Portada » Lengua y literatura » Misterios y Leyendas Ancestrales de Ecuador: Un Viaje por su Folclore
El Padre Almeida era un joven sacerdote que vivía en un convento en Quito. Aunque era muy religioso durante el día, por las noches escapaba del convento para divertirse y llevar una vida mundana. Usaba una cuerda para bajar por la ventana de su celda sin ser visto.
Una noche, mientras descendía por la cuerda, se encontró con una imagen de Cristo que le dijo: «¿Hasta cuándo, Padre Almeida?». Este suceso lo impresionó tanto que decidió cambiar su vida, arrepentirse de sus pecados y dedicarse completamente a la fe y a la penitencia.
La Dama Tapada era una mujer misteriosa, muy hermosa y elegante, que aparecía por las noches caminando por las calles, especialmente cerca de las iglesias o en zonas solitarias. Siempre llevaba un velo que cubría su rostro.
Los hombres que caían en su encanto y la seguían eran conducidos por calles oscuras hasta que ella se quitaba el velo. En ese momento, su rostro se transformaba en una calavera o algo terrorífico, lo que hacía que los hombres se desmayaran, enloquecieran o incluso murieran del susto.
Cantuña exigió que se colocaran absolutamente todas las piedras en la construcción antes del amanecer.
Cantuña escondió una piedra fundamental de la construcción, lo que impidió que el Diablo cumpliera completamente el trato.
La astucia de Cantuña representa la resistencia y el ingenio de los indígenas frente a las adversidades impuestas por los colonizadores y las tentaciones de soluciones fáciles.
El Riviel es un espíritu o ser sobrenatural que aparece en los ríos y esteros de la costa ecuatoriana. Se dice que navega en una canoa encantada durante la noche, especialmente en la madrugada, haciendo ruido con cadenas o remos.
El Riviel ataca principalmente a los pescadores o personas que andan de noche cerca del agua, especialmente a los que se portan mal, son infieles o irrespetuosos. Se cree que castiga a los pecadores, asustándolos o haciéndolos perder el rumbo en el río.
Según la leyenda, las personas se protegen del Riviel usando objetos religiosos como crucifijos o rezando. También se dice que encender una vela bendita o llevar agua bendita puede alejarlo.
Rumiñahui ocultó el tesoro para evitar que cayera en manos de los conquistadores españoles tras enterarse de la ejecución de Atahualpa en 1533.
La región tiene un terreno montañoso, densa vegetación, un complejo sistema de lagos y lagunas, y condiciones climáticas adversas como niebla espesa y ríos caudalosos.
El Derrotero de Valverde, un mapa con indicaciones para encontrar el tesoro, fue popularizado por el botánico inglés Richard Spruce en 1860 al publicarlo en la Royal Geographical Society.
El nombre «Yahuarcocaha» significa «lago de sangre» en quechua, debido a la batalla entre los incas y los pueblos locales, como los caranquis, donde la laguna se tiñó de rojo por la sangre de los caídos.
Huayna Cápac lideró a los incas en la batalla contra los caranquis y otras etnias locales, ordenando una masacre que resultó en la laguna teñida de sangre, lo que dio origen a su nombre.
Se dice que la laguna está encantada y que los espíritus de los guerreros caídos aún rondan sus aguas, especialmente en noches de luna llena, causando fenómenos misteriosos o visiones.
Guayas y Quil, líderes de una tribu indígena, prefirieron morir antes que rendirse a los conquistadores españoles; Guayas mató a Quil y luego se quitó la vida para no ser capturados.
Su unión simboliza la resistencia y el amor inquebrantable por la libertad; la ciudad de Guayaquil lleva sus nombres en honor a su valentía y sacrificio.
Según la leyenda, tras su muerte, la sangre de Guayas y Quil se mezcló con las aguas del río, dándole su nombre y consagrándolo como un símbolo de su resistencia.
Posorja llegó siendo una niña en una pequeña embarcación de madera más liviana que una balsa, envuelta en finas mantas de algodón con jeroglíficos y con un colgante de caracol finamente labrado en su pecho.
A Huayna Cápac le predijo su muerte en Tomebamba y la guerra fratricida entre Atahualpa y Huáscar; a Atahualpa le vaticinó su triunfo sobre Huáscar, pero también su breve reinado y su muerte a manos de hombres blancos y barbados que lo tomarían prisionero en Cajamarca.
Caminó hacia el mar, sopló el caracol que llevaba como colgante, y una gran ola se la llevó, desapareciendo para siempre.
Don Ramón Ayala y Sandoval, ebrio, se burlaba del gallo de metal en la cúpula de la Catedral Metropolitana de Quito, gritando frases como «¡Para mí no hay gallos que valgan, ni el gallo de la Catedral!» o «¡Qué tontería de gallo!».
El gallo le exigió que prometiera no volver a beber mistelas ni insultarlo, amenazándolo con no tener clemencia si incumplía su palabra.
Se dice que los amigos de Don Ramón le jugaron una broma para asustarlo y hacerle abandonar su vicio de beber mistelas, haciendo parecer que el gallo de la catedral bajó y lo atacó.