Portada » Griego » La Épica Griega: Origen, Homero y su Legado en la Literatura
Según la etimología del término, épica proviene del vocablo griego ἔπος (palabra, discurso, canción y, por extensión, oralidad). Se trata, por tanto, de un género narrativo en verso cuyo tema histórico-mitológico recoge las hazañas legendarias de antiguos héroes. Su finalidad era, por una parte, la exaltación patriótica de un pueblo y, a la vez, ofrecer un ideal de valores morales a los que aspirar, encarnados por el héroe.
El origen de la épica griega hay que buscarlo en la época micénica, cuando los griegos se ven influenciados por las civilizaciones de Oriente y su literatura, ya madura, en la que se cultivaba el género, como la epopeya de Gilgamesh en Babilonia. A pesar de su carácter oral, su calidad era excelsa, lo que hace pensar en una larga tradición iniciada a finales de la Edad del Bronce (1200 a. C.), en la que el ἀοιδός o “cantor”, con acompañamiento musical, cantaba las hazañas de antiguos héroes de forma itinerante en los palacios de los reyes micénicos.
Estos “trovadores” ambulantes memorizaban largos poemas oídos a otros aedos y los reproducían de memoria gracias a unas técnicas de reelaboración e improvisación que fueron refinando los poemas y embelleciéndolos. La fijación de los poemas por escrito, gracias a la extensión de la escritura en torno al 800 a. C., limitó la actuación de los intérpretes —ahora llamados ῥαψῳδός o “rapsoda”— a la memorización y recitación de los poemas tradicionales sin alterarlos, utilizando un bastón para marcar el ritmo (ῥάβδος).
La literatura occidental se inicia con Homero, concretamente con los dos poemas épicos atribuidos a él por los griegos: la Ilíada y la Odisea. Poca información certera se tiene del poeta, aparte de que era oriundo de la región de Jonia, probablemente de la isla de Quíos, y que vivió en el siglo VIII a. C. La leyenda dice que era ciego y que habría pertenecido a una estirpe de rapsodas, “los homéridas”.
Ya en la antigüedad se puso en entredicho su autoría debido a las grandes diferencias entre ambas obras e incluso su existencia; algunos defienden que simplemente puso por escrito los poemas recitados por los aedos que circulaban de forma fragmentaria o que fueron obras de varios autores. Hoy se considera que la Ilíada, más arcaica, fue compuesta en primer lugar y, más tarde, influida por esta, la Odisea.
La Ilíada, dividida en 24 cantos, se enmarca en el noveno año de la guerra de Troya, centrando la acción en 9 días de combates decisivos. El relato se inicia con la μῆνις (cólera) de Aquiles por el robo del botín de guerra por parte de su aliado Agamenón. Aquiles se retira del combate provocando casi la catástrofe del ejército griego; volverá a la lucha solo para vengar la muerte de Patroclo a manos de Héctor, el príncipe troyano, cuya muerte simboliza la caída de la ciudad.
Es un poema lleno de fragor guerrero, cuyos personajes son casi exclusivamente héroes y dioses, pero en la que Homero imbuye su visión humana del héroe. Por una parte, Aquiles y su despiadada venganza, pero también su compasión al devolver el cadáver de Héctor a su padre Príamo. La Odisea, también dividida en 24 cantos, se centra en las aventuras de Ulises en su viaje de regreso a Ítaca (νόστος) después de la guerra de Troya, así como en las peripecias que acontecen en la isla desde su llegada hasta el encuentro con su esposa Penélope.
Es un poema muy diferente a la Ilíada, tanto en estructura como en temática:
Es un relato de aventuras, más psicológico y menos guerrero, con mayor presencia del mundo doméstico, diversos estratos sociales y divinidades más justas.
Los poemas épicos fueron compuestos en versos de métrica uniforme y ritmo vivo denominados hexámetro dactílico, que aportaban musicalidad al poema y permitían la memorización y la recomposición del mismo. La lengua empleada era un dialecto artificial basado en el jonio antiguo, inundado de elementos eólicos, arcaísmos y dobletes que le aportaban gran solemnidad y permitían cuadrar el verso de manera improvisada.
La dicción formular, que consiste en el empleo de diversos recursos lingüísticos, permitía en el contexto de la poesía oral recomponer el poema sobre la marcha, dándole mayor lentitud o viveza según conviniera. Los más comunes son las frases hechas, expresiones fijas, epítetos y adjetivos embellecedores.
La épica griega no se circunscribió a estas dos obras, sino que ambas se incluían en un grupo más amplio de poemas de temática común llamado ciclo troyano. En este se incluían poemas menores como las Ciprias y la Telegonía, ambas perdidas. El otro gran ciclo épico, también perdido íntegramente, es el tebano, que se centraba en las aventuras de Edipo.
Son una colección de 32 poemas épicos breves atribuidos a Homero, dedicados a un dios y empleados como proemio para recitar algo más extenso.
Uno de los subgéneros épicos más singulares es el de la épica paródica, de carácter cómico. La obra más destacada es la Batracomiomaquia, un texto pseudohomérico en el que se parodia la Ilíada representando a griegos y troyanos por ranas y ratones.
Ya en época helenística destacó Apolonio de Rodas con sus Argonáuticas, que describe la búsqueda del vellocino de oro por Jasón, ayudado por Medea, y su regreso a su patria. Es una poesía culta, muy sofisticada y con gran complejidad psicológica, como se aprecia en el retrato de Medea y su apasionado amor por Jasón, quien solo la usa para conseguir sus objetivos.
El principal representante de la poesía épica con carácter didáctico es Hesíodo. Posterior a Homero, vivió en el siglo VIII a. C. Hijo de un comerciante arruinado, se trasladó a Beocia donde, tras pleitear con su hermano Perses por la herencia paterna, se dedicó a la poesía. Sus principales obras son la Teogonía, en la que narra la genealogía de los dioses hasta el orden de Zeus, y Los trabajos y los días, en la que ofrece una serie de normas y consejos para la administración correcta de la hacienda y la vida en el campo dirigida a su hermano.
La Odisea fue la primera obra griega traducida al latín por Livio Andrónico, y Virgilio situó la Eneida en las postrimerías de la guerra de Troya. Durante la Edad Media se puede percibir su rastro en los poemas épicos franceses como la Chanson de Roland o el Cantar de mio Cid en castellano, cuyos temas empapan la poesía y el teatro del Siglo de Oro español. En la actualidad, forma parte del acervo común occidental en literatura, como el Ulysses de James Joyce, pero también en el cine, teatro, música y la cultura pop.
