Portada » Religión » Teología II: Cristología, Evangelios y Sacramentos — Módulos I a III
(Concepción hasta el bautismo en el río Jordán, a los 30 años).
(Aproximadamente 3 años: desde el bautismo hasta la Última Cena; predicación explícita).
(Tres días que muestran signos de comunidad: «donde dos o más estén reunidos en mi nombre…». Signos de resurrección: tumba vacía, la aparición del ángel a las mujeres).
Interés por Jesús tanto como sujeto histórico como símbolo de fe. La entrega en la cruz; la distinción entre «el Jesús histórico» y «el Jesús de la fe».
Inicia en la teología porque el Misterio Pascual es cristocéntrico: Jesús revela el misterio de Dios.
Existe una comisión teológica internacional que aborda los cuestionamientos de la cristología: no es posible asegurar un conocimiento completo de Jesús sin la fe viva de quienes sostuvieron la visión de los hechos; la Iglesia es el lugar privilegiado para encontrar este conocimiento de la persona y obra de Jesucristo.
Se consideran fuentes romanas y fuentes judías además de las cristianas para afirmar la historicidad de Jesús.
Marcos: «Jesús es el Mesías, Cristo escondido y gran liberador». Predomina el secreto mesiánico.
Mateo: Presenta a Jesús como Mesías profetizado y esperado; lo muestra como un nuevo Moisés. Destacan las Bienaventuranzas y la atención a la relación con la Sagrada Escritura.
Lucas: Destaca a Jesús como liberador de los pobres, enfermos y pecadores. Revela su condición filial y su humanización.
Juan: Cristología descendente: el Logos —Verbo hecho carne—; uso frecuente del «Yo soy» para manifestar la identidad de Jesús.
Un evangelio es una fuente de enseñanza sobre las normas de vida para el Pueblo de Dios, donde se encuentra la vida y la predicación de Jesús. Es una predicación escrita con finalidad teológica y pastoral.
No es un libro de historia en sentido moderno (si se pierde el mensaje religioso deja de ser evangelio). Tampoco son evangelios los relatos fantásticos ni las enseñanzas extrañas o de ciencias ocultas: esos se llaman apócrifos. Los apócrifos suelen ostentar un nombre apostólico, carecer de fundamento histórico, exaltar lo maravilloso y proponer enseñanzas diferentes a los Evangelios canónicos.
Origen de la palabra «evangelio»: del griego evangelion, que significa literalmente «buen anuncio». Cuando Jesús envió a sus discípulos a predicar la buena noticia se utilizó el término kerigma (del griego kerysso = pregonar), que es el núcleo central de la predicación cristiana: el anuncio esencial de Cristo muerto y resucitado y el llamamiento a la conversión y al bautismo.
Momentos del Evangelio: JESÚS → APÓSTOLES → ESCRITORES
Según la Constitución Dei Verbum, la transmisión evangélica se explica desde el anuncio oral inicial de Jesús. Él no escribió, pero predicaba públicamente y con su presencia hacía visible la llegada del Reino de Dios. Jesús hablaba de modo comprensible para la gente sencilla y estaba acompañado por discípulos que eran testigos de sus hechos y palabras.
Los apóstoles comprendieron inicialmente de modo limitado lo que sucedía; durante la Pasión se manifiestan debilidades (traición, negación, huida), pero la Resurrección y la donación del Espíritu Santo transforman su visión. Influenciados por Pascua y Pentecostés, interpretaron a Jesús desde la experiencia del Cristo resucitado y predicaron esa comprensión.
Primero se escribieron las cartas porque los apóstoles no podían estar en todos los lugares a la vez. Aparecieron también textos para las celebraciones litúrgicas (Eucaristía, Bautismo). Las comunidades conservaron la enseñanza apostólica y algunos miembros fueron movidos a poner por escrito lo que los apóstoles habían predicado. Los escritores, bajo la luz del Espíritu Santo, recogieron material de la época apostólica y lo adaptaron a nuevas audiencias. La Iglesia reconoció como evangelios válidos a los de origen apostólico: los Evangelios canónicos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan).
Son cuatro: San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan.
Es el más extenso y tradicionalmente considerado de origen antiguo. Surgió en una comunidad judía bien familiarizada con la Sagrada Escritura. Su intención es presentar a Jesús como hijo de David, heredero del Reino y hijo de Dios que cumple las expectativas del Antiguo Testamento. Mateo es el único que llama «Iglesia» a la comunidad fundada por Jesús. Su narración agrupa enseñanzas y parábolas en cinco discursos principales y presenta la historia desde la infancia de Jesús hasta la Pasión y la Resurrección.
Se considera por muchos el más antiguo y pudo haberse escrito en Roma. Marcos actuó como intérprete de Pedro; escribe con cuidado pero sin orden sistemático. Su público eran cristianos romanos, posiblemente en medio de persecuciones, que necesitaban ver a Cristo como Salvador sufriente. Marcos evita discursos largos y se centra en narraciones de hechos, presentando un relato directo y colorido. Comienza con la predicación de Juan Bautista y concluye con el mensaje del ángel en el sepulcro vacío.
Su estructura suele dividirse en dos partes: la primera proclama la buena noticia («Jesús, Mesías, Hijo de Dios») y culmina con la confesión de Pedro; la segunda parte profundiza en el misterio del sufrimiento del Hijo del Hombre y concluye con la confesión del centurión: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios».
Se prolonga hasta la predicación apostólica y culmina con la llegada de Pablo a Roma (Evangelio + Hechos de los Apóstoles). Lucas es narrador culto y cuidadoso con las fuentes y las traducciones del Antiguo Testamento. El libro de los Hechos recoge material de diversas comunidades y narra la recepción del Espíritu Santo en Jerusalén y la misión universal que parte desde allí. La clave lucana es la proclamación del Mesías que debía sufrir y resucitar; insiste en la misericordia de Dios, la predilección por los pobres y la dimensión universal de la salvación.
Presenta un estilo y teología diferentes. Tres rasgos distintivos: enfatiza la llegada al Reino desde la identidad de Jesús, focaliza en la relación del Hijo con el Padre y utiliza un lenguaje teológico (Logos) y afirmaciones «Yo soy». El lenguaje de Juan es teológicamente profundo aunque, en lo coloquial, menos sinótico que los otros tres evangelios.
Designio de Dios, Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo; una sola, santa, católica y apostólica.
Estudio de la Iglesia. Vista con ojos de fe, la Iglesia aparece como misterio: divina y humana. En ella actúa el Espíritu que la mantiene fiel sin dejar de ser una realidad humana y próxima. Está en medio de los tiempos y, por la fuerza del Espíritu, se mantiene fiel a los orígenes. Es universal y se realiza en plenitud en cada Iglesia particular en comunión con Roma; es católica y respeta lo local y lo particular.
Concepto paulino: el «misterio» es el designio salvífico de Dios realizado en Cristo y perpetuado en la Iglesia. En la Iglesia está Cristo y se recibe la fuerza del Espíritu; de lo contrario sería solo una asociación humana.
Desde el Concilio Vaticano II, en la Constitución dogmática Lumen Gentium, se busca el origen de la Iglesia en la Trinidad. La Iglesia procede de la comunión trinitaria y nace del amor del Padre, fue fundada en el tiempo por el Hijo y es vivificada continuamente por el Espíritu. La salvación cristiana procede de la comunión trinitaria. La frase Ecclesia de Trinitate subraya la participación continua de la Iglesia en la vida trinitaria; la Iglesia es icono de la Trinidad y participa de esa vida. La unidad de las personas divinas es origen, modelo y fin de la existencia de la Iglesia.
Por medio de los sacramentos, «Cristo manifiesta, hace presente y comunica su obra de salvación mediante la liturgia de su Iglesia».
«La liturgia es memorial del misterio de la salvación».
«La liturgia cristiana no solo recuerda los acontecimientos que nos salvaron, sino que los actualiza, los hace presentes».
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«Los sacramentos son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia, por los cuales nos es dispensada la vida divina.»
No es puramente convencional (como los signos de la escritura). Se basa en una aptitud real para significar: por ejemplo, lavar el cuerpo simboliza la purificación del alma; ungir el cuerpo sugiere alivio para el alma. El signo sensible tiene una razón pedagógica: nos ayuda a comprender lo espiritual; la realidad sobrenatural se hace asequible a través de los sentidos.
Estructura del signo sacramental (analogía):
Materia y forma deben estar unidas para que exista el signo sacramental. El tipo de unión necesario depende de cada sacramento.
Nadie, sino Dios, puede dar a unos meros signos la capacidad de conferir la gracia sobrenatural.
La Iglesia no puede cambiar lo que se refiere a lo esencial del signo sacramental. Deben evaluarse los cambios en la materia o en la forma según si las palabras o los gestos son aptos para manifestar el sentido sacramental.
«Confieren la gracia que significan. Son ‘eficaces’ porque en ellos actúa Cristo mismo.»
Los sacramentos comunican la gracia ex opere operato, pero esto no implica un automatismo: la disposición del receptor y las condiciones adecuadas influyen en la eficacia pastoral.
La gracia del Espíritu Santo dada por Cristo y propia de cada sacramento. Puede entenderse como el derecho a recibir las ayudas actuales necesarias para alcanzar mejor el fin propio del sacramento y para cumplir las obligaciones que nacen de él.
El carácter es un sello por el cual el cristiano participa del sacerdocio de Cristo y forma parte de la Iglesia según estados y funciones diversos.
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Según Lumen Gentium y el mensaje del Papa Francisco, la Iglesia tiene la tarea misionera de llevar el Evangelio a todo el mundo. La Iglesia es apostólica porque está edificada sobre el testimonio de los apóstoles y sobre la autoridad que Cristo les delegó; es apostólica también porque guarda y transmite, por medio del Espíritu Santo, los sacramentos para vivir en santidad y ser partícipes de la vida divina.
Nos leemos
