Portada » Ciencias sociales » Fundamentos de la Convivencia Política, Organización del Trabajo y Desarrollo Tecnológico
La sociabilidad es un rasgo que forma parte del código genético de los seres humanos. Las formas específicas de articular esa sociabilidad, la polis, son el resultado de la actividad creativa de las personas.
Cuando el número de personas no es muy elevado, algo que fue frecuente durante un largo período desde el origen de la humanidad, apenas existen estructuras formales. Las relaciones políticas se basan sobre todo en el parentesco y en los grupos domésticos, con una fuerte presencia de relaciones interpersonales que utilizan normas consensuales para movilizar la opinión pública.
Con el crecimiento de la población se incrementan los recursos y se producen excedentes de bienes, lo que da lugar a formas más complejas de organización.
El Estado nace para resolver problemas, buscando satisfacer las necesidades de la población y preservar un sentido de pertenencia y comunidad. Su aparición conlleva:
Existen diferencias organizativas y funcionales entre Estados. En las repúblicas, el poder se alcanza mediante procesos de elección, mientras que en las monarquías existe una línea sucesoria. Históricamente, la religión legitimaba el poder (teocracias), aunque hoy predomina la separación entre religión y Estado. Aristóteles clasificó los gobiernos en aristocracias, monarquías y democracias, advirtiendo sobre su degeneración en oligarquías, tiranías y gobiernos demagógicos.
Todo Estado conlleva un territorio, lo que frecuentemente deriva en conflictos bélicos. Existen Estados plurinacionales, Estados vinculados a una nación y naciones sin Estado. El ejercicio de sus funciones plantea retos de legitimidad:
A lo largo de la historia, grandes imperios han intentado conciliar tradiciones diversas:
A los seres humanos nos gusta estar activos. Hannah Arendt distingue tres tipos de actividad en la vida activa:
Durante las revoluciones industriales, el trabajo fue exaltado y la pereza denostada. Paul Lafargue, en contraposición, reclamaba el «derecho a la pereza» como una exigencia revolucionaria, buscando liberar a la humanidad de la esclavitud del trabajo constante.
Emprender implica asumir riesgos y retos. Según la RAE, una empresa es una unidad de organización dedicada a actividades industriales, mercantiles o de servicios con fines lucrativos. Se distingue entre la persona emprendedora (quien asume el reto) y la empresaria (quien constituye la entidad).
Existen empresas con y sin ánimo de lucro. En las primeras, el beneficio puede derivar en codicia, lo que hace necesaria la Responsabilidad Social Corporativa (RSC), donde la sostenibilidad y el fin social deben priorizarse sobre el beneficio económico.
El trabajo asalariado se define por:
La toma de decisiones suele estar centralizada en los propietarios, creando una jerarquía. Mientras los ejecutivos buscan maximizar beneficios, los trabajadores priorizan condiciones laborales saludables y satisfactorias.
Lo artificial es aquello que no tiene en sí mismo el principio de su propio cambio, requiriendo un diseño y una técnica. Tanto Platón como Aristóteles utilizaron la figura del artesano para explicar la metafísica y la causalidad.
La técnica es fundamental en nuestro proyecto de vida. No solo sirve para cubrir necesidades básicas, sino que genera nuevas posibilidades que nos diferencian radicalmente del resto de los animales.
Según Heidegger, la técnica no es solo instrumental; es un «desvelamiento» de la realidad. En su sentido genuino (tecné y poiesis), guarda relación con la verdad, aunque la técnica moderna se ha convertido en una exigencia de energía a la naturaleza.
La tecnología nunca es neutral; está vinculada a la moral y la política. Sus objetivos deben ser:
Los seres humanos somos seres activos por naturaleza. Se distinguen actividades de pura subsistencia (esfuerzo sin compensación) y actividades que ponen en marcha nuestras capacidades cognitivas superiores, las cuales resultan intrínsecamente gratificantes.
