísmo, cercana al budismo y prefiguración del cristianismo.
