Portada » Historia » Instituciones y política en la España medieval: Sancho III, la Mesta, Alfonso X y las monarquías
Fue rey de Navarra en el siglo XI, entre 1004 y 1035, en concreto. Se trató de un personaje histórico relevante porque configuró el poder político en la península: consolidó el Reino de Navarra —a partir del antiguo Reino de Pamplona— y, mediante sus alianzas y repartos territoriales entre sus hijos, sentó las bases de futuros reinos importantes. Entre sus descendientes estuvieron los primeros reyes de Castilla (Fernando I) y de Aragón (Ramiro I). Además, su primogénito García heredó Navarra (que incluía partes del País Vasco y de la Castilla oriental) y su hijo Gonzalo recibió los condados pirenaicos de Sobrarbe y Ribagorza.
El Honrado Concejo de la Mesta consistió en una organización creada en 1273 por el rey Alfonso X el Sabio, compuesta por los propietarios de la ganadería trashumante de la Corona de Castilla —nobles, en su mayoría—. Se encargaba de regular la trashumancia (el pastoreo itinerante de rebaños, especialmente de ovejas) y concedió grandes privilegios a los ganaderos, como la creación y protección de las cañadas reales por las que debían transitar los rebaños, así como protección jurídica frente a los campesinos de las tierras por donde pasaban.
Se organizaba en cuadrillas, con centros en Cuenca, Segovia, Soria y León y, mediante las numerosas cañadas que unían el norte y el sur de Castilla, desplazaban el ganado en busca de pastos. El comercio de la lana fue muy lucrativo; se organizaba desde ciudades como Burgos o Medina del Campo y se exportaba al norte de Europa desde los puertos del Cantábrico.
Alfonso X el Sabio.
La Escuela de Traductores de Toledo fue el conjunto de eruditos y traductores que, a partir del siglo XII y especialmente en el XIII, desarrollaron su labor en esa ciudad. Tradujeron e intercambiaron saberes procedentes del mundo grecolatino, árabe y hebreo hacia el latín y el castellano. Esto fue posible porque, tras la conquista de Toledo por los castellanos en 1085, permanecieron en la ciudad comunidades judías y musulmanas, lo que facilitó la transmisión cultural entre esas tradiciones y la cristiana. Los textos traducidos abarcaron filosofía, teología, astronomía, medicina y otras ciencias. La actividad traductora contribuyó al resurgimiento filosófico, teológico y científico en la Europa occidental y alimentó corrientes culturales que luego confluyeron en el Renacimiento.
En el siglo XIII la política exterior de la Corona de Aragón se dirigió hacia el mar Mediterráneo (Baleares, Córcega, Sicilia, Nápoles). Esta expansión mediterránea fue consecuencia, en parte, del Tratado de Almizra (1244) entre Fernando III el Santo, rey de Castilla, y Jaime I el Conquistador, rey de Aragón, por el cual se delimitaron las zonas de expansión y la Corona aragonesa quedó orientada a levantar su ámbito de influencia hacia el Mediterráneo en lugar de continuar su expansión hacia territorios de Al-Ándalus al sur.
En la organización política, el rey ocupaba la cima del poder feudal. Aunque, en realidad, su autoridad estaba limitada por la nobleza —el rey era considerado un “primus inter pares”, es decir, el noble principal— y por la Iglesia, ya que el poder real se legitimaba por la voluntad divina, argumento empleado por el Papa y los obispos para influir en la política.
En el modelo de monarquía autoritaria, propio de la Corona de Castilla, el rey acumulaba un mayor poder frente a la nobleza y pudo gobernar con menos dependencia de instituciones representativas como las Cortes o la Curia Regia. En cambio, en el modelo de monarquía pactista, característico de la Corona de Aragón, el monarca debía gobernar mediante pactos con las Cortes y con los estamentos privilegiados (nobleza y Iglesia), comprometiéndose a respetar las leyes y los fueros de cada uno de los territorios que componían la Corona.
La organización política y administrativa de Al-Ándalus fue, por lo general, piramidal. En la cúspide del poder político y militar, dependiendo de la época, estuvo un valí o gobernador (durante la conquista del reino visigodo), un emir (durante los emiratos) o un califa (durante la época del califato, que además ejercía la autoridad religiosa máxima).
Por debajo del emir o del califa se encontraba el hachib (hábib/haidj en otras grafías), una especie de primer ministro al que se delegaban funciones de gobierno. De él dependían los visires, equivalentes a ministros con responsabilidades concretas.
A nivel territorial, Al-Ándalus se dividió en unidades llamadas coras, cada una con su capital y gobernada por un valí. Un tipo especial de coras eran las marcas, situadas en las fronteras con los reinos cristianos, donde el valí tenía un mayor poder militar. En la época de las Taifas, muchos de estos valíes llegaron a convertirse en reyes independientes que gobernaron sus pequeños estados.
La organización política y administrativa de la Monarquía Hispánica siguió, en buena medida, el modelo impuesto por los Reyes Católicos, reforzando la autoridad real mediante un sistema de consejos —el llamado sistema polisinodial— entre los que destacaron el Consejo de Castilla, el Consejo de Indias y el Consejo de Hacienda.
