Portada » Ciencias sociales » El Legado de Thomas Arnold y el Nacimiento del Deporte Moderno
A Thomas Arnold no le gustaban ni los juegos ni el deporte, pero vio en ellos disciplina y moralidad. Arnold creía firmemente en la formación a través de la dificultad; su ideal era la formación moral y religiosa, situada jerárquicamente por encima de la intelectual.
No inventó ningún método de preparación física, sino que se sirvió de lo que ya existía y se limitó a ayudar a establecer reglas. No impuso una nueva disciplina, sino que se basó en la iniciativa del método moderno del self-government escolar. Su intención era acelerar el paso de niño a adulto sin pasar por la adolescencia. Para él, el deporte nace como un factor moralizante y disciplinar.
El deporte fomenta el coraje, la cualidad viril, la cooperación y la confianza. Además, aporta una regulación moral (fair play), representada por las cualidades del caballero victoriano: generosidad y responsabilidad. El deporte ayudaba a conseguir el ideal educativo, definido como el Muscular Christian Gentleman (caballero cristiano muscular).
Al principio, la Iglesia rechazó el deporte porque lo entendía como un culto al cuerpo. Sin embargo, más tarde reconoció su importancia en la vida del joven cristiano, viendo al héroe deportivo como un puente de comunicación para el mensaje cristiano.
Los futuros directores de otras public schools serían los discípulos de Arnold, quienes consolidaron la idea del deporte como instrumento educativo. En primer lugar, los estudiantes contribuyeron al crecimiento de los juegos como una faceta importante en lo referido a lo escolar y, en segundo lugar, lo hicieron los directores y profesores.
Aunque el punto de partida se atribuye a Thomas Arnold, los que realizaron los grandes cambios fueron sus seguidores. Estos directores creyeron que del juego se aprendían virtudes que no se podían obtener de los libros. Por tanto, el deporte forma el carácter mediante elementos como el espíritu de equipo y la lucha por la victoria, los cuales conforman la idea del gentleman victoriano y han dado lugar a la moral del fair play y a la noción de amateurismo.
A la cabeza se situaban el fútbol y el rugby. En el extremo opuesto se encontraban los pasatiempos y las prácticas individuales, como la gimnasia.
Los héroes deportivos se convirtieron en líderes sociales. La vestimenta se volvió cada vez más específica y aparecieron himnos, marcas y colores distintivos. Los padres empezaron a mostrarse más preocupados por la educación deportiva de sus hijos que por los resultados académicos intelectuales.
Los deportistas podían acceder más fácilmente a la universidad; por lo tanto, las instituciones académicas fueron fundamentales para el desarrollo del deporte. Universidades como Oxford y Cambridge establecieron sus propias competiciones, las cuales perduran hasta la actualidad.
En el siglo XVIII, la aristocracia inició un proceso de deportivización de los pasatiempos. En el siglo XIX, la burguesía en las public schools continuó este proceso. A partir de ahí, los exalumnos llevaron esta práctica a la sociedad y fundaron clubes fuera del ámbito escolar. Asimismo, los exalumnos que se convirtieron en directores de fábricas llevaron estas prácticas a los obreros, quienes se unieron así al movimiento deportivo.
El Imperio Británico también extendió el deporte por Europa y América mediante dos vías principales: la industria y la colonización.
Durante el Renacimiento hubo un interés especial en los Juegos Olímpicos y la cultura griega, pero las expediciones arqueológicas no comenzaron hasta 1766 (ingleses), 1829 (franceses) y 1875 (alemanes), quienes descubrieron las ruinas de Olimpia.
Hubo varias iniciativas para renovar los JJOO en el siglo XIX, pero la que tuvo éxito fue la de Pierre de Coubertin en 1896, en Atenas. Sus principios de organización fueron:
Su concepto de Olimpismo se define como el individualismo para fines sociales. Su ideal era: «Mente cautivada en cuerpo entrenado», buscando el equilibrio entre la fuerza muscular y la fuerza cerebral (espíritu-cuerpo).
Coubertin confiaba plenamente en la capacidad educativa del deporte. Para él, el deporte no es un simple juego: forma el carácter y representa progreso y riesgo. Aunque no era partidario de la participación de las mujeres ni de los deportes de equipo en sus inicios, afirmaba que el deporte promovía la paz y la amistad mundial. Estaba a favor del deporte como herramienta de democracia, de los adelantos técnicos y, hacia el final de su vida, defendió el amateurismo.
