Portada » Francés » Protocolo de Recolección y Preservación de Evidencia Biológica en Escenas del Crimen
La recolección apropiada y la preservación de las evidencias biológicas son un punto crucial para el éxito de las pruebas de ADN, toda vez que de ello depende que dicho material pueda tener valor probatorio en un proceso penal. En casos forenses, la recolección de la muestra se puede dar de varias formas; a continuación, se enumeran las más importantes:
Los pelos y cabellos pueden ser dejados en el cadáver, en la víctima o en la escena del crimen por múltiples personas. Constituyen una muestra relativamente frecuente en casos de homicidios, agresiones sexuales, robos y secuestros. Siempre es conveniente que sean colocados en bolsas individuales.
Se debe tomar en cuenta que el ritmo normal de caída de cabello en una persona es de aproximadamente cien por día, por lo que es una evidencia frecuente. No obstante, es importante notar que es una muestra difícil de procesar, generalmente por los frecuentes tratamientos de decoloración y por el elevado contenido en melanina, sustancias inhibitorias de las enzimas del ADN. Los pelos con bulbo solo son útiles para el estudio del ADN nuclear, razón por la cual debe obtenerse siempre pelo arrancado. En cada caso es suficiente arrancar de veinte a cincuenta pelos de la región pubiana, de la cabeza y de las axilas. Cuando el bulbo no está presente, solo se podría estudiar el ADN mitocondrial.
En casos de pelos y cabellos encontrados sobre la víctima, los siguientes hallazgos suelen ser los más informativos:
Los pelos contienen poco ADN dependiendo del tamaño y la antigüedad del bulbo radicular, de aquí que solo sean útiles los cabellos arrancados recientemente y no los obtenidos por corte. Asimismo, en la superficie externa del preservativo se puede encontrar una cantidad considerable de células de la víctima, así como espermatozoides del agresor en la superficie interna.
La evidencia biológica comprende todo tipo de muestra orgánica que puede vincular a un individuo con un lugar, una víctima o un objeto. Los avances en genética han revolucionado la capacidad de resolver crímenes gracias a este tipo de evidencia. El ADN contiene el código genético único de cada persona.
“Buenos días, compañeros. El día de hoy voy a explicar todo el proceso criminalístico, desde el inicio hasta el análisis de laboratorio, a través de un caso práctico, para que podamos entender mejor cómo se aplica en la realidad. Este caso se desarrolla en una zona montañosa ubicada en una aldea del municipio de Santa Catarina Pinula, donde es localizado el cuerpo de una persona.”
A lo largo de la exposición, explicaré paso a paso cómo se realiza:
Todo esto siguiendo los protocolos del Ministerio Público y el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF).
La recolección y preservación de las evidencias biológicas es fundamental para que las pruebas de ADN tengan valor dentro de un proceso penal. Si estas muestras no se recolectan correctamente desde el inicio, toda la investigación puede perder validez.
El tratamiento correcto de la evidencia sigue un proceso estandarizado que garantiza su fiabilidad ante un tribunal.
Todo inicia cuando la Policía Nacional Civil recibe el aviso de un cuerpo en la zona montañosa. Ellos aseguran el área para evitar contaminación y notifican al Ministerio Público. En esta etapa, todo lo encontrado se llama indicio, porque aún no ha sido analizado.
Cuando llega el perito, se coloca su equipo de protección (traje especial, guantes, mascarilla y gafas) para no contaminar la escena, proteger su salud y no dejar evidencia propia.
Antes de tocar cualquier cosa, se documenta todo mediante fotografías, croquis y medición de distancias. Se inicia el informe anotando hora, clima y posición del cadáver.
Se recogen los del suelo (indicios) y los del cuerpo (muestra de control) utilizando pinzas con punta de goma, guantes de nitrilo y sobres de papel. En el cuerpo, se arrancan para obtener la raíz. Aquí los indicios pasan a ser evidencia.
El procedimiento correcto es:
Es vital no usar plástico y evitar la humedad.
Se rotulan los sobres con número de caso, nombre de la víctima, fecha y descripción.
Se registra quién tiene la evidencia en todo momento. Cada persona firma, traslada la responsabilidad y garantiza que la muestra no sea alterada.
La evidencia se envía al INACIF. Los cabellos se transportan en cajas rígidas, sin necesidad de refrigeración si están secos. En el laboratorio se analizan mediante microscopía y pruebas de ADN.
Si los cabellos no pertenecen a la víctima, indican contacto con otra persona, lo cual ayuda a reconstruir la mecánica de los hechos (por ejemplo, en casos de lucha o estrangulamiento).
En resumen: todo inicia como indicio, se convierte en evidencia al recolectarse y se vuelve prueba al presentarse ante un juez. Algo tan pequeño como un cabello puede ser la clave para resolver un caso penal.
