Portada » Arte » El Arte y la Civilización Romana: Contexto Histórico, Arquitectura y Manifestaciones Artísticas
Localización geográfica. La datación de la civilización romana abarca desde el año 753 a.C. hasta el 476 d.C. El arte romano se extiende por todos aquellos territorios que formaron parte del Imperio, es decir, todo el ámbito Mediterráneo y gran parte de Europa Occidental. Va a ser particularmente importante en Italia, la Península Ibérica, el sur de Francia, el norte de África y el Mediterráneo oriental.
A diferencia de Grecia, Roma se constituyó enseguida en un estado centralizado en su capital, lo que llevó de manera inexorable a una política de conquistas hasta formar un imperio que supo controlar mediante una excelente organización administrativa y comercial. Nos encontramos ante una civilización urbana en la que la ciudad es el centro comercial y administrativo a mayor o menor escala. El Estado romano hizo de las grandes obras de ingeniería, de los edificios públicos y de la escultura monumental un medio de propaganda política que le permitía mostrar su superioridad y magnanimidad. Es difícil entender Roma sin el soporte de Grecia, conformando ambas dos piezas de una misma unidad: el mundo clásico.
Roma fue fundada en el 753 a.C. por un pueblo del Lacio, llamados después romanos, en un momento en el que la península itálica era habitada por varios pueblos, como los latinos (en el centro), los etruscos (al norte) y los griegos (en el sur). En el siglo VIII a.C., los latinos (a los que luego se unirían los sabinos) levantaron varios poblados a orillas del río Tíber, en una zona conocida como las Siete Colinas. De la unión de estos poblados surgió la ciudad de Roma. Los romanos desarrollaron una brillante civilización que duró doce siglos, y en la que podemos distinguir 3 grandes periodos o etapas:
En el siglo I a.C. esta forma de gobierno entró en crisis. En un intento por evitar su desaparición se instauró un sistema intermedio, el Triunvirato. El primero estuvo formado por Pompeyo, Craso y César; este último venció a los otros dos y se convirtió en el único gobernante hasta que fue asesinado. Se intentó un segundo Triunvirato, ahora por Antonio, Octavio y Lépido, hasta que en el año 27 a.C., Octavio fue proclamado emperador y la República romana se convirtió en Imperio Romano. En la civilización romana no hubo una democracia como en Atenas debido a la importancia de las élites patricias y los militares.
Una de las principales características de la Religión Romana es el sincretismo religioso (tolerancia), ya que asimiló los dioses de las culturas que conquistaban. De la Griega, toma sus dioses, aunque cambiándoles el nombre:
A ella, añadirá además dioses locales, otros heredados de los Etruscos, sus emperadores divinizados, culto a los antepasados, llegando a alcanzar el Panteón Romano, según Varrón, unas 30.000 divinidades.
El arte romano presenta una serie de características comunes:
Cronológicamente, el estudio de las formas artísticas se divide en dos grandes periodos:
Los arquitectos romanos utilizarán los órdenes griegos (dórico, jónico y corintio), aunque introducirán algunos cambios e introducirán nuevos:
Al igual que las demás manifestaciones artísticas, la escultura romana refleja también la influencia del arte griego. A Roma llegaron numerosas esculturas griegas, de las que se hicieron copias que constituyen hoy en día nuestra mejor fuente de conocimiento de la estatuaria griega. Además, numerosos escultores griegos trabajaron en Roma. Por todo ello, y por su profunda admiración hacia el arte griego, esta corriente helenizante la encontraremos siempre en el arte romano.
Las características generales de la escultura romana fueron:
Son numerosísimos los retratos romanos que conservamos, tanto de la época republicana (patricios muchos de ellos desconocidos) como de la época imperial, en la que no hay emperador ni personaje de su entorno que no cuente con un retrato. En todos ellos encontramos un fiel reflejo de sus rasgos y de la huella en su rostro del paso del tiempo, de su personalidad, captada con extraordinaria profundidad psicológica o de ciertos aspectos anecdóticos, referidos al peinado o al traje. Esta impresionante galería de retratos constituye, sin lugar a dudas, un valiosísimo documento histórico.
El relieve histórico es donde más claramente se expresa el carácter propagandístico del arte romano. Arcos de triunfo, frisos, columnas y diversos monumentos se decoraron a partir del reinado de Augusto con escenas en las que los emperadores daban a conocer a la ciudadanía los grandes acontecimientos, principalmente militares, de su reinado, así como sus virtudes militares, políticas o religiosas. Esta voluntad de dejar constancia de los hechos históricos constituye una importante diferencia respecto al arte griego que siempre rechazó la representación personalizada de los acontecimientos políticos y religiosos asociados a la vida de la ciudad.
La pintura y el mosaico tendrán un importante desarrollo en el arte romano. Aunque también aquí habrá una dependencia de los modelos griegos y más concretamente helenísticos, igualmente los romanos alcanzarán en estas manifestaciones artísticas un nivel extraordinario y una gran originalidad.
Carecemos de elementos de estudio suficientes para una valoración e interpretación correcta de la pintura romana, ya que prácticamente no se ha conservado pintura de caballete y la poca pintura mural que nos ha llegado está a su vez muy limitada en el tiempo y en el espacio, pues se circunscribe a las obras que pudieron conservarse después de la erupción del Vesubio que en el año 79 d.C. asoló Pompeya y Herculano, y a alguna más descubierta en Roma y sus alrededores.
La pintura romana, al menos la mural, que es la más conocida, tiene un fuerte carácter decorativo y se aplica preferentemente a la decoración de interiores en las viviendas particulares, tratando así de encubrir la pobreza de los materiales, que aún sería más patente considerando la carencia mobiliar que caracterizaba, al parecer, el interior de las casas romanas. Más adelante, y sobre todo cuando se trata de villas importantes y grandes mansiones, la pintura acentúa su carácter ornamental buscando incluso otros efectos, como los juegos de perspectiva y con ello la ampliación ficticia de los espacios interiores.
Además de la pintura, los interiores domésticos romanos presentaban en los suelos una rica decoración de mosaicos. El antecedente del mosaico romano se encuentra en Grecia, donde en el siglo III a.C. ya se adornaban suelos y paredes con mosaicos. Cuando los romanos conquistaron Grecia y Asia en el transcurso del siglo II, el mosaico debía de ser común en todo el mundo de habla griega. De aquí pasó a Roma iniciándose un género al que los romanos dieron un impulso propio, haciendo de él una especialidad artística casi propia, a partir de la época imperial. No hay exageración al afirmar que no hubo casa o villa romana sin mosaicos. El número de los conocidos hoy suman miles.
Considerando las diferentes temáticas y composiciones, se distinguen cuatro tipologías:
