Portada » Geografía » Principios Fundamentales para la Gestión y Establecimiento de Viveros Forestales y Ornamentales
Para comprender la gestión de viveros, es crucial conocer la siguiente terminología:
La localización de un vivero en una región amplia requiere la elección de varios puntos adecuados, su visita y la consideración de las prioridades más idóneas. Los principales factores para una buena ubicación son:
El clima determina la capacidad de producción y las limitaciones del cultivo, incluyendo:
Se deben evitar cotas muy altas que impliquen riesgo de heladas y periodos vegetativos excesivamente cortos, aunque algunas especies específicas lo demandan.
En la gestión y organización de viveros es necesario disponer de suficientes horas-frío acordes a la especie, ya que su carencia provoca menor brotación, menor precocidad e incluso la muerte.
La pluviosidad no debe considerarse suficiente; por lo tanto, es necesario regar incluso en zonas de altas precipitaciones. La economía del agua es un factor limitante en el clima mediterráneo seco, ya que define el tamaño del vivero y la cantidad de plantas producidas. El agua se utiliza también en invierno para el arranque y el riego.
La cantidad necesaria depende del tipo de suelo o sustrato, la evapotranspiración y el tamaño del vivero. La calidad del agua puede ser restrictiva:
La fisiografía del terreno más adecuada son tierras llanas o de leve pendiente, evitando pendientes acusadas. En viveros forestales se prefiere la solana en climas fríos y la umbría en climas cálidos; en viveros de frutales, se prefiere la solana. Se debe descartar la orientación a Levante por riesgo de escarchas.
Los accesos al vivero deben tener buena comunicación y terreno firme, ya que lluvias, encharcamientos o nieve pueden dificultar el tránsito y perjudicar la maquinaria.
El suelo del vivero debe ser fértil, ligero, permeable, rico en materia orgánica, de naturaleza fresca y fácilmente regable. Las características físicas del suelo se comprueban mediante catas y muestreos de los primeros 50 cm, considerando la profundidad, la textura y la pedregosidad.
La regulación del riego debe considerar las necesidades de agua de las plantas, las condiciones climáticas y las características de los suelos y sustratos. Se aconseja regar con una dosis fija de frecuencia variable para evitar todo estrés a la planta.
El suelo se comporta como un almacén de agua a disposición del cultivo. Se definen dos límites clave:
La diferencia entre ambos es la Reserva Útil ($ ext{RU}$), que determina la cantidad de agua del suelo disponible para las plantas. La disponibilidad de agua depende del sustrato, del sistema de riego y del volumen del contenedor.
La capacidad de retención de agua es máxima en inmersión total y mínima en riego por goteo. En riego localizado la aportación de agua se realiza individualmente. En aspersión se utilizan coeficientes de captación ($ ext{Kcap}$) para clasificar las especies vegetales.
La estructura de una planta en vivero depende de su capital genético y está fuertemente influenciada por su medioambiente, en particular durante los tres primeros años, repercutiendo en la calidad del producto y su homogeneidad. El crecimiento de los vegetales leñosos depende de la fisiología de sus yemas.
Influyen dos fenómenos esenciales:
La densidad de plantación repercute considerablemente en el crecimiento, acentuando la dominancia apical cuando es elevada. El entutorado favorece la evolución de la parte terminal del tallo y el crecimiento en altura del tronco. Los despuntados inducen una ramificación basal y forman la estructura de la planta.
En el desarrollo intervienen otros factores como el portainjertos, el sistema radicular, la nutrición hídrica y mineral, la temperatura del suelo y la aportación de sustancias de crecimiento que modifican la estructura de las plantas.
En la protección de los cultivos en el exterior, los daños pueden deberse a agentes climáticos (frío, viento, insolación y calor) y a animales.
Entre los sistemas de protección destacan:
El viento provoca daños físicos, vuelco de contenedores, aumento de la evapotranspiración, facilita plagas, enfermedades y malas hierbas, y afecta al porte del árbol. Un método eficaz de protección es el cortavientos, preferentemente semipermeable, natural o artificial.
La época de trasplante depende de la tipología de las plantas:
Una vez que el cepellón ha sido escayolado, deberá depositarse en posición vertical en un lugar protegido y asegurando que permanezca húmedo. El hoyo deberá ser más grande que el cepellón para que el árbol enraíce fácilmente.
El árbol trasplantado se fijará en el hoyo de plantación mediante sostenimiento o entutorado para evitar movimientos y rotaciones que produzcan roturas de las raíces nuevas, utilizando tutores, estacas, tirantes o anclajes, cuidando que las ligaduras no dañen el tronco.
Después de la plantación, los árboles requieren cuidados posteriores para recuperarse del shock, adaptarse a su nuevo sitio y recuperar el vigor. Se construye un alcorque y se da un riego abundante, variando la frecuencia y la dosis según las condiciones, evitando una acumulación excesiva de humedad.
Por último, se aplica el saneamiento de la parte aérea, la poda terapéutica y las podas de formación para eliminar daños y guiar la copa del ejemplar.
