Portada » Biología » Conceptos Fundamentales de Ciencias Ambientales: Sistemas, Clima y Factores de Regulación Terrestre
El Medio Ambiente se define como el conjunto de componentes físicos, químicos, biológicos, sociales y culturales capaces de causar efectos directos o indirectos, en un plazo corto o largo, sobre los seres vivos y las actividades humanas.
Como se observa en la definición, los problemas ambientales son complejos y en ellos intervienen múltiples factores, por lo que no pueden ser abordados desde una sola ciencia, sino con una visión multidisciplinar. Ciencias como la Biología, Geología, Física y Química son imprescindibles para su estudio, pero también lo son la Economía, el Derecho, la Religión, la Ética y la Política, entre otras ciencias sociales.
En la problemática ambiental es frecuente no encontrar soluciones únicas. A veces existirá un abanico de soluciones y en otras ocasiones no habrá ninguna clara, por lo que habrá que elegir la que mejor se adapte a las circunstancias. Sería un grave error estudiar las ciencias ambientales como si fueran un conjunto de recetas claras para problemas perfectamente definidos. Son, más bien, una oportunidad de discutir, consensuar y probar diferentes soluciones y formas de enfrentarse al problema, después de conocer bien todos los hechos que lo afectan.
Un sistema (del griego sistema = conjunto o reunión) es un conjunto de elementos que se relacionan entre sí para llevar a cabo una o varias funciones. Lo que interesa del sistema es fundamentalmente el comportamiento global, definido por unas propiedades del conjunto denominadas propiedades emergentes.
Consiste en dividir el objeto de estudio en sus componentes más simples para observarlos y estudiarlos por separado. Este enfoque es insuficiente para abordar los estudios de las Ciencias de la Tierra, aunque es útil para muchas disciplinas científicas.
Estudia el todo o la globalidad y las relaciones entre sus partes sin detenerse en los detalles. Pone de manifiesto las propiedades emergentes de los sistemas, resultantes del comportamiento global y de las relaciones de los componentes.
Los sistemas suelen representarse mediante modelos. Un modelo es una representación simplificada de la realidad, que se elabora para facilitar su comprensión y estudio, permitiendo ver de forma clara y sencilla las distintas variables y las relaciones que se establecen entre ellas. Estas representaciones se hacen mediante dibujos, esquemas o expresiones matemáticas.
Lo que guardamos en nuestra mente no es la realidad, sino nuestro modelo mental. Cada persona posee sus modelos mentales, que pueden ser iguales, parecidos o muy diferentes, por eso a veces resulta difícil comunicarnos con personas con ideas y opiniones muy distintas a las nuestras.
Son modelos matemáticos que representan aproximaciones de la realidad y, al igual que el método científico, si coinciden con las predicciones podremos afirmar como máximo que se ajustan a la realidad y que, por el momento, es el modelo que mejor la explica.
Se centra solo en las entradas y salidas de energía, materia e información del sistema, sin considerar sus elementos internos ni las interacciones que se establecen entre ellos. Por ejemplo, al utilizar la Tierra como un sistema de caja negra, podemos considerarla como un sistema en el que entra y sale energía (radiación electromagnética entrante y radiación infrarroja saliente). La materia que entra procede de meteoritos. Se trata de un sistema abierto que autorregula su temperatura, manteniendo una media de unos 15 ºC, lo cual permite la existencia de agua líquida y, por tanto, de vida.
Estudia no solo las entradas y las salidas del sistema, sino también sus elementos y sus interacciones. Lo primero que hay que hacer es marcar las variables que lo componen y unirlas con flechas que las relacionen entre sí. Al diseñar un modelo, debemos tener cuidado de incluir solamente las variables que sean estrictamente necesarias, ya que si aumenta mucho su número, se pierde claridad debido al complejo entramado de las flechas que unen variables.
Cualquier sistema tiene que cumplir los principios de la termodinámica:
La energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma. En cualquier sistema, la energía que entra será igual a la energía almacenada más la energía que sale.
La segunda ley de la termodinámica dice que cualquier sistema tiende espontáneamente a un estado de máximo desorden. La entropía es una medida del desorden de un sistema.
En los sistemas vivos, la biosfera o el sistema Tierra, que poseen un orden elevado, la entropía es baja y la energía está más concentrada. Por el contrario, en sistemas desordenados, la energía está muy dispersa y la entropía es elevada. Esta energía se disipa en forma de calor y no puede utilizarse para realizar trabajo.
Ejemplo: Los seres vivos mantienen su organización y su elevada complejidad degradando azúcares en la respiración, con lo que expulsan al entorno desorden (entropía) y calor (energía). Son sistemas abiertos que rebajan su entropía y mantienen su organización y complejidad aumentando la del entorno.
Se considera como un modelo de sistema cerrado en el que entra y sale energía, pero no materia (se desprecia la cantidad que puede llegar con los meteoritos).
La máquina climática es el sistema que regula el clima planetario y está formada por un conjunto de subsistemas terrestres que interaccionan entre sí: Atmósfera (A), Hidrosfera (H), Geosfera (G), Biosfera (B) y Criosfera (C).
El clima terrestre S (clima) = A ∪ H ∪ B ∪ G ∪ C, es decir, el clima es el resultado de la interacción o acoplamiento de los subsistemas. El símbolo ∪ representa esa interacción. Dependiendo de cuál sea el objetivo, se incluyen más o menos subsistemas:
La interacción entre todos estos sistemas terrestres da como resultado la regulación del clima.
Se origina en los primeros 12 km de altura aproximadamente. Los gases causantes son principalmente vapor de agua, dióxido de carbono, metano y óxido nitroso, que devuelven a la Tierra parte de las radiaciones infrarrojas emitidas por ella. Mantiene la temperatura del planeta en torno a 15 ºC, permitiendo la existencia del agua líquida y, con ello, la vida. Se encuentra asociado a ciclos naturales (ciclo del agua, ciclo del carbono). Si aumenta el efecto invernadero, aumenta la temperatura.
Si aumentan los gases de efecto invernadero por efecto de la contaminación, se produce un aumento de temperatura que tiene como consecuencia el calentamiento global.
Es el porcentaje de radiación solar reflejada por la Tierra del total de luz incidente. Varía en función del color de las superficies (máxima en hielos y desiertos). El albedo medio de la Tierra es del 30%, es decir, entra en la Tierra el 70% de la radiación solar y se refleja el 30%. Si aumenta la superficie helada o desértica, disminuye la temperatura del planeta.
Poseen una doble acción:
Procede de erupciones volcánicas, meteoritos, incendios, contaminación o explosiones nucleares y permanece durante años en la atmósfera. Refleja la luz del Sol, produciendo un oscurecimiento global, aumento del albedo y un enfriamiento progresivo, con parón de la fotosíntesis y colapso de las cadenas alimentarias (efecto invernadero invertido).
Tienen un doble efecto:
Existen variaciones periódicas o cíclicas (ciclos astronómicos de Milankovitch) que afectan a la cantidad de radiación y a la zona de la Tierra que la recibe, y que dependen de:
También existen variaciones graduales, de modo que el Sol emite más energía a medida que gasta su combustible, es decir, que la radiación ha ido aumentando, siendo un 30 % menor que la actual cuando apareció la vida.
Según Lovelock y la Hipótesis Gaia, la Tierra es un sistema homeostático cuya temperatura se autorregula debido a una serie de interacciones entre los diferentes subsistemas, de los cuales la biosfera desempeña un papel fundamental porque rebaja los niveles de CO₂ atmosféricos y, por tanto, reduce la temperatura.
Los seres vivos han modificado la atmósfera terrestre en varios sentidos:
