Portada » Economía » Áreas funcionales de la empresa y proceso de control administrativo para optimizar el desempeño
Las distintas actividades que la empresa realiza se pueden agrupar en las áreas funcionales bajo la gerencia general:
Objetivo: detectar, captar, mantener e incrementar un segmento del mercado que satisface una necesidad determinada.
El mercado objetivo se logra mediante la segmentación de un mercado mayor; es decir, la división del mercado en grupos humanos en función de ciertas variables (variables de segmentación). Mientras mayor sea el número de variables, más pequeño será el segmento.
La mezcla comercial se refiere a los elementos que la empresa combina para satisfacer al mercado objetivo. Habitualmente se describe mediante los elementos clásicos de la comercialización:
Cuando los mercados son más pequeños, se obtiene una utilidad mayor, ya que el precio de los productos suele ser mayor al ser específicos. Cuando los mercados son grandes, la utilidad se obtiene por consumo masivo.
Las etapas de distribución dependen de la cantidad de intermediarios que existan en el proceso.
El control, como función administrativa, considera las actividades que se emprenden para garantizar que lo real coincida con lo planificado. Permite la supervisión y comparación de los resultados obtenidos frente a los resultados esperados, asegurando además que la acción dirigida se esté llevando a cabo de acuerdo con los planes de la organización y dentro de los límites de la estructura organizacional.
El control es el proceso de evaluación tendiente a determinar la real o efectiva aplicación del sistema de planeamiento integral establecido para la organización. Gráficamente, el proceso de control puede adoptar una forma circular, identificando la acción continua entre sus fases y una retroalimentación permanente.
Esta etapa se relaciona directamente con la fase de planeamiento, donde se definen los objetivos o acciones a realizar. El control surge como la instancia necesaria para medir el cumplimiento de lo planeado. Se requiere la definición de una base, un estándar o un indicador de la gestión, es decir, el nivel de desempeño esperado (unidad de medida) para una acción o un objetivo.
Normas usadas en las distintas áreas funcionales para medir el desempeño
Se evalúa el grado de rendimiento real frente a los parámetros preestablecidos. Para ello se recurre a diferentes fuentes, como:
En esta etapa se determina el grado de variación entre el rendimiento real y el estándar. Es fundamental para el administrador determinar el rango de variación aceptable. Este parámetro, fijado de antemano, permitirá reconocer aquellas desviaciones que exceden dicho rango considerándolas significativas. El administrador considerará las desviaciones significativas en función de la magnitud y la dirección de esas variaciones.
Como producto de la comparación se identifican las desviaciones significativas. El administrador debe avanzar en el análisis de las causas que originaron esas desviaciones, valerse de herramientas e información necesaria para identificar las causas más probables y así garantizar el diseño de acciones correctivas eficientes.
Identificadas y analizadas las desviaciones significativas, se diseña e implementa la(s) acción(es) correctiva(s). Por un lado, el administrador podrá corregir el rendimiento real si la fuente de la desviación ha sido la presencia de acciones de trabajo deficientes; por otro lado, podrá decidir revisar el estándar cuando la desviación identificada sea resultado de la utilización de un estándar poco realista. En este último caso, el objeto de la acción correctiva es el estándar.
